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00:37h. Miércoles, 19 de Diciembre de 2018

Cien películas para una vida [VI]

Rafael Cisneros

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Sean bienvenidos al inicio de la cúspide. Las Cincuenta Películas a las que debo tanto como a las personas más importantes de mi vida; dígase, cincuenta mejores amigos. Con el tiempo quizá entren y salgan muchas, pero los casi treinta años que llevo bien vividos esparcen su respectivo amor y disposición hacia estas cintas que me han marcado definitivamente. Buen momento para repasar, no solamente predilecciones, sino magníficas historias que recomiendo con todo entusiasmo y fuerzas. De aquí en adelante, el orden ya no será alfabético; ya entramos a la recta de predilección bien pensada y acomodada. Si bien se enumeran con cierto “favoritismo injusto”, todas las considero igualmente esenciales en mi vida. Llegamos a la mitad del recorrido, les agradezco su paciencia y pues, nada, sigamos.

50. PICKPOCKET (1959) de Robert Bresson

¿Alguien busca clases de narrativa? ¿Gratis? Tomen asiento por una gratificante hora y quince minutos, consíganse la edición en Criterion Collection y disfruten de una historia que fascina en sus detalles estilísticos, maravilla en su edición y conmueve en su entramado. Una cinta con alma, carajo. Estamos ante un esfuerzo mayor: la honestidad de una historia real que sólo la ficción es capaz de moldear con tan bellísimo tino. Tristísima como todo cuento extraordinario, pero no en sentido trágico, sino en la melancolía de sus formas y andanzas que eligen sus protagonistas.

Michel (quien recuerda a Kafka, tanto a sus personajes como al mismo autor, aunque nada tuvo que ver con este relato) es un joven carterista que vive en una deprimente habitación y que pasa los días perfeccionando sus trucos de hurto. Con una madre enferma, un amigo que ve constantemente por su bienestar y un amor, la bella Jeanne, también preocupada por él, Michel se debate entre sus conexiones humanas y su involucramiento en la delincuencia, a veces necesaria, y siempre controvertida, ya sea por el honesto interés de Michel en el carterismo así como la pobreza que afecta a él y tantos otros. Al tiempo que la historia avanza, nos hallaremos varias veces en pleno trance boquiabierto, quizás alguna de nuestras manos acercada a los labios a modo de profunda fascinación. Vemos lo que pasa y queremos ayudar, y en ocasiones, también participar en las impresionantes secuencias de hurto, ya icónicas y ejemplares. Vemos lo que pasa y queremos formar parte del relato aunque, dada su naturaleza, es incapaz de soltarnos, haciéndonos parte de él, comprobando que el valor de una película se manifiesta en nuestra grata correspondencia a quienes las protagonizan. El cuentito del carterista ocupa, pues, un lugar de imprescindible importancia en mi vida.

49. LAST YEAR AT MARIENBAD (1961) de Alain Resnais

Una gran mansión. Una mansión enorme, inmensa. Pasillos enormes. Hombres en sillas. Largos pasillos. Parejas bailando. Corredores por donde vas camino abajo, arriba. Balcones. Personas en los jardines. Sin sombras. Con sombreado en los rostros. Espejos pulcros. Juego de rostros en las habitaciones. Candelabros colgantes. Habitaciones frías. Parejas bailando. Miradas encontrándose. Ornamentos fríos. Frívolos. Ostentosos. Esculturas que vagan, callan, miran entre pinturas oscuras, galerías, puertas abiertas, cerradas hasta la oscuridad. Salones silenciosos de siglos atrás. Mármol entre las paredes. Paredes de mármol. Copas para beber. Gente bebiendo. Ya te he visto antes. Te he visto alguna vez. Lo recuerdo. ¿Habrá sido el año pasado? ¿Estás segura? Muy lejos. Un lugar muy lejano. Pero es el reencuentro. No hay amenazas que pueda separarnos. Hombres en sillas. Tiro al blanco. Bang. No hay amenazas para separarnos. A menos que tú lo decidas. Pasillos enormes. Abrigo de plumas entre las sábanas. Paredes de mármol. Cuántos pasillos, corredores inmensos. Gente bailando y sentada. Miradas estancadas. Esta gran casa, siglos atrás. De siglos atrás. Esculturas ostentosas. Salones ornamentados. Hombres en sillas. Parejas bailando. Miradas aquí y allá. ¿Vienes conmigo?

Si alguien sabe de qué trata esta cinta, nunca me lo diga. No hace falta saberlo.

48. FANNY OCH ALEXANDER (1982) de Ingmar Bergman

Rusia tendrá la Guerra y Paz, México tiene sus Noticia del Imperio, España tendrá a su Quijote, Francia a su Tiempo Perdido, Alemania a su Tambor de Hojalata, Japón a su Genji Monogatari, Irlanda a su día de Leopold Bloom, Checoslovaquia a su Buen Soldado Svejk, Nigeria a su Okwonko y las Cosas Que Se Desmoronan, y así cada país con sus cuentos… todas obras literarias. Y aunque Suecia tendrá a su Strindberg, Benedictsson, Lägerlof, Martinson, entre tantísimos otros de dónde elegir, creo que Fanny och Alexander, no una novela, sino una película, es el más grande cuento sueco jamás contado.

Aún siendo la historia del pequeño Alexander y la difícil vida que debe sobrellevar, junto a su querida y cómplice hermanita, Fanny, es también la historia de una acaudalada familia sueca que, luego de perder a uno de sus más queridos miembros, inicia una ruptura que afectará la vida de nuestro par protagónico y la atmósfera de las casas centrales. Aún con sus épicas (y casi bíblicas) resoluciones, la transición de una vida ornamentada por las delicias y extrañezas de la clase alta, a la pesadilla de calabozo de un hogar liderado por uno de los grandes villanos de la historia del cine (un cruel sacerdote y su asquerosa familia vestida constantemente en una especie de luto), es dolorosa para todos, ya seamos los espectadores o más aún, los personajes.

Pocas películas enriquecen tanto al alma como el inmortal relato de Fanny och Alexander, la obra maestra de Bergman, de quien no suelo ser un seguidor avezado, pero de quien guardo el debido respeto siendo figura influyente y, desde luego, un sabio narrativo. A esta cinta no tengo nada que discutirle, su lugar en la historia del cine, inamovible y definitivo, puede confirmarse con un ligero vistazo a sus primeros minutos, y con eso bastará, ya que la película no pensará soltarte. Aún con sus debidos intermedios (hablamos de una cinta cuyas distintas versiones superan las tres horas y media), Fanny och Alexander es absorbente en cada una de sus partes, fascinante en todo momento y desconcertantemente mágica, rozando los territorios de Dickens, pero con el toque sueco que, acorde a Jonathan Franzen, se desenvuelve en esperar siempre lo peor. Incluso así, la felicidad nunca falta, es un cuento con desenlaces tan poderosos que, no obtante sus reconfortables alivios, nos da la bienvenida a una eterna confrontación entre el pasado y el presente. Fantasmal a veces, mágica al borde de los polvos brillantes de la Navidad y la nieve nórdica, estamos ante mi cuento favorito de cuantos he escuchado, leído y visto de la antigua Suecia.

47. FREUD: THE SECRET PASSION (1962) de John Huston

Gente, que no se juzgue a Freud tan severamente. Digo, es verdad que sus teorías se prestan a la más variopinta comedia, tal vez la mejor, diría yo, o a las interpretaciones más fastidiosas, bobas, dolientes, prejuiciosas, etcétera, aunque todo dependiendo del intérprete. Aunque… bueno, sí. Es verdad que las teorías de Freud tocan un territorio tan incómodo y, en primera instancia, demente, que es imposible volverlo blanco fácil de las más crueles bromas así como de las más graciosas, y todos hemos disfrutado de ellas.

Esta película no hará cambiar opiniones, uno puede seguir bromeando con el Psicoanálisis y nunca agotar sus posibilidades risibles. Pues esta cinta no va por ahí, no busca justificar a Freud, no se trata de un self-indulgent film, una biopic para el Hallmark, o un hito hollywoodense a lo Madame Curie o Life of Emile Zola (sin quitarles el debido mérito). De todo ese género biográfico de figuras esenciales de la cultura, esta es de las mejores jamás realizadas, y sin ser específicos, englobando el arte cinematográfico como un fuerte universo, esta es de mis favoritas.

Se trata simple y sencillamente de los procesos psicológicos, anímicos y profesionales que llevaron a Freud a fundar su propia escuela, los difíciles inicios cuyos oscuros tropiezos van desde la búsqueda por el apoyo científico hasta las turbulencias que plantean las pesadillas, o los “ahora afamados” pensamientos reprimidos. La cinta funciona a modo de thriller psicológico y de drama meditativo sin caer, como mencioné antes, en indulgencias, mucho menos en dramatizaciones. Montgomery Clift hace que su versión de Sigmund Freud sea redescubierto como un poderoso personaje de ficción, un personaje que desearíamos que existiera, un auténtico rebelde de la ortodoxia que arribó a golpear con el mazo el subconsciente de quienes necesitaban tomarlo en cuenta; el subconsciente, digo. Freud es tanto el maestro como el pupilo, víctima y verdugo de sí mismo, vínculo entre sus pacientes y las tinieblas humanas, estudiante ingenuo, profesional dedicado, amigo y marido agradecido, y más que nada, honesto pionero del entendimiento humano. Así es, del Psicoanálisis parten todos estos argumentos que la sociedad tacha de pervertidos, pornográficos y peligrosos, pero sólo queda decir que es una de tantas formas (ninguna puede nombrarse como “absoluta”) de interpretar a la humanidad, tómenlo o déjenlo, no pasa nada. Aquí no habrá juicios de más, esta cinta, como la interpretación de un sueño, es una extraordinaria versión de los orígenes de un grandísimo literato, un grandísimo hombre que, contrario a sus rumores (no creo haber leído buena parte de su trabajo por simple morbo; eso simplemente no sucede), ha aportado tanto a nuestra cultura como el descubrimiento de una medicina o el término de un conflicto bélico. Esta cinta en particular (actuaciones, guión, atmósfera, escenas y escenarios), ha aportado tanto a mi vida como las propias obras del legendario austriaco.

A disfrutar todos de este impresionante peliculón, y ya si quieren, a seguir con las bromas. Te estoy viendo, Woody Allen.

46. THE WICKER MAN (1973) de Robin Hardy

Not the bees! Not the bees! No esta vez. No estamos ante la ahora afamada versión de Nicolas Cage, ese patético remake que convirtió la carrera de Cage en un gran y gordo meme; estamos ante una de las grandes películas británicas de todos los tiempos.

El terror en esta cinta es tan desconcertante como lo es entretenido, icónico. Es de esas cintas a las cuales agradeces tanta locura. Es la historia de un oficial que arriba a una isla en una misión. La cosa es que, alguien de la isla fue quien le contactó para buscar a una niña que no logra encontrar, y en su lugar topa con toda forma siniestra de lo que parece ser un crimen ritual. Y bueno… la cosa se pone fea. Terrible. Horrible. Todo se vuelve una espantosa pesadilla en la cual nos hallamos sonriendo de satisfacción: ¡al fin terror del bueno! ¡Al fin una de esas extrañas películas que brindan todo lo que se estaba buscando del abusado y abusivo género del terror! Tememos por la vida del pobre oficial a la vez que rogamos porque se le aparezcan más dificultades, deseosos (y morbosos) de saber cuál será su destino. Tememos por su cordura y su honor a la vez que esperamos lo peor departe de quienes habitan la isla: gente que, en principio, luce más como una comunidad incomprendida por tener tan extrañas costumbres, pero que va descubriéndose como una sociedad demente, podrida por el más insistente de los males del mundo: la religión.

The Wicker Man, la primera y única versión existente, estrenada en 1973, es algo que todo fanático del terror y en general del cine no solamente debe ver y disfrutar, sino que debe colocar, a como dé lugar, entre sus predilectas. De lo contrario… muchos guardamos en casa nuestro propio hombre de mimbre, dispuesto a llevarlos tan lejos como lo permitan las llamas del infierno.

Así es.

45. THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE (1974) de Tobe Hooper

Recuerdo haber estado obsesionado con esta cinta a lo largo de mi preparatoria. Mis amigos recordarán que tuve esta cinta adherida a mi cotidianidad como un tatuaje desproporcionado y llamativo (exaustivamente visible para los demás). Dejé de verla durante un tiempo porque era necesario hacer espacio y descubrir nuevas historias. Pasado el tiempo, volví a verla. Mala jugada. La obsesión regresó. No dejaba de verla, al grado de llegarla a repetir tres veces al día: terminaba, esperaba unos minutos para ir por bocadillos, y ponía replay; a final de cuentas, la sensación sería la misma: fascinación. Para mí, esta cinta está maldita: sé que cada vez que decida retomarla, no haré otra cosa que verla día con día, pensar en lo perfectamente bien hecha que está, obsesionarme con sus detalles, su narrativa, su ritmo, su escenarios, su atmósfera… Leatherface, de nuevo, el primer y único Leatherface, no importan continuaciones y tributos, Gunnar Hansen es Leatherface para siempre y para bien. Error técnico y narrativo que contenga esta cinta, lo justificaré, inventaré hasta lo más soso y estúpido para justificarle hasta la última gota de sangre. Esta cinta es perfecta. El viaje de Sally Hardesty, su hermano, y sus amigos, convertido en una pesadilla y, con el tiempo, en una de las grandes películas norteamericanas (punto) y una cúspide en el terror, es tan brutal ahora como lo fue en su época. Este desquiciado road trip, que por un lado no nos gustaría vivir, es sin duda de mis historias favoritas jamás contadas. Los eventos de aquel día desataron una de las grandes leyendas de los Estados Unidos (al menos el ficticio): THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE.

44. BABETTE’S FEAST (1987) de Gabriel Axel

Mientras escribo respecto a esta historia, siento un nudo en la garganta. Lagrimeo inevitablemente, mi tranquilidad asienta su apetito, y vivo una sensación de paz. Suena a oración, y lo es. Esta cinta es una oración a cuanta felicidad pueda brindarnos la comida y la mejor de las compañías.

El Festín de Babette, película legendaria y queridísima en el mundo, es la historia de un pueblito costero en Dinamarca donde viven dos bellas hermanas, hijas del cura, todo un ídolo en el pueblo. Su vida procede con la tranquilidad del mar, dedicadas a las buenas acciones, al honor de su padre y a una devoción religiosa que, contrario a los fanatismos, luce realmente como una experiencia de paz. De pronto llegan dos hombres a su vida, uno para cada hermana, en distintos periodos. Ambos quedarán marcados por la pulcra belleza de estas mujeres. Tanto que, años después de la triste separación (ambos hombres ven que no pueden corresponder al amor de estas hermanas, ya sea por cuestiones de honor o simples caminos del destino), uno de estos sujetos, famoso cantante de ópera, entrega el mejor regalo posible a las hermanas: Babette. Babette perdió a su familia en la guerra. Babette busca dónde quedarse. Babette sólo necesita un lugar donde la acepten y le brinden un pequeño sustento para su tranquilidad. Babette es excelente ama de casa y así apoyar a las hermanas para que puedan dedicarse a ayudar a los demás. Babette sabe cocinar. Y su talento, diría una de las hermanas, dará felicidad a la misma gloria de los ángeles. ¡Qué regalo será Babette para nuestro apetito! ¡Qué monumento será Babette en la eternidad! ¡Qué milagro es, sin duda, El Festín de Babette!

Lloro cada vez que retorno a esta cinta, de una felicidad que sólo podría describirles si ustedes también ahondan en sus brillantes escenas. Los invito a verla, y así conversaremos en el más íntimo banquete, donde el amor, la fe y el entendimiento se manifiestan en la simple forma de un brindis, de la alegría que produce el saber y no saber lo que Babette ha cocinado para nosotros. Babette nos ha alistado uno de mis momentos predilectos del cine, y tiene la corta duración de esta hermosísima película.

43. LISBON STORY (1994) de Win Wenders

Otra carta de amor al cine, otro gran Making Of, pero cuya narrativa se desliza entre las calles de Lisboa y una amistad por recuperar. Philip Winter, personaje recurrente en el universo de Wenders, recibe una postal de su amigo, el ocurrente y desmadroso director de cine, Friedrich Munro, quien le pide a Winter terminar el sonido de una película que deja sin terminar. Al llegar a la bella Lisboa y al no encontrar a su amigo, Winter recorre las calles en búsqueda de los sonidos que empaten con las imágenes que Munro ha dejado en un viejo edificio. Además de los sonidos, cada uno gratificante y delicioso de escuchar, Winter hallará extrañas amistades en los niños del barrio y en el grupo musical Madredeus, quienes presentarán, a lo largo de esta breve y conmovedora historia, canciones memorables y necesarias para el alma.

El valor del sonido se presenta como el núcleo del relato, cimiento desde donde partirán distintas cuestiones sobre el placer y el deber de hacer películas. Cada escena construye una forma del sonido, una interacción con un mundo que corresponde a sus ruidos y nos brinda, no solamente la apreciación auditiva, sino táctil de estos.

Todo sonidista del mundo debería ver esta cinta, después de todo es un tributo a su labor, un agradecimiento a la búsqueda de una de las partes más esenciales de la vida: todos los sonidos posibles.

42. ED WOOD (1994) de Tim Burton

La historia del “Peor Director de Todos Los Tiempos, Edward D. Wood Jr.”, es sin duda un relato sobre la paisón y el fracaso con el que todos podemos identificarnos. Continuamente nos desgastamos en el esfuerzo de llevar a cabo una gran pasión que, aún con los debidos empeños, puede no ser la gran cosa, o peor aún, ser algo verdaderamente estúpido, cutre, mediocre. Ed Wood quizás halla logrado la fama póstuma, quizás de estar vivo le resultaría un cumplido el haber sido pionero en lo peor de lo peor del cine, a los grados de fundar la categoría ‘So Bad It’s Good’. Pero, ¿y el resto de quienes lo intentan y sus fracasos decaen en el olvido, y no en altas categorías? Todo trabajo puede prestarse al olvido, a las críticas negativas, al abucheo. Pero aún con esto, pocos pueden hacer de todos esos defectos el mayor atributo posible, la mejor de las ventajas, aunque en vida se padezcan las consecuencias del rechazo.

Las desventuras del director de Plan 9 From Outer Space que conforman esta película que, a mi parecer, es el mejor trabajo de Tim Burton (siendo amo de los remakes modernos, cada uno más repulsivo que el anterior, no me extraña que el tributo cinematográfico a uno de sus ídolos sea su mayor aporte para mí), es una de las historias más empáticas que se han producido. Aquí conocemos la convicción de los apasionados que, aún bajo las interminables presiones y obstáculos de los demás o de su propia falta de talentos, no se deja vencer ni siquiera cuando no hay nada qué superar, pues a veces somos simple y sencillamente pésimos en lo que hacemos. A Ed Wood le fue bien siendo tan malo, y gracias a la vida por ello. ¡A ver todos esta cinta, y luego, la valiosísima y genial filmografía del verdadero Edward D. Wood Jr!

Cabe destacar que esta cinta contiene mi escena favorita en la historia del cine. No me importa si fue real o no, lo más seguro es que no y no tiene ninguna importancia, pero la breve conversación entre el peor director (Ed Wood) con el mejor director (Orson Welles), está más allá de mí, es simplemente  hermosa: dos hombres que, independientemente de sus facultades, comparten exactamente las mismas frustraciones, están en la misma sintonía, y sabes exactamente lo que buscan; es como una charla entre mejores amigos, sólo que sus famas fueron distintias, y ninguna de ellas perjudicial para nosotros, los espectadores. Este es mi momento favorito de todas las películas que han visto y verán en este listado.

41. WONDER BOYS (2000) de Curtis Hanson

A todos nos hace falta un excelente fin de semana, y no me refiero a la posibilidad de echarse todo el día a ver películas. A veces hace falta irse por el camino largo, meterse en un embrollo tras otro que termine por definir tu vida. Este es el mejor y más adictivo fin de semana que me ha tocado vivir, y ni siquiera me pertenece tanto como a sus personajes.

Wonder Boys, basada en la novela de Michael Chabon, es la historia de Grady Tripp, un profesor de literatura que, en vísperas del festival literario local, vive tres días de pura adrenalina emocional en compañía de su editor, un alumno brillante con problemas de identidad y extraña soltura imaginativa, otra alumna que anda caliente por él, un autor de best-sellers, una amante a quien desea declarársele definitivamente, un perro muerto en la cajuela de su auto, en pinches fin, larguísimo etcétera. El profesor Tripp congeniará con cada uno de ellos en situaciones risibles, absurdas y extrañamente concisas con su etapa de vida, permitiéndose poner cartas sobre la mesa y decidir lo que realmente necesita, no exactamente lo que quiere; ya sea terminar, de una buena vez por todas, un novelón inédito de miles de páginas, o iniciar una relación formal con su verdadero amor.

Esta es de las películas que más veces he visto en mi vida. Perdí la cuenta en la número treinta, creo. Me resulta, más que fascinante, familiar. Es como estar en casa, o pasar un excelente rato que no quieres que termine. Citable hasta el cansancio, casi a lo Withnail & I pero en un pueblillo del país gabacho, Wonder Boys es realmente medicinal, efectiva cada vez que necesitas replantearte situaciones de crisis o por el placer de ausentarte en un fin de semana ficticio, que desearías vivir cada que se presente la oportunidad.

Debo agregar también que a lo largo de la vida, uno vive días parecidos, incluso con alguno que otro perro muerto, alguna baja lamentable, pero con la seguridad de que, como el profesor Tripp, terminarás en la mejor de las compañías, una que te ayude a llegar a donde querías llegar.

C O N T I N U A R Á

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Rafael Cisneros
(León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

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