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16:57h. Sábado, 23 de Septiembre de 2017

Pecado suyo, alma suya: El Monstruo Pentápodo

Bernardo Monroy

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul.
Lolita
, Vladimir Nabokov

La rutina de Raymundo Betancourt, protagonista de la novela El monstruo pentápodo de Liliana Blum: sale de su casa, realiza todos sus pendientes en las obras en cuestión, ya que se gana la vida como ingeniero, se da a conocer como un hombre ejemplar, respetado y apreciado por todos; saca a pasear a Isidro, su adorable perro labrador y mastica unos chicles de canela. Más tarde visita a su novia, Aimeé, quien por cierto es una enana. Después, ya que se desocupó, disfruta de sus pasatiempos.

Esos pasatiempos son ir a espiar niñas de cinco años nadando en la alberca de cualquier centro acuático y, si tiene suerte, secuestrarlas para encerrarlas en su sótano y abusar de ellas.

El monstruo pentápodo de Liliana Blum, cuyo título viene de una frase de “Lolita” de Vladimir Nabokov (no pudo ser más apropiado), es una novela que está dando mucho de qué hablar y no es para menos, pues profundiza en las pasiones, obsesiones y deseos, tanto emocionales como carnales, de un pedófilo.

Monroy, Bernardo - Pecado suyo, alma suya (3)A lo largo de la novela seguimos al personaje en cuestión y a Aimeé, quien al recibir el supuesto amor de Raymundo se convierte en cómplice del criminal.

La historia arranca cuando Raymundo ve a una niña en una alberca y se enamora de ella. Poco a poco va urdiendo un plan para secuestrarla y tenerla encerrada en su sótano, pero de manera elaborada, ya que ésa es su segunda víctima y a la primera la tuvo que matar.

Liliana Blum maneja de manera brillante la psicología de los personajes. Para Raymundo, si las madres se descuidan un momento, es “por estúpidas”; y si una niña no le da jalón, pues es porque tiene una “mala actitud”. Él se siente como un pobre incomprendido, no se ve como un criminal.

Las referencias literarias, históricas y de cultura pop en la novela son adecuadas, así como la investigación de la autora: la novela El coleccionista de John Fowles, que trata sobre un tipo tímido, godínez cualquiera, que secuestra a una chica para mantenerla en su sótano, así como el caso verídico de Graham Overden, pintor que después de abusar de las niñas que usaba como modelo, fue llevado a prisión y su obra artística destruida. Para Cinthia, la pequeña secuestrada, Raymundo es un ogro, “pero no bueno como Shrek” dice ella.

Aterradora, repugnante, escabrosa, eso es El monstruo pentápodo… pero también, una lectura que no se puede abandonar.

Fuego de sus entrañas

El pedófilo como personaje literario no es un tema muy común, pero sí ha aparecido en otras novelas y textos dramáticos. A diferencia del asesino serial, como el caso de Hannibal Lecter de Thomas Harris, o el brillante Profesor James Moriarty de Sir Arthur Conan Doyle, cuyo carisma, buen gusto e inteligencia provocan fascinación en el lector, los pedófilos no pueden hacer que sintamos empatía.

Quizá el pedófilo más famoso en la historia de la literatura es Humbert Humbert, protagonista de Lolita. Es un profesor de poesía francesa cuya forma de hablar es sarcástica, nada que ver con el repugnante y manipulador Raymundo Betancourt. Muchos listados de personajes literarios famosos lo ubican como uno de los personajes más destacados de la literatura, al lado de otros como Holden Caulfield, Aureliano Buendía o Nick Carraway.

Menos popular que Humbert y más conflictuado emocionalmente, está Walter, protagonista de la obra de teatro The Woodsman de Steven Fechter, que trata de un pedófilo que se debate entre sus pasiones y su necesidad de encajar en la sociedad. De este texto dramático hay una adaptación cinematográfica, cuyo papel principal hace Kevin Bacon, quien por cierto tiene experiencia haciendo a personajes con esta parafilia, prueba de ello fue el custodio Sean Nokes en Sleepers.

Escritores pedófilos famosos ha habido muchos, pero el más célebre creció en la Inglaterra Victoriana y escribió el clásico Alicia en el País de las Maravillas. Mucho se ha debatido sobre los deseos de este genio literario y matemático, Lewis Carroll, a quien le encantaba fotografiar niñas y se inspiró en la pequeña Alice Liddell para crear a uno de los personajes más famosos de las letras universales.

Otro caso, también victoriano y más debatido todavía, es el de James Matthew Barrie el creador de Peter Pan. Muchos críticos han afirmado que era pedófilo y homosexual reprimido, pero sus herederos han salido en su defensa. Era cierto que a Barrie le encantaba jugar con niños pequeños, pero eso se debía a que tuvo una madre castrante que le impidió tener una niñez feliz. Parte de esto se explica en la película Finding Neverland protagonizada por Johnny Depp.

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Bernardo Monroy
 nació en 1982 en México D.F. y actualmente vive en León, Guanajuato. Es periodista y ha publicado el libro de cuentos El Gato con Converse y la novela La Liga Latinoamericana; así como la novela electrónica Slasher, disponible gratuitamente en el portal Zona Literatura, y W.M.D. y Segunda Temporada en el portal Penumbria. Es aficionado a los videojuegos, los cómics y los géneros de terror, fantasía y ciencia ficción, y escribe porque está frustrado, ya que nunca pudo ingresar a la Escuela de Jóvenes Dotados del Profesor Xavier. Sus textos han sido traducidos al klingon y al élfico.

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