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00:34h. Miércoles, 19 de Diciembre de 2018

Aquella noche

Zelda [Traducción de Esteban Cisneros]

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Aquella noche
sentada sola en el silencioso
patio,
y contemplé las estrellas-
acordé en mi corazón-
casi hice un juramento-
de dedicar en cada tarde
un momento,
un pequeñísimo momento,
a esta radiante belleza.

Parecería
que no hay nada más fácil que esto,
más simple que esto,
aun así no he cumplido
mi promesa
a mí misma.
¿Por qué?
Seguramente ya he descubierto
que mi mente acarrea a sus palacios
las vistas que veo,
como ese pájaro que carga en su pico
paja, plumas y lodo para reparar el nido.
Seguramente ya he descubierto que mi pensar
usa (si no tiene otra cosa)
incluso mis padecimientos
para construir torres.
Que usa los padecimientos
de mi prójimo,
y el papel que rueda en el patio,
y las huellas del gato,
y la hueca mirada del vendedor,
y ese verso que se estremece entre las páginas del libro,
y de todo esto, sí, de todo esto,
de todo esto, me hace.
¿Por qué no he cumplido mi promesa
a mí misma?
Acaso no creí
que si contemplaba un instante
las alturas de los cielos estrellados
mi mente acarrearía al palacio
la luz de las constelaciones.
Acaso no creí
que si contemplaba
noche tras noche,
las estrellas
despacio, despacio,
se convertirían en mis prójimos.
Las estrellas se convertirían en
mis parientes.
Las estrellas se convertirían en
mis hijos.
¿Por qué no he cumplido mi promesa?
Acaso olvidé
cuánta envidia sentía por los navegantes
y por todos aquellos cuya casa se encuentra en la orilla del mar.
Porque dije en mi prisa
la fresca brisa marina
penetra en sus vidas,
la fresca brisa marina penetra sus pensamientos; la fresca brisa
penetra sus relaciones con sus prójimos
y sus relaciones con los miembros de su familia.
Brilla en sus ojos
y juega con sus movimientos.
Porque dije en mi prisa
la vara de medir de sus andanzas
es la vara de medir del mar y su gloria
y no aquel de la calle humana,
no aquel del callejón humano.
Porque dije en mi prisa,
miran ojo a ojo
los trabajos de Dios
y sienten Su presencia
sin nuestras barreras,
sin nuestras distracciones.
Lloro constantemente
porque estaba prisionera
entre las paredes de la casa,
entre las paredes de la calle,
entre las paredes de la ciudad,
entre las paredes
de las montañas.

Aquella noche sentada sola
en el silencioso patio,
descubrí de súbito
que mi casa también estaba construida en la orilla,
que vivo en el banco de la luna
y las constelaciones,
en el banco de los amaneceres y los ocasos.

***
Zelda Schneurson Mishkovsky (también conocida como Zelda)
(1914-1984) fue una poeta israelí. Sus textos por lo general lidiaban con temas de fe y contemplación desde el misticismo, el jasidismo y la narrativa tradicional rusa.

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