miércoles. 25.05.2022
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El Misterio de Jack Purvis

Javier Morales i García

El Misterio de Jack Purvis

Hoy ya nadie se acuerda de Jack. Todos quienes lo conocieron están muertos.

Esta historia que te voy a contar la llevo guardando mucho tiempo en mis entrañas, así que ya es hora de que salga a la luz. Ya no importa. Más tarde o más temprano, también la olvidarás.

Sólo unos pocos disfrutamos con esos sonidos y después desapareció, engullido por los nuevos.

Fue ya hace mucho tiempo, mucho tiempo... incluso me parece mentira decir que fue en otro siglo, ya que a mí me sigue pareciendo tan moderno, tan moderno...

Si muchos de los músicos de Jazz de los años 30 eran bastante pintorescos sobre todo contemplados con el paso de ese tiempo, tanto tiempo... el trompetista de raza blanca Jack Purvis (1906-1962) es el más pintoresco, bohemio y estrafalario de todos ellos. Eran los tiempos de los pequeños combos, cuando los breaks o los solos de los músicos de Jazz sólo duraban unos segundos... ¡pero qué segundos maravillosos!

Javier Morales, - El Misterio de Jack Purvis

Jack es un misterio. Y después de este homenaje o lo que sea, seguirá siendo un misterio. Ya te lo he dicho: todo el que lo conoció o escuchó está muerto y enterrado.

Sólo he visto una foto, tan vieja que se estaba rompiendo a trozos cuando la vi, pero ahí estaba Jack Purvis. Con su trompeta entre las manos, y no vayas a pensar mal, posando junto a otros presos de la prisión de Huntsville, en Texas. Un tipo joven y guapo, y que está sonriendo con toda la cara.

Parece estar disfrutando del momento. Fue en esa prisión en donde empezó a destacar como músico en la banda de la penitenciaria.  No se sabe por qué estaba allí por unos años. Parece ser que le partió la cara a algún hijo de uno de esos nuevos ricos por el petróleo.

Todo se paraba cuando hacía alguno de sus solos. Hasta los guardias le habían cogido cariño a Jack. Cuando le llegó el momento de la libertad condicional, Jack trató de buscar trabajo como músico y, al no encontrarlo fuera de la cárcel y no poder tocar con otros músicos, decidió volver a ingresar para poder seguir tocando con sus compañeros: tan fuerte era su vocación. Parece que no tuvo que esforzarse mucho en ser admitido de nuevo, pues conocía bien el camino del centro penitenciario.

Fuera de la cárcel, en régimen de libertad, la manera de ser y la conducta de Jack Purvis fueron siempre entre misteriosas y erráticas. Se recorría todo el país, cambiando de domicilio y de nombre.

Dicen que incluso cambiaba de pinta utilizando todo tipo de disfraces. Otros dicen que tenía malas compañías. Gángsters y traficantes de marihuana que había conocido en la frontera.

Tuvo más de una pelea o persecuciones que acababan de mala manera, y así toda una serie de actividades que no tenían que ver nada con la música, o tal vez sí, quién sabe.

A pesar de todo esto, como trompetista de Jazz, Jack Purvis poseía una rara cualidad que le hacía especial y diferente a los demás: una tremenda y genial inspiración para improvisar y con una técnica que llamaba la atención de quien le escuchaba, que se solía quedar con la boca abierta.

Jack no tenía ni puñetera idea de leer música ni nada de eso. Lo que había aprendido, lo había aprendido solo y sin profesores o espejos musicales donde mirarse. En la cárcel. Y era en la cárcel en donde Jack Purvis era feliz.

Así que hasta 1935, Jack estuvo entrando y saliendo de Huntsville, tocando con sus amigos en la cárcel y bebiendo whisky casero con los guardias...

La madre de Jack había muerto cuando éste era todavía un niño y se había pasado años en diferentes reformatorios, donde aprendió a tocar la trompeta y el trombón. Ya en 1921 estaba tocando en bandas de instituto de Kokomo y en 1923, siendo todavía un adolescente ya tenía un contrato en Indiana.

El siguiente paso en el mapa sería Lexington, con los Nightawks y después se va a la zona de Nueva Inglaterra, donde forma parte de la banda de Bud Rice y también con Whitey Kauffman. Tras un período tocando el trombón con el combo de Hal Kemp, decide pasar un año entero en Francia, donde toca en varios clubs con George Carhart y vuelve a los Estados Unidos para tocar la trompeta esta vez, otra vez en la banda de Hal Kemp.

Su estilo es como su vida, solos llenos de cambios y fiereza, y con un sonido propio que bebía de Pops Armstrong.

Le empiezan a llamar para sesiones de grabación con diferentes bandas en los siguientes meses y parecía que un futuro prometedor se avecinaba.

Y así es... La fama y el dinero le esperaban en California donde se codea con los hermanos Dorsey y los California Ramblers, comparte jam sessions y conversaciones sobre los arreglos con Fletcher Henderson, le llaman para programas de radio, toca con Charlie Barnett y Fred Waring, y hasta hace colaboraciones con los estudios de Hollywood y la gran orquesta de George Stoll en una maravilla llamada Leyendas de Tahiti.

Unos años antes, en Francia, ya había mostrado su interés por los viajes a lugares remotos y por el pilotaje de aviones, del que recibió lecciones.

En 1935 vuelve a Nueva York para tocar con Frank Froeba en formato cuarteto y con la orquesta de Joe Hymes, pero semanas después, Jack Purvis desaparece de la escena... y la leyenda empieza a escribirse. La lógica nos lleva a pensar que Jack Purvis prefirió quedarse con la profesión de piloto de aviones, pero también pudo ser un chef de un restaurante de Los Ángeles, o en un paradisíaco lugar de Bali. Otros dicen que se fue como mercenario a Suramérica...

En 1937, Jack Purvis entró en un local de San Pedro, California, y empezó a tocar la trompeta para que le contrataran. Se presentó al líder de la banda como Jack Carson y le contó la historia de que había estado tocando en un gran transatlántico, huyendo de la investigación de un asesinato. Unos meses después le encontramos como cocinero en Texas, hasta que le detienen por robo en El Paso.

El 30 de septiembre de 1946 Jack Purvis es puesto en libertad y le dice adiós a sus compañeros en la cárcel: The Rhythmic Swingers. No volvería jamás a tocar la trompeta...

Siguió ejerciendo de piloto por un tiempo, también de carpintero y en la ciudad de San Francisco se dedicó a arreglar viejas radios. Algunos dicen que se suicidó en 1962.

Un tipo que se parecía mucho a él apareció en un concierto del trompetista Jim Goodwin y cuando le preguntaron quién era dijo: Jack Purvis. Los dos mantuvieron unas interesantes conversaciones sobre viejas batallitas de músicos de jazz que se convierten en misterio. Era 1968.

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Javier Morales i García (Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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