Es lo Cotidiano

DIARIO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XXV]

José Luis Justes Amador

Abstinencia [XXV]

Julio, 23

Esta semana parece que las cosas marchan mejor. El plan primero, el de no cargar con tabaco, está funcionando. La tentación sigue ahí pero es más difícil cumplirla. El plan segundo, el de resistir el impulso al menos media hora, también está funcionando. Lo difícil, como ocurre en cualquier batalla, es el mantener la posición firme. Ayer fui a ver una película sobre la huida de los ingleses en la segunda guerra mundial. Hoy en la mañana leí un artículo sobre ese acontecimiento histórico. Los ingleses pudieron huir porque los alemanes no lanzaron todas sus fuerzas. Es una película y es historia. Si el tabaco no atacara con todas sus fuerzas diciendo “fúmame, fúmame”, yo tendría posibilidades de ganar. Mientras, sigo intentándolo.

Julio, 24

Reflexiono sobre lo que escribí ayer. Atribuir a un ser inanimado (había escrito inamado, pero ni lo es ni la palabra existe) la capacidad de mover la voluntad de uno animado (y racional, supongo) es buscar excusas donde no las hay. Por ahora mantengo la dosis de entre ocho y diez al día. El siguiente paso (llevo escribiendo y pensando eso desde el uno de enero de este año) es ir bajando la dosis o asumir que el cuerpo se acostumbre a ésta y después cortar radicalmente. Queda poco menos de medio año para decidir (o improvisar) la estrategia.

Julio, 25

Vuelvo a pensar de nuevo en dejar el diario. En cambiarlo de giro. En otra publicación estoy sacando, mensualmente, un recuento alfabético y con iniciales de lo que fue mi vida amorosa (qué extraña expresión). Pienso en ese “diario sentimental” y en este diario de la abstinencia y se me ocurre otra idea. Un “diario de la derrota”. No tengo el valor suficiente para hacerlo. Lo difícil no es ser derrotado. Lo difícil no es saber que uno ha sido derrotado. Lo difícil es asumirlo.

Julio, 26

Se supone, y tras seis meses es la primera vez que lo pienso, que debería, conforme se van logrando metas, resultar cada vez menos costoso. Sin embargo, y a pesar de lo esperado, es cada vez más costoso, más complicado. He vuelto a comprar una cajetilla. La idea es racionarla. El problema es que cuando quiero esconderla, sé perfectamente dónde la he escondido. Es absurdo pero me gusta la idea de comprobar la imposibilidad de cumplir con el precepto evangélico: que no sepa tu mano izquierda donde está el tabaco que has escondido con tu mano derecha.

Julio, 27

Preparo una charla sobre poesía argentina contemporánea. Busco imágenes para acompañar el cartel que las anunciará. La mitad de los escritores y escritoras que encuentro están fumando. Tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no realizar la misma actividad que ellos. En cuanto prendo el primero no puedo dejar de continuar. Lo malo es que me he saltado las reglas autoimpuestas, lo bueno es que la charla está quedando bien. Elaboro una teoría sobre los cuatro puntos cardinales a los cuales se dispara lo que podríamos llamar los cuatro modos, las cuatro estaciones.

Julio, 28

Hoy cumple años M. La llamo una y otra vez a su teléfono para felicitarla. No contesta. Al cabo de una hora más o menos llega un mensaje suyo. “Estoy en junta”. Todo el rato de la espera, desde el primer intento hasta el mensaje, lo paso fumando. Pienso lo peor. Simplemente estaba en una junta de trabajo. Le digo que no debería trabajar en un sitio en el que le obliguen a ir a juntas el día mismo de sus cumpleaños. Yo pienso que no debería estar en situaciones que me “obligaran” a fumar. Estamos como empezamos.

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