Es lo Cotidiano

DIARIO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XIII]

José Luis Justes Amador

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook
Abstinencia [XIII]

Abril, 16
Han comenzado las festividades en la ciudad. Como todos los años, se convierten las calles del centro en ríos de alcohol que en lugar de por los suelos corren por las gargantas de la gente. Hay quienes más tranquilos aprovechan para hacer lo mismo que todo el año, beber. A una velocidad más moderada. Beber como si el mundo se fuera a acabar mañana o pasado mañana. A beber y a fumar esos puros taurinos que sólo aparecen estos días.

Camino por el centro de la ciudad. Entro a un establecimiento comercial enorme y me percato, lo había visto pero no percatado, de la gran variedad que hay. Gasto más de lo previsto e innecesariamente. 

Lo prendo nada más salir del edificio. Camino durante una hora, no pensando en nada más que su sabor y lo falso de las reinas de la Feria.

Me consuelo pensando que en la noche anotaré, como estoy haciendo, que en la mañana sólo fumé uno.

Abril, 17
Decido aceptar la invitación para la primera ronda nocturna de este año. Me corrijo. No de este año, sino de esta Feria.

Fumamos demasiado. 

La diferencia entre uno y demasiado, no entre cero y algo, se está convirtiendo en el tema de este diario. No debería preocuparme, pero está resultando más beneficioso para mi escritura que para mi salud. 

Me siento como uno de esos escritores jóvenes que solucionan todo en su primer o segundo cuento contando su vida y cambiando los nombres. Mi vida es la lucha contra la nicotina; los nombres importan menos que los hechos.

Abril, 18
Hoy fue uno de los pocos días en los que he logrado volver a controlarme. Empezó sin que tosiera ni una sola vez, una señal de que lo que le viene bien a mi organismo es que sufra orgías de humo. Tal vez motivado por la falta de tos en la mañana, decidí fumar el primero hasta las doce de la mañana, la misma hora en que según la leyenda popular ya es lícito empezar a beber. Me siento bien, pero me falta algo. 

Es la tercera vez en dos semanas que me viene a la mente la idea de que hay demasiadas semejanzas entre el tabaco y las biografías, sobre todo las personales.

Abril, 19
Repaso mis circunstancias vitales. Con muy pocas excepciones, casi todas fumaban. Algunas muchísimo, otras eran fumadoras accidentales. Cuando más atormentada, más fumaba. Con una notable excepción última. Aunque arda por dentro no fuma. 

Mientras escribo este diario estoy en uno de mis lugares favoritos, habituales. A las diez de la noche, Ñ. deposita ceniceros sobre las mesas. A esa hora ya se puede fumar. Está repleto de nuevas generaciones.  No fuman. Cada vez fuman menos. Pienso en la razón. Creo no equivocarme al pensar que el cine e Internet tienen que ver. Antes los héroes o los villanos de las cintas fumaban todos. Fuese cual fuese el modelo, para imitarlo había que fumar. El otro motivo, quizá menos cierto pero no menos desencaminado, es que con la inmediatez de la red se ha perdido el placer de la espera, de la angustia de la espera. Uno de esos males que sólo se cura fumando y esperando, como en el viejo bolero.

Abril, 20
Dejar de fumar es como leer un cuento ajeno y llenarlo de rojos.

Abril, 21
Dejar de fumar, todavía no tengo muy claro a lo que se parece.

Abril, 22
Estoy sentado en mi cafetería favorita. Pasan jovencitas. No fuman. Si no puedes contra el mundo únete a él. O quizá no.

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