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13:02h. Martes, 25 de Septiembre de 2018

Historias de Macca [II]

Drive My Car

Beto Cronopio

Juanito era un señor que vendía material de The Beatles en el Chopo, principalmente bootlegs europeos (debido a las restricciones de derechos de autor, Estados Unidos o Inglaterra, tienen mucho riesgo para sacar material desde ahí). Era la mar de amable, me vendía material, me daba crédito, iba a la oficina a cobrar. En mis viajes a Los Ángeles yo conseguía y traía material gringo y, a veces, le daba a consignación. Mucho tiempo después se enfermó, le doné unos pósters italianos para que se ayudara y todavía lo alcancé a ver en el hospital. Falleció y aunque su esposa e hijos intentaron seguir con el negocio, terminaron traspasando el puesto.

Los rumores de la llegada a México de la gira de Paul continuaban en aquel entonces. Un día, Juanito me llamó a la oficina para decirme que era oficial que venía Paul; no le tomé mucha importancia hasta que me dio un número de teléfono que era una línea de Coca-Cola en la que, si marcabas, escuchabas un comercial anunciando la gira. Grite de la emoción. Salió mi jefe a averiguar y le pedí unos minutos, pues tenía que avisarlo urbi et orbi.

Hay un programa de radio en la Ciudad de México llamado La hora de los Beatles, que se transmite en forma ininterrumpida desde –fácil– 1964, además con un muy buen rating. Originalmente se trasmitía en AM en el 790, llegando a tener ¡tres programas diarios de una hora! Después se pasó a Universal Stereo y ahora “sólo” tienen dos programas de una hora. Paul, George y Ringo están enterados de ese programa; John quizá supo; un amigo se ganó una conferencia telefónica con él, agendada para enero de 1981…

Pues bien, estaba escuchando la hora de los Beatles y marqué a cabina hasta lograr que entrara la llamada. Hablé con Enrique Rojas, titular del programa, y al principio no me peló. Le di el número de la línea Coca-Cola y hasta interrumpió la rola para anunciarlo.

En esa época la compra de boletos era en las tiendas de discos Mixup por lo que teníamos que ir a formarnos, por lo menos una noche antes. La mayoría de la gente del Club se organizó para velar en la tienda de Zona Rosa, pero mi secreto era ir a la tienda de Plaza Coyoacán, que tenía poca gente. Llegué temprano y compré mis boletos. Tiempo después, por Universal Stereo me gané un par de boletos para la segunda fecha.

Así, el 25 y 27 de noviembre de 1993 acudimos a presenciar el concierto de Paul McCartney, The New World Tour, en el Autódromo Hermanos Rodríguez. ¡La construcción del lugar –los escalones, los asientos– era a base de madera! Todo era como estar en una obra. Todavía en esa gira te regalaban el tour book. En la entrada los ambulantes te vendían unas latas de Coca-Cola conmemorativas con el rostro de Paul; compré una charola y las guardé. Hoy en día, con refresco se venden en 50 dólares y vacías en 15. El ambiente previo fue increíble: la prensa y la televisión hablaban de la visita de un Beatle a México.

Después de proyectar un video, se dibujó la silueta del bajo Hoffner tipo violín, y después un brazo sosteniéndolo. Era real. Paul McCartney inició su concierto con "Drive My Car". Los coros de más de 50 mil fans cantando el "¡beep beep beep yeah!" eran maravillosos.

Hay que recordar que en esa época Linda era parte de su banda y hacía coros, entonces imaginen la emoción de escuchar "My Love" y ver a Paul cantándosela a su esposa, que estaba a tan solo unos metros. Por cierto, Wix, el tecladista de la banda, siempre trae una lámpara de lava en su sección, honrando la memoria de Lovely Linda.

Si bien es cierto que en otros conciertos el público mexicano ya hacía lo de prender y apagar los encendedores al ritmo de la música, Paul no lo había visto nunca y se asombró: lo dijo claramente, pidió que se hiciera sin música, alargó rolas, y hasta preguntó “¿qué le ponen al agua de acá?”

Cerró su concierto con ese himno a la esperanza que es "Hey Jude" y el coro, "nah, nah, nah, nah, nnnaaaahhhhh" se escuchó por todo el lugar. Fue tal la energía que se mostró al final, que Wix dejó su lugar, tomó una cámara de video y grabó a la audiencia desde el escenario. Un amigo me dijo que en su fila todos se abrazaron de los hombros, se movían de izquierda a derecha y algunos lloraban. Yo puedo asegurar que ya había terminado el concierto, ya habíamos bajado las escaleras y nos encaminábamos al estacionamiento, y durante todo ese lapso seguíamos cantando "Hey Jude".

Así que yo reclamo desde aquí que el concierto más emotivo en México de Sir Paul, fue el primero.

Hace como cinco años en una entrevista por Internet preguntaron a Paul a qué lugar le gustaría regresar a tocar. Rápido, contestó "La Caverna". Cuando le precisaron de algún lugar en la actualidad, dijo: "Liverpool y México".

C O N T I N U A R Á

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Beto Cronopio
(Cd. de México). 46 años. Fan de The Beatles y del rock mexicano de los años 70, incluyendo el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro. Ávido lector de dichos temas.

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