Lunes. 20.01.2020
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El caso de Texas: Discursos ideológicos e impresiones historiográficas contemporáneas [I/II]

Eduardo Celaya Díaz

Foto: Tomada de Facebook
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El caso de Texas: Discursos ideológicos e impresiones historiográficas contemporáneas [I/II]

La pérdida de Texas se ubica en el imaginario colectivo mexicano como uno de los episodios más dolorosos de su historia, considerado como un robo, una usurpación, un trauma que no ha podido ser superado a través de los años. Esta imagen no es contemporánea, más bien se ha nutrido de una serie de discursos que se inician desde los conflictos entre saltillenses y monclovenses, en las ideas separatistas de los colonos texanos, en los textos redactados por los diversos participantes de los hechos y los análisis que historiadores han hecho de los acontecimientos durante y después de ocurridos estos. Los acontecimientos que desembocaron en la pérdida de Texas no pueden ser conocidos en su totalidad, pero pueden analizarse los discursos y los objetivos que sus autores tuvieron al redactarlos, además de releer los estudios que se han hecho de los acontecimientos buscando en lo más profundo de las palabras, una ideología que parece repetirse desde el siglo XIX hasta el XX.

Revisemos, pues, discursos que establecen opiniones y puntos de vista personales, algunos tendenciosos, sobre los acontecimientos que llevaron a la pérdida de Texas, así como a lo que sucedió después de ésta. No es mi intención hacer un juicio o una valoración sobre la veracidad de las fuentes, más bien se busca analizar cómo una idea se gestó y cómo fue desarrollándose a lo largo de los años en los discursos: la de la pérdida de Texas como una ofensa a lo mexicano, ofensa que a la fecha no ha podido ser perdonada.

Discursos contemporáneos a los acontecimientos

Los actores y testigos de los eventos relacionados con la pérdida de Texas relatan, a través de sus escritos, tanto los acontecimientos como su propia impresión acerca de ellos, elaborando juicios de valor y demostrando su propia postura, tanto política, como hacia los demás actores de los hechos, y de la realidad que México estaba viviendo. El análisis de estos discursos nos puede servir de guía para encontrar cómo fue el desarrollo de la idea de la pérdida de Texas como una de las grandes desgracias nacionales. Vale la pena analizar algunos de los episodios de este evento, para encontrar las diversas voces que se pronuncian en estos discursos.

El conflicto de Saltillo y Monclova contra el gobierno central

El conflicto con los colonos de Texas tiene sus orígenes con los enfrentamientos a raíz del traslado de la capital de Coahuila, Texas, de Saltillo a Monclova, que se desarrolló en el marco del regreso de Santa Anna a la presidencia de la república y los enfrentamientos con Zacatecas[1]. La opinión pública se encontraba sumamente sesgada e inclinada a reprobar las acciones de Santa Anna en los territorios del norte, primero por las críticas que esta figura les representaba, tanto por los intereses económicos y políticos que entraban en juego entre los diputados de Saltillo. Miguel Soto destaca la postura que estos diputados tenían frente a las acciones de Santa Anna, al indicar que “los representantes lamentaban que el gobierno de la república dirigiera sus ejércitos contra el ‘pacífico y benéfico’ estado de Zacatecas por un lado, y por el otro, permitiera a Cos amagar a las autoridades civiles de Coahuila y Texas”[2], declaración que hacía evidente su aversión contra todo lo que dictara el gobierno central, que veían como un enemigo a sus propios intereses.

Sin embargo, la verdadera razón de este enfrentamiento ideológico, y su subsecuente manejo de la opinión pública, tenía raíces más profundas que un simple pronunciamiento a favor de Zacatecas o en contra del gobierno central. Señala Soto que “uno de los factores fundamentales del conflicto entre monclovenses y saltillenses fue el control que unos y otros tendrían sobre el proceso de distribución de tierras en Texas”[3], tierras que representaban una inconmensurable fuente de futura riqueza, a pesar de todos los elementos que en ella intervenían, y que se revisarán más adelante. Incluso, dentro de la serie de conflictos, que llegaron hasta el enfrentamiento bélico, los intereses de los diputados se hicieron cada vez más evidentes, apoyando a los bandos que comulgaban con sus ideas, es decir, los colonos texanos. Al avanzar el conflicto, y convertirse ya no sólo en una disputa por la estancia de la cabecera estatal, “algunos políticos locales ofrecieron la venta de predios a cambio de ayuda militar o económica para resolver sus conflictos”[4], específicamente contra las tropas santanistas, que veían como el enemigo a vencer.

Justificación de la independencia texana

La independencia de Texas, enmarcado por los conflictos internos del país, y apoyado por diversas fuerzas, necesitó también de discursos para apoyar su causa: la total separación de la administración centralista mexicana. A pesar de los muchos pretextos que se dieron, pocos fueron aceptados de forma satisfactoria, encontrándose argumentos en la actualidad que contrarrestan estas causas.

La independencia que pedían los colonos texanos se basaba, más que nada, en el deseo de una total separación del gobierno mexicano, que percibían como un enemigo cobrador de impuestos que, además, se encontraba muy alejado geográficamente. Puede detectarse también una suerte de intervención estadounidense en esta clase de discursos, por ejemplo en la declaración de Soto, que menciona que “el discurso de la independencia de Texas […] se trata de una copia bastante cercana a la de Estados Unidos contra Inglaterra, en 1776. Es decir, se culpa a la metrópoli de todas las desgracias nacionales”[5]; sin embargo, el papel de la política del país del norte puede ser sujeta a debate.

Uno de los principales discursos que se manejaron para pedir la separación de México en los territorios texanos fue la persecución religiosa por parte del gobierno central, aunque en uno de sus estudios sobre el tema, Soto declara que “de hecho, los estados de Coahuila y Texas promulgaron en la práctica la primera ley de tolerancia religiosa en México, en 1834”[6], por lo que prueba que esta razón fue débil, aunque tuvo una importante resonancia en su momento. Los reclamos de independencia pronto se convirtieron en conflicto armado, como muchos autores ya han señalado, y nuevos motivos de separación surgieron entre la mentalidad texana, con el mismo fin de justificar la toma de armas contra el gobierno central. “Ante el avance de las tropas mexicanas que iban a someter a los colonos, éstos acusaron a las autoridades de la república de utilizar “mercenarios” para combatirlos. De hecho, fueron ellos, los texanos, quienes acudieron a verdaderos soldados de aventura”[7]. De nuevo vemos que los pretextos utilizados por los colonos texanos dejan mucho que desear desde la perspectiva actual, aunque en el momento de ser pronunciados tuvieron la efectividad necesaria, pues como menciona Reynaldo Sordo, “los colonos que en 1833 pedían su separación de Coahuila, acusando a sus autoridades, ahora levantaban sus armas para defenderlas de las injusticias del centro”[8].

En análisis posteriores, específicamente del siglo XX, se ha podido concluir que “el que se aducía como motivo ‘principal’ para separarse de México era el cambio de sistema político, hacia una república central”[9], motivo que inclinó la balanza de los acontecimiento para concluir con la separación de Texas, aunque se debe resaltar que, según señala Soto, este fue sólo otro de los pretextos utilizados por los texanos, pues en sus palabras, “toda esta situación coincidió con el proceso de centralización del país”[10].

Ideas sobre la pérdida de Texas

El acontecimiento preciso de la pérdida de Texas fue, desde que sucedió, una de las grandes heridas para los patriotas y políticos que la vivieron. Los discursos que giraron en torno al acontecimiento son sumamente claros acerca del sentir general sobre la pérdida de territorio, y analizando algunos de ellos podemos darnos una idea sobre la idea en general que se vivía en la nación mexicana.

Curiosamente, la pérdida de este territorio se vislumbraba mucho antes del inicio de los conflictos, pues encontramos el pronunciamiento de Fray Servando Teresa de Mier respecto a la pérdida de territorio, tiempo antes que comenzara el enfrentamiento. Dice Mier “que la pérdida de aquellos territorios, por invasión o tratado de España, era un despojo a México “[11], demostrando desde tiempos tempranos de la nación mexicana que ya se contemplaba la pérdida de tierras por potencias extranjeras, señalando también desde entonces la concepción que estas pérdidas tendrán en el imaginario colectivo.

Más adelante, ya con el conflicto con los colonos texanos en pleno, “la sublevación de Texas se veía desde México como una lucha interna”[12], no se percibía como un problema con una potencia intervencionista, como después el conflicto fue identificado. Pero poco a poco, la opinión pública fue tomando posturas mucho más definidas, especialmente con la consumación de la independencia texana. Nos señala Sordo que “el conocimiento de los convenios [entre Santa Anna y los colonos] provocó reacciones muy fuertes contra Santa Anna y su grupo en el gobierno. El Cosmopolita […] atacaba al gobierno por su forma de proceder, ocultando la verdad, y concluía señalando la necesidad de restablecer el sistema federal”[13]. Aprovechando el clima general de reprobación ante los eventos sucedidos, y buscando una justificación, actores de los conflictos, como Vicente de Filísola, dieron pronunciamientos al decir que “la guerra de Texas se considera como un preliminar de la guerra que acaba de terminar y anunciaba ya la terrible e insaciable ambición de los Estados Unidos”[14], o incluso que “la pérdida del territorio de Texas más bien ha sido una consecuencia necesaria de la imprevisión, del descuido o del error de nuestros gobiernos de todas las épocas”[15]. Pero la figura de Filísola merece un análisis más profundo, precisamente por el tipo de discursos que utilizó y el objetivo que perseguía con ellos.

Justificación de Filísola

Vicente Filísola, uno de los principales actores del conflicto texano (segundo en la campaña de Santa Anna para impedir la independencia texana), se pronuncia en una serie de textos que crea con objetivos específicos, según nos indica Antonia Pi-Suñer, al decir que Filísola “tiene toda la intención […] de defender, apasionadamente, la actuación del ejército mexicano y desde luego, de limpiarse él de toda culpa”[16]. Filísola elaboró dos textos principales, ambos versando sobre los mismos temas, pero ambos con un acercamiento diferente, pues uno de ellos fue escrito por un redactor, y el otro por él mismo. Soto menciona que en su libro “Memorias para la historia de la guerra de Texas, [Filísola busca] justificar la orden de retirada que dio al ejército mexicano en Texas […] lo que hizo Filísola fue obedecer esas órdenes de su superior”[17], mientras que Pi-Suñer destaca que “en las dos ocasiones él consideró necesario justificar su actuación”[18], pues finalmente, “lo que le interesa […] es justificar su actitud ante la posteridad”[19].

La imagen que Filísola quiere proyectar, y hacer creer a sus contemporáneos y a quien lo estudie en un futuro es detectable rápidamente, pues “se retrata como un hombre disciplinado y obediente”[20],  mientras que señala a otros como responsables directos de los hechos en Texas, específicamente al presidente de la república. Destaca Pi-Suñer que “la figura de Santa Anna ha quedado de nuevo vilipendiada y nuestro autor aprovechará la atmósfera que se respira para […] acusar al traidor”[21]. Sin embargo, Soto, más allá de leer el discurso que el general deja para la posteridad, señala que “Vicente Filísola fue un concesionario de tierras en esa provincia [Texas]. Además de omitir tal información en sus Memorias para la historia de la guerra de Texas […] también evita mencionar cierta cantidad de dinero que recibió tal vez de un agente suyo […] por parte de empresarios de Nueva York”[22], por lo que confirma la tesis de Pi-Suñer acerca del objetivo de justificación  que el general hace de sí mismo.

C O N T I N U A R Á

 

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Eduardo Celaya Díaz
(Ciudad de México, 1984) es actor teatral, dramaturgo e historiador. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos históricos.

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NOTAS:


[1] Para un análisis profundo y completo del conflicto entre Saltillo y Monclova y sus consecuencias en la pérdida de Texas, se recomienda consultar Soto, Miguel, “La disputa entre Monclova y Saltillo y la independencia de Texas”, en Tempus. Revista de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, 1, 1993, México, UNAM, FFyL, pp. 123-174.

[2]  Miguel Soto, “La disputa entre Monclova y Saltillo y la independencia de Texas”, en Tempus. Revista de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, 1, 1993, México, UNAM, FFyL, p. 141.

[3] Ibid., p. 149.

[4] Ibid., p. 143.

[5] Miguel Soto, “Las justificaciones de la guerra y el expansionismo: la rebelión de Texas y la invasión americana”, en Gilles Bataillon, Gilles Bienvenu y Ambrosio Velasco (coord.), Las teorías de la guerra justa en el siglo XVI y sus expresiones contemporáneas, México, UNAM, FFyL, 2008, pp. 299.

[6] Ibid., p. 300.

[7] Op. Cit., Soto, “La disputa entre Monclova…”, p. 149.

[8] Reynaldo Sordo Cedeño, El Congreso en la primera república centralista, México, El Colegio de México, 1993, p. 238.

[9] Op. Cit., Soto, “Las justificaciones de…”, p. 301.

[10] Ibid.

[11] Gastón García Cantú, Las invasiones norteamericanas en México, México, Serie Popular ERA, 1974, p. 25.

[12] Ibid., p. 53.

[13] Op. Cit., Sordo, p. 241.

[14] Antonia Pi-Suñer Llores, “Memorias de un militar: el general Vicente Filísola”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, 10, 1986, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, p. 131.

[15] Vicente Filísola, Memorias para la historia de la guerra de Texas, edición de 1848-1849, V. I, p. 497, citado en Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias de un militar…”, p. 134.

[16] Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias…”, p. 130.

[17] Miguel Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas: “el triunfo del espíritu republicano en América””, en Cristina Gómez Álvarez y Miguel Soto (coord.), Transición y cultura política. De la colonia al México Independiente, México, UNAM, FFyL, 2004, p. 231.

[18] Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias…”, p. 127.

[19] Ibid., p. 130.

[20] Ibid., p. 135.

[21] Ibid., p. 132.

[22] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas…”, p. 237.

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