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17:19h. Sábado, 25 de Mayo de 2019

El ‘Oikos’ y nosotros

Yara Ortega

El arte y el sentido lúdico de las “Fiestas Patronales” se ha convertido en un tema de discusión. A Dios Gracias que existe Facebook y que vivimos en un país “de libertades” (no como en “otros”), donde cada quien es libre de tronar cuantos cuetes, cohetes y/o cohetones gusten denominarlos.

Los animalistas se quejan del sufrimiento de las mascotas. Yo tengo una, igual que yo, pequeña e insignificante. No pesa más de 30 gramos pero alegra mi vida, y yo trato de hacer la brevísima suya lo más leve posible.

En mi barrio hay varios ancianos, sordos. Otros, bastante cegatones. Otros, que están incapacitados en diversas maneras y grados. Pero habemos otro tipo de discapacitados, que vemos, oímos y entendemos que ni Protección Civil, ni Reglamentos, ni los administradores de los edificios que ornan nuestro Centro Histórico, habrán de poner orden o concierto a las “tradiciones”.

La quemazón de maderables como el ocote en las “tradicionales” fogatas o hachones de San Francisco (La deforestación, erosión, la pérdida de superficies boscosas por los incendios criminales de intereses particulares), la exacción del humus por los escasos pregoneros sabatinos “Tierra pa’las macetas”, dijera uno de mis maestros, son culturales – su muletilla ante lo inevitable, lo inmarcesible-. O las tradiciones. Que no se circunscriben a un barrio, sino que han trascendido las barreras de los estratos sociales; sirviendo de “razón” a la “convivencia” y de pretexto al desorden y la comisión de delitos, incluso.

Un hombre, nacido Bergoglio y radicalizado sencillamente como “Francisco”, pisa las sendas del Poverello di Assisi. Escribe una carta fuerte, Laudato Si, donde pide la fraternidad y la concordia, la cooperación de los actores sociales en el cuidado de nuestra Oikos, que compartimos con el oyamel, el pino y el ocote. La deforestación favorece el arrastre del humus (erosión), mediante la escorrentía violenta que azolva los cuerpos acuíferos superficiales en tanto evita la recarga de los profundos.

Cito:

229. Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente…[1]

Genésio Darci Boff, a través de Koinonía ( del gr. κοινωνία; “comunión”) y de sus múltiples escritos donde deja atrás los yugos de la esclavitud para proponer la liberación, sostiene la tesis de “que las soluciones a (el/los) problema(s) de la Tierra no vendrán del Cielo”. Le concedo la razón, en la parte que corresponde a que todos los semovientes y los no, compartimos sus beneficios, pero sólo los humanos abusamos de sus recursos.

¿Por qué los animales, en su bendita inocencia, no generan humo, basura y ruido? Ni los perros alcanzan el decibelaje “alterado” o “activado” de mi pueblo en diciembre.

Cristianos y budistas, ateos y comunistas, bebemos la misma agua y nos calienta el mismo sol. El Oikos que nos es común a todos, todos deberíamos defenderlo y protegerlo.

 

[1] http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html#_ftn10

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