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10:38h. Jueves, 17 de Agosto de 2017

50 AÑOS DE BELLE DE JOUR

La imaginación surreal de una sexualidad tangible

Joserra Ortiz

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Belle de Jour (Bella de día, 1967), de Luis Buñuel (Teruel, 1900–Ciudad de México, 1983), es una de las obras centrales de su autor, debido a que expone muy claramente su propuesta estética e ideológica sobre la realidad como producto de la imaginación. Para Buñuel, como para todo aquél que lo vea, la representación del mundo real no debe ser confundida nunca con el Realismo en el arte, pues éste representa la lectura codificada de un orden meramente burgués, que ha sabido hacer de las formas artísticas, cuando menos desde el siglo XIX, instrumentos funcionales y validadores de su orden. En Bella de día el espectador es testigo de una lectura diferente de la realidad humana, ya que desde el ojo creador de su autor, ésta se compone de dos niveles o estados divergentes, aunque mutuamente incluyentes: el de lo material y tangible, y el del ensueño. En ambos, expone Buñuel, es donde debemos habitar y su confusión es, precisamente, lo que mejor representa el mundo en que vivimos.

La “realidad” de Séverine (Catherine Deneuve), la personaje central de la cinta, por lo tanto, se construye en estos dos planos y la pregunta de dónde termina el sueño y comienza la vida real no tiene sentido. Ambos son partes de una sola vida y son igualmente válidos, nunca se excluyen. Ni siquiera la imaginación es un escape, es un estado y su idealidad se sustenta en la idea de que el mundo subconsciente no debe ser necesariamente perfecto. Al contrario, la parte de la realidad que se cree tangible y material ha puesto demasiada importancia en la idea de la perfección. Pero conseguir la perfección no significa, de ningún modo, la obtención de todas las satisfacciones. Sobre todo porque un estado perfecto supone que ya no queda nada por ser complacido, y se ciega ante esta idea que supone totalmente válida. El marido de Séverine es enteramente “real” (y burgués) en ese sentido: es perfecto, o cuando menos lo es para el orden de lo tangible. Su mujer es, por esa razón, un objeto más de esa realidad impoluta, sin mácula y funcional según el orden tuerto que estructura al mundo y al que, desgraciadamente, se le escapa la otra parte formativa de la realidad: la de la idealidad sonámbula, la que le otorga a la imaginación el poder que merece.

La mirada de Séverine, sin embargo, propone en todo momento que la realidad en la que ha sido obligada a habitar está incompleta, y sus escapes sexuales imaginarios, literalmente surreales, demuestran que cruzando el espejo (o la ventana), como Alicia, se pueden obtener los satisfactores faltantes. Por esta razón, mientras avanza la cinta, somos testigos de una especie de viaje de crecimiento hacia la imaginación; comprendemos que la de Belle de Jour es una Bildungsgeschichte que le otorgará, al final de su formación, la capacidad de habitar realmente y libremente el mundo que desea. La sexualidad viva de Séverine es el pretexto por el que Buñuel se mueve y se escurre hacia lo más profundo del subconsciente humano, donde las pasiones se confunden con lo tangible, y donde a final de cuentas se encuentra la felicidad, aunque su total posesión sea imposibilitada por el sentimiento de culpa, ese mecanismo con el que el orden burgués se ha encargado de perpetuar su status quo. De esta manera, el final de la cinta es el mejor ejemplo de la perversa propuesta buñueliana: como un Lázaro, el vegetal se levanta para formar parte del mundo vivo de Séverine, y la mirada de ambos escapa por la ventana hacia una realidad más extensa que la que cabe en el ojo del espectador deseoso, ridículamente deseoso, de un realismo injustificado.

 

 

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Joserra Ortiz
es doctor en estudios hispánicos por Brown University, actualmente es profesor de tiempo completo y jefe editorial en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Aparece en media docena de antologías de relato y ha publicado el libro de relatos Los días con Mona (FETA 2012); el de ensayos El complot anticanónico (FETA 2015); y la novela La conquista del Monte de Venus (Abismos 2017).

 

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