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The Eyes

Javier Morales i García

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Esta historia empieza en Ealing, una parte de Londres situada al Oeste, solo a un corto viaje del Underground y pasando por los coffee bars del Soho, los clubs de striptease y un lugar muy parecido a cualquier barrio lleno de gente de clase media.

Ealing tiene colegios locales, tiendas, clínicas y lo más importante: un buen montón de talentos locales que llenan las calles de todo tipo de diversión. Actores, prestidigitadores, artistas de cabaret y todo tipo de las más extravagantes variedades. Quién podía pensar que en aquellas calles paseaban unos chicos que se convertirían en uno de los grupos favoritos de los Mods.

Nuestro fotógrafo particular mueve la cámara rápidamente hacia la izquierda, como en la serie televisiva de Batman... ¡¡Flaaash!! ¡¡¡Ziiiiip!!! Se ha fijado en una fiesta de una boda de una parejita local. Charles Lamey se casa con Gloria Honeycroft. Charles, que viene de St. Albans en la tranquila Herfordshire, quería una boda normal y baratita, sin lujos ni locuras... pero Gloria no estaba dispuesta a eso. Su boda iba a tener mucho estilo y nadie le iba a quitar ese deseo. Los días de dejarse ver en el coffee bar del barrio, disfrutando con los sonidos de Johnny Grant, se habían acabado. ¡Pero es que en aquellos días aún no era una respetable mujer casada! La diversión era algo importante aún. Gloria quería una gran fiesta en una de esas discotecas cool, pero como aún no se habían inventado se tuvo que conformar con una banda local que le gustaba. Eran un poco como The Shadows, tocaban todo tipo de instrumentales con mucho desparpajo beat y el guitarrista, Chris Lovegrove, era guapísimo y muy simpático... Más de una vez le había picado el ojo. Se llamaban The Renegades. Glor, como le llamaban sus amigas, pensaba que ese nombre era un poco chulo pero no importaba. Además, sus padres no podían permitirse contratar al grupo favorito del momento, The Detours... Así que Glor lo aceptó sin problema.

The Renegades tocaban instrumentales con unos arreglos muy interesantes y en diferentes tempos. Iban muy bien vestidos, con trajes y corbatas a juego.

De vuelta a la fiesta de la boda, es el momento en que el Maestro de Ceremonias se sube al pequeño escenario y anuncia a la banda con pompa y circunstancia. El olor a cerveza y a laca barata inunda todo el local, pero el olor a tabaco es más fuerte que todos los demás.
¡A la derecha... Christopher "Chris" Lovegrove, nuestro Hank Marvin local, en la guitarra solista! Aplausos y silbidos de admiración, más alguna mirada maliciosa de Glor y sus amigas.
¡En el centro del escenario, Kenneth "Kenny" Girwan, más conocido como La Bestia de Broadway y con su bonita batería de azul nacarado! Aplausos silenciados por un redoble de tambor.

¡A la izquierda, Philip "Phil" Heatley, también conocido como El Zurdo, tocando la guitarra rítmica! ¡Más allá tenemos a Barry "Barry" Alchin, con su bonito bajo acústico y sus cuatro cuerdas!
Las guitarras estaban enchufadas a su más precioso tesoro: un altavoz de dos canales... 1, 2, 3... Y empezó la fiesta y la pista de baile se llenó inmediatamente.

Horas después, afuera se estaba haciendo de noche y los novios habían salido disparados hacia un hotel que les había hecho un precio especial para aquella noche. The Renegades tocaban las últimas peticiones antes de empezar a recoger todos los instrumentos. El pastel de boda se había acabado hace tiempo y las barras servían las últimas pintas de cerveza negra. Desde los servicios inundados llegaba el olor de las fiestas al acabar. Allí, al fondo, en la barra del viejo boxeador que enseña sus fotos de juventud, un joven de 17 años llamado Terrence Nolder llevaba un buen rato observando. Aquella tarde había salido antes del trabajo y al pasar por la calle había oído las notas del “Route 66”, así que había entrado al salón de la boda. Las cervezas eran gratis, así que disfrutó de la situación hasta que la banda tocó las últimas canciones. Estaba realmente impresionado. No solo eso, mientras sonaba la coda final del último tema, es decir unos seis minutos en los que los músicos parecían divertirse, ya había tomado una decisión. Iba a dejar su trabajo de dependiente en el muelle del puerto del que estaba ya harto desde hace tiempo. Le pareció una brillante idea. Se acercó al grupo que aún estaba en el escenario fumándose unos cigarrillos y les dijo: "Lo que necesitáis es un cantante." Mientras, les ayudó a desenchufar los instrumentos y siguió repitiendo la misma frase una y otra vez hasta que el bajista le dijo: "Vale, vale... Ven a vernos ensayar la próxima semana."

Aquí viene un fundido en negro... Y la película sigue.

Dave Russell and The Renegades era un nombre que les gustó. No es que Terrence estuviera enfadado con el nombre que le diera su padre solo que Terry and The Renegades sonaba algo infantil y no como si estuviese loco por el beat. Dave Russell le pareció más apropiado, sobre todo porque el nombre llamaba la atención de las chicas... o eso es lo que él creía.

Después se lo cambió al de Gerry Hart, y para no ser menos The Renegades se convirtieron en The Heartbeats. Se ponían unos chalecos brillantes e incluyeron alguna canción romántica en el repertorio.

Así empezó un largo y a veces tortuoso camino de actuaciones en bodas, fiestas, colegios, clubs de deporte y bailes populares. Se creó un Club de Fans que estaba formado por 70 miembros  que iban a aplaudirles y animar todos los sitios donde tocaban. El padre del guitarrista, Chris Lovegrove, empezó a ejercer de manager de la banda y les compraba los cigarros y las cervezas entre actuación y actuación. También les llevaba a los locales con su coche de segunda mano.

En un punto de todos aquellos días se volvieron a cambiar el nombre dado que su repertorio estaba cambiando. Ya eran The Eyes... Algo había tenido que ver el escudo de ese triángulo modernista británico formado por los barrios-ciudades de Acton, Brentford y Ealing. Su set musical se había ido deslizando hacia el R&B y Kenny decidió dejar el grupo. Entró un amigo de toda la vida: Bryan Corcoran.

Lo cierto es que en aquellos días aún seguían tocando en banquetes de boda, y de vez en cuando también hacían algún concierto en el Salón Cultural del Ayuntamiento de Ealing. The Eyes estaban dispuestos a hacer algo más, a pensar más las cosas.

INTERMEDIO

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Se oyen los tres timbrazos y otra vez la sala está oscura... La película, la historia continúa...

Aquella noche el Ayuntamiento estaba lleno de Mods. Era un concierto muy especial. Todos los Faces estaban allí: Dennis Mundy, Richard Barnes, The Brighton Scooter Club y todos sus miembros habían venido con sus Lambrettas 200. También estaban los Mods que se reunían a cenar y beber algo en el local de Betty.

Sobre el escenario se veía una gran pancarta. ¡¡¡THE EYES ARE BACK!!!, se podía leer. En aquellos momentos, muchos de los Mods estaban desilusionados con The Small Faces y con The Who, que se habían vendido al mundo Pop. Cientos de ellos habían llegado buscando una nueva banda con un nuevo sonido y no tanta tontería del Top of The Pops.

Un gong gigantesco que sonaba antes de cada canción anunció que The Eyes habían llegado. Multitud de efectos de sonido inundaron el lugar. Cinco tíos aparecieron en el escenario... Vestían parkas de color rosa y en la espalda se veían las marcas de las ruedas de un coche, todo en negro profundo... Ropa de colores y camisetas de rugby –una moda pasajera traída por los fans universitarios y fanáticos del deporte– completaban el vestuario.

La banda tenía un sonido potente con influencias de la Stax y de Motown y Terry Nolder había escrito el par de temas originales. Canciones que gustaron a todos y que retumbaron en el suelo por mucho tiempo.

La fama de The Eyes se extendió como el fuego y pronto giraron por el circuito de actuaciones de grupos del momento. Tocaron en una de esas noches que promocionaba la emisora pirata Radio London. Era en el Club Tiles, fuera de Oxford Street. No es que fuera un local estrictamente modernista pero estaba lleno de Go Go's, boutiques con minifaldas Op Art, Coffee Bars y otras discotecas cool. ¡Por fin, Gloria!

Un buen amigo del grupo desde los primeros días, Jeff Marsh, llevó a un ejecutivo de Phillips en la que era su segunda actuación y fueron contratados enseguida.

El sello Phillips era una respetable casa discográfica de origen holandés que editaba el R&B de los Estados Unidos en Mercury y las versiones inglesas de los mismos temas en el subsello Fontana, llamada así por Wayne Fontana, el cantante guaperas.

Phillips se dio cuenta de que era el momento de darle credibilidad a Mercury incluyendo a grupos ingleses y así aparecieron The Eyes para grabar su primer single salvaje. “When The Night Falls” es la mejor canción que grabaron jamás y con eso está dicho todo. Fue completada con los mismos efectos de sonido que utilizaban en los conciertos y es el mejor trabajo de Shel "Graunch" Talmy, el productor... Cuando la oyes no te puedes estar quieto y sale el lado salvaje. Era una de las grandes canciones que escribió Terry Nolder y que el DJ Alan Freeman solía poner en sus sesiones… y ese tipo sí que sabía de elecciones verdaderas e inolvidables.


The Eyes empezaron a abrir conciertos para The Kinks, The Action, The Move... y Terry Nolder era capaz de conducir por toda Inglaterra para no perderse una actuación de The Birds. Lo cierto es que entre todas estas bandas hubo una corriente de influencia compartida.
“My degeneration”, la cara B del segundo single, empezó a funcionar en todos los tocadiscos y jukeboxes de Brighton y así se convirtió en uno de esos himnos Mod con una letra llena de referencias y del slang utilizado por los miembros de las bandas. More coffee, please! Aquel coro de "Join the tea set!" les causó algún disgusto que otro. En la Inglaterra de aquellos días no te podías burlar de los respetables himnos o tradiciones nacionales sin pagar un precio de público o ventas.


La cara A de este single fue el principio de los problemas con la BBC. La letra fue considerada muy ofensiva para ser radiada y cuando iban a ser invitados a tocar en una sesión en la radio, varios tipos con trajes negros aparecieron en un concierto que estaban dando en una iglesia y que iba a servir como parte de la audición. Viéndoles tocar aquella canción histórica que se llamaba “I Can't Get No Resurrection” enfrente de un crucifijo... aquello fue demasiado para los ejecutivos de la radio. Así que ni una versión de los respetables The Everly Brothers llevada a su terreno, “Man with Money”, pudo salvar la situación. The Eyes fueron vetados. ¡Adiós BBC, adiós!


A pesar de todo, Mercury Records seguía teniendo fe en el grupo y estuvieron en los estudios de Stanhope Place, donde grabaron sus singles. Allí hicieron la demo de “Drown the Cat”, un gran tema acerca de las peleas entre bandas y que acababa con un feedback aullante que hacía olvidar a Wimple Winch.

Mercury pensó que había llegado el momento de ir a por un éxito en las listas, ya que la publicidad estaba asegurada. Su fiel productor, Mike Hawker, hizo uno de sus típicos trapicheos y consiguió el “Good Day Sunshine” de The Beatles, incluso antes de que saliera el mítico LP Revolver.


La versión sonó un montón en las fiestas pero no se notó en las ventas. Este fue el último single con algo de éxito que tuvieron... pero ya no sirvió de mucho.

Les ofrecieron 180 libras para grabar un disco con versiones de The Rolling Stones que también solían tocar en vivo. Utilizando el seudónimo de The Pupils hicieron unas sesiones de grabación de ocho horas de duración en donde hubo algunos destellos de brillantez, algunas guitarras saturadas y el sonido de una batería en el estudio.

Todas estas versiones de los Beatles y los Stones que hicieron son más que correctas y tienen una fuerza que las hace diferentes a otras de la época; mucho beat en el bajo y freakbeat en las guitarras. Tanto el “Good Day Sunshine” como el “I Wanna Be Your Man” o el “19th Nervous Breakdown” están llenos de mala leche... algo que falta en las originales.

Justo antes de que todo acabase, Phil Heatley se había ido del grupo y fue sustituido por Steven Valentine, quien solo estuvo unos días en la banda. Ahí acabó la historia.

The Eyes pudieron conquistar el mundo pero solo nos dejaron cuatro singles históricos y, menos mal, ningún disco conceptual ni nada de hard rock patibulario.

THE END!

Créditos Finales

Terry Nolder compuso alguno de las más grandes canciones de aquellos años. Algunos clásicos modernistas como el “I'm Rowed Out” junto a Barry Alchin y otra de las obras maestras de la banda, “The Inmediate Pleasure”, que crece con cada escucha... Pero y qué decir de la crudeza de “You're Too Much” o el lado más Pop de “Please Don't Cry”. Canciones que siguen causando el mismo efecto en mí desde el primer día que las escuché. Algo salvaje.


AGRADECIMIENTOS: Terry Nolder, Phil Heatley, Chris Lovegrove, Kenny Girwan, Barry Alchin, Brian Corcoran, Harvey S. Williams y, especialmente a Roseanne Harvey que brindaron la información.


En celebración de las bodas de plata de Gloria y Charly, Ealing.

 

 

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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