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21:41h. Domingo, 25 de Junio de 2017

DIARIO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia XXI

José Luis Justes Amador

Junio, 8

Voy a una presentación de la única biografía del injustamente olvidado Peter Schaz. El autor, doctor en literatura y experto en la época dorada de Hollywood, se pega toda la presentación. Mientras hablan de su obra, preparando mojitos y con un cigarro sin encender en los dedos. De vez en cuando se lo lleva a los labios. Pienso en las diferencias entre estar en un estrado, una mesa en este caso, y estar entre el público. Más allá de la obvia, él tiene un libro y yo no, hay una que tiene que ver con mi obsesión por el cigarro. Mejor dicho, por dejarlo. Él no puede libremente, podría pero no sería cortés, levantarse de la mesa y prender en el patio del recinto cultural el cigarro. Yo, sí. Escucho parte de la intervención del primer presentador (¡¡¡que habla de Gould!!!) desde la puerta, con la mano afuera con un cigarrillo prendido.

Acaba la presentación y durante el brindis, con mojitos, claro, el autor firma los ejemplares que se venden. Poco a poco, la sala se va vaciando hasta que apenas quedamos unos cuántos. Aunque es ilegal. prendemos nuestros cigarrillos. Es el principio de una noche en la que fumo sin parar.

 

Junio, 9

Me levanto con un espantoso dolor de cabeza en el pecho. No, no es un error. Escribí eso: “dolor de cabeza en el pecho”. Había oído varias veces la expresión “cruda de cigarro”. La entiendo por primera vez.

 

Junio, 10

Me llama un amigo de Monterrey cuando sabe que al fin he recibido el libro que me mandó hace una semana. Hablamos bastante tiempo. Llevaba toda la mañana sin fumar porque el dolor en el pecho (espero que no sea el corazón, pero no quiero ir al doctor) persistía. Hablamos de su libro, de editoriales, de amigos comunes y de música. Su libro está lleno de referencias al pop y al rock de todas las épocas. “La vida es una mierda y Revolver un discazo”. Le digo que es imposible que no me guste un libro que tiene esa frase. Es un experto para las frases. Ya casi acabando la conversación suelta una que rompe mi abstinencia. “Mi libro es para leer fumando”.

Las dos siguientes horas las paso haciendo realidad su frase. Un cigarrillo por cuento. Catorce en una sentada.

Ya no me duele el pecho.

 

Junio, 11

Acudo a una entrevista de trabajo. El camino en taxi es de casi media hora. Llegaré exacto y puntual. Como he vuelto a acostumbrarme a hacer, le pido permiso al chofer para poder fumar. Casi todos acceden; éste no. Por desgracia, el único libro que cargo conmigo es el que su propio autor me recomendó fumar leyendo. Para distraerme, lo releo y reconozco que el autor tenía razón. Se lee mucho mejor fumando.

 

Junio, 12

Se acerca la mitad del mes y en éste todavía no he cumplido la media de estar todo un día sin fumar. Hoy me venció el nerviosismo de esperar la llamada de vuelta del trabajo al que fui. Para superarlo fumé. La llamada no llegó nunca.

 

Junio, 13

Me llama M. Me dice que en su empresa hay una vacante como traductor. Me pide que envíe el curriculum. Sigo en la cama fumando y rezando para que ésta sí funcione. Me llama media hora después y tengo que mentirle diciendo que tengo problemas con Internet. Al final lo hago.

 

Junio, 14

Recibo una llamada de la empresa para citarme a los cinco días. Entre las preguntas que me hacen está la de “¿Fuma usted?”. Recuerdo que es una empresa textil.

 

Junio, 15

Alguien me ofrece uno de los cigarrillos más deliciosos que existen. Nunca aprenderé a pronunciar Gauloises.

 

 

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