Martes. 15.10.2019
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CUADERNO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [VII]

José Luis Justes Amador

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Febrero, 17

Vamos al cine. Como siempre, me asombra la cantidad de gente que espera a que empiece la película, no en la fila, sino en la parte de afuera del edificio. Me uno a ellos como si el cigarro, como si la comunión entre extraños a los que unen dos placeres comunes, la nicotina y el celuloide, fuera una manera de serme perteneciendo a un grupo.

Qué extraña expresión: “ser uno mismo perteneciendo a un grupo”.

Febrero, 18

Pienso en los fumadores que conozco para ver si encajo en ellos. Si ellos encajan en mí. Altos, bajos, talla media. Guapos, feos y algunos decididamente horribles. Fanáticos de salud, embarazadas y alcohólicos (mi mejor compañero de viaje dipsómano no fuma), cortos de vista, con 20/20 o recién operados. Diurnos y nocturnos. Todos grandes conversadores. Tal vez el cigarro no sea sino alargar una conversación.

Tal vez el cigarro solitario no sea sino conversar con uno mismo.

Febrero, 19

Llevo casi una semana sin preocuparme de si compro tabaco o no, de si fumo poco, mucho o demasiado. Llevo casi una semana sin preocuparme de absolutamente nada. No estoy buscando trabajo, no me importa el dinero que quede en la cuenta del banco. Ni siquiera he llamado a mis padres que viven lejos, muy lejos de esta ciudad. Ninguno de ellos fuma. Cuando voy a visitarlos intento, aunque no siempre lo logro, no fumar delante de ellos. Sé que no soy el único.

Febrero, 20

Releo lo que escribí ayer. “Único”. ¿Cómo se puede ser único y parte de un grupo al mismo tiempo? ¿Cómo puede uno reconocerse si no se está dentro de una etiqueta que comienzo con “los”?

Febrero, 21

No fumo hasta pasado el mediodía. El mérito, como siempre la mayoría de los méritos propios son ajenos, no es de mi capacidad de voluntad sino de despertarme tarde. El problema no es entonces la hora, sino que el primero sea nada más despertar.

Han vuelto los ataques de tos al despertar. Ella está preocupada. Yo sólo acierto a contestar “estoy bien”.

Si estoy bien estamos bien.

Febrero, 22

Hasta hoy recuerdo una frase de la película. Una frase por lo demás incidental. “He dejado de dejarlo”. La pronuncia uno de los personajes, el mismo que apenas unos minutos antes en la misma película se justifica diciendo “sólo fumo tres al día”.

Hacía tiempo que no veía, por aquello del políticamente correcto, a tanta gente fumando en una misma cinta. Cierro los ojos e intento imaginar aquellas vieja películas de cine negro, en blanco y negro, con Cagney y Bogart, con Welles y Lorre, sin cigarros, sin los personajes, los héroes y los antagonistas, los antihéroes y las heroínas, sin fumar. No logro imaginarlo.

Hago una nota mental. Dentro de poco iré a un taller de cuento policiaco. Debo fijarme en cuántos cuentos aparece alguien fumando o prendiendo un cigarrillo. (Ahora que lo transcribo y el taller ya ha pasado, ya tengo la respuesta: en ninguno. Ni siquiera en el mío.)

Febrero, 23
He perdido el punto. El de la abstinencia, sobre todo. Retraso el propósito. Lo que debió ser el primero de enero, lo que comenzó el veintiocho de diciembre, será en marzo, el primero de marzo.

Como siempre, transcribo estas líneas tumbado en la cama y con un cenicero todavía no repleto, junto a mí, en la mesita de noche.

El placer pospuesto es siempre el mejor, el propósito es siempre mejor incumplido. El deseo es deseo porque no se alcanza. Variaciones todas sobre un mismo tema. Variaciones que revuelven como lo harán las volutas de humo del cigarro que acabo de prender.

Quedan menos días para que comience marzo.

Cuatro o cinco.

Hoy fumaré los mismos cigarros que días faltan.

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