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17:23h. Sábado, 25 de Mayo de 2019

El caso de Texas: Discursos ideológicos e impresiones historiográficas contemporáneas [II/II]

Eduardo Celaya Díaz

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook


La pérdida de Texas se ubica en el imaginario colectivo mexicano como uno de los episodios más dolorosos de su historia, considerado como un robo, una usurpación, un trauma que no ha podido ser superado a través de los años. Esta imagen no es contemporánea, más bien se ha nutrido de una serie de discursos que se inician desde los conflictos entre saltillenses y monclovenses, en las ideas separatistas de los colonos texanos, en los textos redactados por los diversos participantes de los hechos y los análisis que historiadores han hecho de los acontecimientos durante y después de ocurridos estos. Los acontecimientos que desembocaron en la pérdida de Texas no pueden ser conocidos en su totalidad, pero seguiremos analizando los discursos y los objetivos que sus autores tuvieron al redactarlos, además de releer los estudios que se han hecho de los acontecimientos, buscando en lo más profundo de las palabras, una ideología que parece repetirse desde el siglo XIX hasta el XX.

Discursos en torno a Lorenzo de Zavala
Lorenzo de Zavala es quizá uno de los personajes más acusados y señalados en el periodo de la pérdida de Texas. Político, sanjuanista, apoyó el movimiento separatista tejano. Sus acciones fueron juzgadas por sus contemporáneos, así como por historiadores posteriores, y generalmente se le ha añadido la etiqueta de traidor de la patria. Sin embargo, la labor discursiva en torno a Zavala se remonta a tiempos anteriores a su participación en la independencia texana, pues era de su interés guiar la opinión pública en un cauce que coincidiera con sus ideales políticos. Menciona Evelia Trejo que Zavala “se dio tiempo para traducir algunas piezas que consideró elocuentes y apropiadas para su tarea de ilustrar y guiar la opinión pública”[23], con la intención de ir adaptando las mentalidades de su época hacia los ideales que él mismo perseguía. La ideología de Zavala también se hace evidente en su amplia labor historiográfica, por ejemplo, Juicio imparcial sobre los acontecimientos de México en 1828 y 1829, en la que, a decir de Trejo, se hace evidente “la revelación de sus juicios sobre situaciones que le atañen de manera muy directa y la oportunidad que se dio de poner por escrito su defensa como la anticipación de los mayores vuelos que alcanza esta suma de explicaciones en su obra histórica […] Hace explícita su intención de corregir otras versiones sobre lo ocurrido en México”[24]. El objetivo que Trejo detecta en los escritos de Zavala no es otro sino “situarse él mismo como la víctima principal durante este periodo crítico”[25].

Los contemporáneos a Lorenzo de Zavala expresaron también discursos respecto a su persona y acciones, sobre todo después de la separación de Texas de la República Mexicana. A decir de Soto, “las opiniones de sus contemporáneos varían, y más bien se concentran en la participación posterior de Zavala en Texas”[26]. Uno de sus principales detractores fue José María Tornel y Mendívil, de quien se lee que “aseguraba que Zavala […] había vendido “la mejor parte de Texas” a empresarios neoyorkinos”[27]. Soto menciona también que “Filisola coincide plenamente con él [Tornel] en cuanto a la evaluación de la conducta traidora de Zavala”[28], como parte de su mismo discurso de defensa propia. Otro importante político de la época que escribió sobre Zavala fue Lucas Alamán, quien “destacó particularmente cómo Zavala y otros habían vendido sus concesiones”[29], señalando que Zavala había obtenido ganancias económicas a costa de los bienes de la nación. Sin embargo, uno de los juicios más fuertes sobre la figura de Zavala lo expresa Carlos María de Bustamante, pues declara abiertamente, con uso de calificativos, la reprobable actuación de Zavala, según su perspectiva. Dice Bustamante: “¿Qué leyes dictarán estos malvados? ¿Por dónde comenzarán siendo el director de sus obras Zavala? […] he aquí la guerra civil religiosa que nos amenaza […] el ladronazo de Zavala”[30].

Lorenzo de Zavala toma la pluma también y hace sus propios pronunciamientos, especialmente a través de sus obras historiográficas. A decir de Soto, en su obra Tejas y los Estados Unidos de América en sus Relaciones con la República Mexicana, de 1837, Zavala no hace otra cosa sino “exonerar a Santa Anna, mostrar la ‘política tenebrosa de la Unión Americana hacia México al tratar de obtener Texas por todos los medios posibles’”[31], y de esta manera, señalar a nuevos culpables, los vecinos del norte. El objetivo de Zavala es analizado por Soto, pues destaca que “concentró sus esfuerzos en una burla sobre las leyes restrictivas a la inmigración estadounidense en Texas”[32], indicando más adelante que “resulta claro que para Zavala su participación política y empresarial en Texas se inscribía dentro de este proceso triunfal republicano en América”[33], objetivo hacia el que encausó tanto sus acciones cono su ideario político y social.

Impresiones historiográficas actuales

La idea de la gran desgracia que el país sufrió a causa de la independencia de Texas, si bien se manejó en los discursos del siglo XIX, también es presente en los historiadores contemporáneos, llegando en ocasiones a llegar a juicios sobre las acciones y la misma persona de Lorenzo de Zavala, de Antonio López de Santa Anna y demás personajes que participaron de estos acontecimientos. Hagamos un breve recuento de las principales expresiones que se vierten en los estudios sobre el caso de Texas, en que se hace evidente que el imaginario colectivo sigue manteniendo la pérdida de Texas como una desgracia nacional perpetrada por los Estados Unidos y apoyada por traidores a la patria.

Juicios contemporáneos sobre la pérdida de Texas

Los juicios y opiniones tanto personales como colectivas que más comúnmente se encuentran en los trabajos historiográficos actuales se refieren principalmente a los personajes que participaron de estos acontecimientos. Así, encontramos pronunciamientos de los autores que más bien parecen de sus contemporáneos, por ejemplo, Pi-Suñer que dice de Filisola que “la historia oficial lo ha tachado de traidor o simplemente de pusilánime “, aunque más adelante hace la aclaración de que “no se trata aquí de enjuiciarlo o determinar si su retirada de Texas fue acertada”[34]. Soto, por otro lado, hace pronunciamientos del estilo siguiente: “la campaña de Texas estuvo permeada por la crueldad, el oportunismo y, finalmente, la ineptitud de Antonio López de Santa Anna; así como, muy probablemente, algunos intereses empresariales por parte del segundo comandante en jefe [Filisola]”[35], al tiempo que hace un análisis de la opinión pública del momento, mencionando que “algunas de las mentes más lúcidas de México […] recomendaron reconocer su independencia [de Texas] […] pero debido a las volátiles condiciones políticas fueron acusados de traidores, por pretender renunciar a una parte del territorio nacional”[36].

Pero es en el personaje de Lorenzo de Zavala en que encontramos más calificativos de parte de Soto, acusando en ocasiones “la actitud potencialmente subversiva de Zavala”[37] o señalando abiertamente que “Zavala ocupa un lugar en el club de los grandes traidores de la historia”[38]. Finalmente, en concordancia con otros tantos autores tanto actuales como contemporáneos a los acontecimientos, Soto dice abiertamente que “Zavala había perjudicado a su patria al poner sus luces y habilidades al servicio de los rebeldes de Texas “[39].

Los pronunciamientos de Soto también atañen a los diversos grupos de políticos que intervinieron en este periodo, agregando expresiones que podemos llamar casi pasionales respecto al tema tratado. Por ejemplo, cuando habla del gobierno estatal de Coahuila Texas, que “finiquitó contratos que involucraban no cuatrocientas, como decía el decreto correspondiente, sino la friolera de aproximadamente cuatro millones y medio de acres de tierra”[40], o cuando menciona que “la legislatura […] en el colmo del atropello y la arbitrariedad, anuló una resolución que las propias autoridades del estado […] emitieron un año antes”[41].

Sin embargo, los calificativos más destacables son los que atañen a quienes han sido señalados como los villanos de la historia, específicamente los colonos texanos y los Estados Unidos. Para los colonos, Soto tiene enunciados del estilo que sigue: “los colonos texanos nunca tuvieron un particular aprecio por las leyes de México”, o “una buena cantidad de ellos [los colonos], empezando por sus dirigentes, eran prófugos de la justicia o de deudas pendientes, mientras que otros tantos […] pretendían lucrar con las tierras texanas” [42].

Para la participación de los Estados Unidos en el conflicto que desembocó en la pérdida del territorio de Texas, podemos encontrar pronunciamientos por parte de Soto como los siguientes: “el conflicto de Texas implicó una intervención extranjera, la primera en un sentido estricto y, eventualmente, el despojo de una gran parte de territorio”[43], en donde se hace evidente la idea de un intervencionismo directo sobre la política interna de la nación mexicana; o  cuando menciona que “para muchos estadounidenses, Texas sólo representaba un capítulo más en su “proceso natural” de expansión hacia el oeste”[44], destacando la naturaleza expansionista estadounidense. También es importante señalar que, a pesar que se emiten juicios respecto a la actuación estadounidense en el conflicto texano, el mismo autor destaca que la participación del vecino del norte no fue tan crucial como podría parecer, al decir que “en 1844, cuando se intente formalmente la anexión de Texas y el senado estadounidense se opuso a ello por mayoría”[45], aunque finalmente “la mayoría de los texanos optaron por incorporarse a la Unión, en julio de 1845”[46], consumando la anexión de Texas a territorio estadounidense.

Sordo hace enunciados más firmes acerca de la actuación estadounidense en el conflicto, pues uno de los puntos más importantes de su trabajo se resume en la siguiente frase: “Estados Unidos reconocía a Texas como república independiente de México el 3 de marzo de 1837”[47], como base de la acusación de intervencionismo y la política de expansionismo, que García Cantú acusa al acusar “la urgencia de ampliar los límites del primitivo país, el orgullo racial y la justificación supuestamente moral para organizar la esclavitud, todo lo cual se expresó en la frase “destino manifiesto””[48]. Este autor concluye con este pronunciamiento al señalar que “la ayuda de Poinsett a los texanos sería decisiva para que alcanzaran su ‘independencia’”[49].

Finalmente, el acontecimiento en su conjunto, es decir, la pérdida de Texas, se reviste de un aura de tragedia y traición, que se hace evidente en los enunciados de los historiadores que tratan el tema, dejando ver su filiación a la patria mexicana. Sordo hace nombrar el subcapítulo en que trata este tema “Texas, Texas… siempre Texas”[50], connotando el nombre de Texas como recurrente de desgracias nacionales, confirmando esta idea más adelante cuando dice que “Texas paulatinamente se había convertido en una pesadilla […] [el] trauma de una derrota inexplicable”[51]. Sin embargo, el enunciado que más hace evidente este sentimiento trágico nacionalista de Sordo es el siguiente: “el levantamiento de los colonos de Texas contra las autoridades mexicanas en 1835 abriría toda una época de infortunio para la nación mexicana. No se recogerían más que los amargos frutos de la imprevisión y la ingenuidad, de años de estériles contiendas interiores y de la expansión imperialista de los Estados Unidos”[52].

Soto es un poco más tranquilo en sus pronunciamientos acerca del evento en general, pero no deja de entreverse un sentimiento de tristeza y derrota en sus palabras, pues destaca de los participantes del acontecimiento que “la incongruencia o violación continua de las leyes no fue algo exclusivo de los políticos mexicanos; los colonos de Texas también participaron de ambas”[53], además de decir que “el manejo de los recursos del nuevo país sí estuvo a la orden del día”[54].

Algunas conclusiones

Si bien el acontecimiento de la pérdida de Texas, con todos los pequeños acontecimientos y causas que lo provocaron ya han sido analizados y relatados por diversas fuentes, es una interesante fuente de información acerca del manejo de discursos para manipular la opinión pública tanto contemporánea como de tiempos futuros, utilizada para lograr objetivos personales, ya sean políticos o económicos. Los discursos pronunciados por los principales actores de los acontecimientos, plasmados en trabajos historiográficos nos dan una idea muy clara de la facilidad con que las ideas podían cambiarse, aunque no siempre estos esfuerzos fueron fructíferos, pues otros discursos se enfrentaron a los primeros, como en el caso de las argumentaciones de Zavala contra las de Bustamante o Alamán. Por otro lado, la opinión pública se mantenía en constante cambio conforme iban desarrollándose los acontecimientos, ya sea a favor o en contra de un movimiento u otro, dependiendo siempre de los objetivos que los emisores de los discursos fueran, y el público al que le hablaban, colonos texanos, políticos, diputados, o mexicanos del centro del territorio.

Todas estas mutaciones de la opinión pública y del uso de discursos han permeado hasta la idiosincrasia mexicana actual, presente en los breves pero sustanciosos enunciados que varios autores expresan sobre personajes, acontecimientos o periodos. El episodio de la pérdida de Texas será, de esta manera, uno de los periodos que más hondo llegarán en la mentalidad mexicana, evidente en los trabajos historiográficos que tratan sobre el tema, y siempre conservará el aura de tragedia y traición, de despojo y de impotencia ante el poder intervencionista de Estados Unidos.

F I N

***
Eduardo Celaya Díaz
(Ciudad de México, 1984) es actor teatral, dramaturgo e historiador. Fundó el grupo de teatro independiente Un Perro Azul. Ha escrito varias piezas teatrales cortas, cuentos y ensayos históricos.


[23] Evelia Trejo, “Lorenzo de Zavala en el uso de la palabra”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, 20, 2000, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, p. 46.

[24] Ibid., p. 61.

[25] Ibid., p. 62.

[26] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala…”, p. 223.

[27] Ibid., p. 221.

[28] Ibid., p. 231.

[29] Ibid., p. 223.

[30] Carlos María de Bustamante, Diario histórico…, 10 de febrero de 1833, citado en Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala…”, p. 227.

[31] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala…”, p. 228.

[32] Ibid., p. 232.

[33] Ibid., p. 237.

[34] Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias de…”, p. 125-126.

[35] Op. Cit., Soto, “Las justificaciones…”, p. 301.

[36] Ibid., p. 302.

[37] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas…”, p. 223.

[38] Ibid., p. 229.

[39] Ibid., p. 230.

[40] Op. Cit., Soto, “La disputa entre Monclova…”, p. 144. Las cursivas son mías.

[41] Ibid.

[42] Ibid., p. 146.

[43] Ibid., p. 149.

[44] Op. Cit., Soto, “Las justificaciones…”, p. 299.

[45] Ibid., p. 303.

[46] Ibid., p. 304.

[47] Op. Cit., Sordo, El Congreso…, p. 243.

[48] Op. Cit., García Cantú, Las invasiones norteamericanas…, p. 14.

[49] Ibid., p. 38.

[50] Op. Cit., Sordo, El Congreso…, p. 237.

[51] Ibid., p. 244.

[52] Ibid., p. 237.

[53] Op. Cit., Soto, “La disputa entre Monclova…”, p. 146.

[54] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas…”, p. 238.

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