CUADERNO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [VIII]

José Luis Justes Amador

Abstinencia [VIII]
Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Febrero, 24

Hay determinadas circunstancias que casan mejor con el tabaco que otras. Por lógica, y si esa afirmación es cierta, lo contrario también debería ser cierto. Es decir, hay circunstancias que no resultan propicias para fumar.

He logrado no fumar durante estos días mientras camino. Caminar, de un lugar a otro o simplemente por el placer de estirar las piernas, no necesita del cigarro.

También funciona buscar lugares donde obligatoriamente no se pueda fumar. Camiones, bancos, dependencias públicas, algunas universidades. ¿Por qué en algunas universidades se puede fumar en el campus y en otras no?

Voy a visitar al rector de una alejadísima del centro de la ciudad para proponerle un plan de desarrollo cultural para su institución y recuerdo mi experiencia durante un curso al que tuve que asistir en esas mismas instalaciones. Todo el recinto vallado de la Politécnica era zona libre de humos. El truco para poder fumar era llegar hasta el estacionamiento y prender un cigarro en la zona más alejada de la caseta de vigilancia. Cuando el amable policía llegaba hasta nosotros para recordarnos que no se podía ya habíamos terminado el merecido cigarro. Esta vez no fumé. Por si acaso.

Febrero, 25

El futbol es otra circunstancia que casa demasiado bien con el cigarro. Ver un partido de futbol solo, sin amigos con quien comentar y con gente apoyando al equipo contrario al de uno en la mesa de adelante, no es la circunstancia más propicia. Añádase a eso que se riega la visión con abundante cerveza. Pero no se puede fumar en el lugar donde lo estoy viendo. Pero el partido es largo. Cada quince minutos cae otro cigarro que para ser fumado necesita que salga y siga viendo el juego desde una esquina infame. Salir, volver a entrar. Al final el resultado es el esperado. Fumo uno último de alivio mientras espero la cuenta. Suficientes por hoy.

Febrero, 26

Faltan tres días para que comience marzo y dos para que se cumplan dos meses del propósito. Hago un recuento de la experiencia por ahora. Apenas han sido cuatro días en los que no haya fumado nada, pocos días más, cinco o quizá siete a lo mucho, en que he fumado más que moderadamente, otros cuantos en los que el consumo ha sido el mismo que antes de comenzar y varios, más de los que esperaba, en que el humo que ha entrado en mis pulmones lo ha sido en cantidades brutales. Ni siquiera estableciendo una media aritmética entre todos ellos se conseguiría un consumo decente y sano. Si es que se puede hablar de sano.

A partir de marzo comenzaré a anotar en otro cuaderno, con palitos como si fuera un condenado a cadena perpetua contando los días, los números exactos.

Febrero, 27

Tomo estos días como un descanso. Mantengo una dieta equilibrada, en lo comer y en la nicotina. He vuelto a escribir. O, al menos, a tener ideas para desarrollarlas. Siempre que escribo algo en prosa lo hago con un cenicero a mi lado que, inevitablemente, acaba lleno. Para el protagonista del cuento que estoy pensando, mejor dicho, que me contaron y reelaboro en mi cabeza, estoy pensando que su característica personal más importante, y que se repetirá como un estribillo por todo el cuento, sea que ha dejado de fumar al principio del cuento.

Del final sólo sé que imagina que alguien va hacia el mar.

Febrero, 28

Sólo queda un día para volver a retomar el propósito. Se acercan los días grandes de la ciudad. Se acercan días de triunfo para mí. Muchas, demasiadas reuniones. Contar los días y los cigarros como un condenado a muerte o a cadena perpetua. Intentar salir de la cárcel. Huir por un túnel estrecho pero efectivo. Hacer ejercicio. Mental sobre todo.

[Ir a Abstinencia VII]

[Ir a la portada de Tachas 197]

Comentarios
Abstinencia [VIII]