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21:16h. Lunes, 24 de Septiembre de 2018

Diario de una millennial musicómana y nostálgica

La noche

Daniela Aguilar

Si todo se hiciera como nos gusta, no tendríamos de qué hablar. Los héroes serían tantos que dejarían de asombrar. Aburrido.

No me molestaría una racha en la que todos fuéramos pequeños héroes de alguien más, de nosotros mismos, una temporada al menos en que para hablar de lo que pasa en el mundo grande o en el propio no hay más que hacerlo. Nadie en contra.

Ambos son ideales o ideas que difícilmente serán, a menos que hagamos que pasen. ¿Frase ingenua? ¿Frase hecha? Por algo será. A estas alturas es repetitivo, cacofónico, cansado. Pero adivina, Daniela, así como detrás de los Reyes Magos hay otros más y miles de duendecillos trabajando para que la magia llegue al amanecer, así puede suceder con todo.

De día, la radio acompaña y hace más llevaderos los silencios incómodos. Pero es un ruido de fondo. Tarareo todas las canciones, no necesito apagar el aparato. Ahí está, como un zumbido más en la banda sonora de la ciudad.

Y un día, no recuerdo cuándo, decidí escuchar música sólo por la noche. Mi música. Antes tenía un ritual que consistía en escuchar una canción o dos antes de dormir, sobre todo recomendadas por amigos. Como el cuento antes de ir a la cama o el beso de buenas noches.

La magia a la que últimamente apelo no ocurre por la mañana ni por la tarde, sino antes de ir a dormir. Me lleva al pasado a dejar la carta con las peticiones y bajar antes de la media noche a husmear en los regalos. Así me llevo a Self, a Girlpool o a los Libertines a la cama y despierto con ellos en la mente, con la sorpresa nocturna y la seguridad matutina. Funciona. Tal vez es lo que busco.

Se trata del rito de la canción, pero extendido. La hora es mía, el espacio es mío y los demás ya no interrumpen, no hay otras presencias que yo y esas voces, esos instrumentos. Admito que suena a lo más egoísta. Qué más da.

Le he tomado cariño a escuchar de noche, porque como ya dije, al amanecer sé que ya tuve algo bueno y es que no soy súper héroe, lo que pasa alrededor no corre por mi cuenta.

Claro, quiero conquistar el mundo y hacer que mi ciudad sea el centro de él (o tal vez mi habitación). Quiero más movimiento, más guitarrazos, que se mueva todo.

En estas noches me topo con voces que hablan de su mundo con mucha claridad; me topo con visiones del que está al otro lado de la bocina. Sus canciones tienen palabras que sabemos descifrar y causan sensaciones que aquí llegan, rebotan y nunca vuelven.

Y por eso hay que poner a girar los discos de nuevo. Una y otra vez.

***
Daniela Aguilar
(León, Guanajuato, 2001) es estudiante, escritora en ciernes y entusiasta de los discos. La música pop transformó su vida. Siente una extraña nostalgia por épocas que no vivió, pero ama con intensidad su era de las redes sociales y la inmediatez.

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