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13:29h. Sábado, 19 de Agosto de 2017

DIARIO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XXVII]

José Luis Justes Amador

Fotografía de Gabriela Mosqueda
Fotografía de Gabriela Mosqueda

Julio, 29

A partir de hoy para llegar mi nuevo trabajo tengo que hacer una hora de ida y otra de vuelta. Si tengo la suerte (o, mejor dicho, la desgracia) de ir con una compañera de trabajo en lugar de en transporte público puedo, aunque no debo, sucumbir a la tentación de abrir la ventanilla del carro, algo que se agradece con este calor, y fumar dos o tres cigarrillos durante el viaje. Hay días que aguanto y fumo uno solo. Hay días que, por las circunstancias que sean, son cuatro o cinco en una hora. En cambio, cuando voy en transporte público, me veo obligado a estar una hora sin fumar. Todo lo que dura el trayecto. Los dos únicos cigarros de toda esa hora son el de antes de abordarlo y el que prendo nada más bajar. Dos cigarros para celebrar que estoy una hora sin ellos. Un paréntesis de abstinencia delimitado, precisamente, por aquello que evito.

 

Julio, 30

El lugar en el que, al fin, trabajo tiene que ver con la preparación de los alimentos. Por supuesto está más que prohibido fumar en las instalaciones. Una vez más las circunstancias se alían para que yo pueda cumplir mi propósito. Por obligación la dosis cada día es menor. Cada día es la de los tres cigarros que se me permiten fumar durante las ocho horas de trabajo.

 

Julio, 31

Ya han pasado las lluvias. Ha vuelto el calor y con él han remitido los deseos de fumar a todas horas.

 

Agosto, 1

Regreso siempre del trabajo con mi compañera. Apenas salimos nos detenemos en una abarrotería donde compramos la cerveza suficiente como para soportar la hora de regreso hasta casa y los chismes con que aderezamos el camino de vuelta. El primer día que hicimos eso no pude evitar (si se puede; sería más correcto escribir “no quise evitar”) prender uno tras otro como si estuviéramos en un bar ambulante. Ahora los espacio. Tengo miedo a perder todo lo ganado. Aunque pienso en el refrán “si Mahoma no va a los bares, los bares acaban por llegar a Mahoma”. Sea como sea, ese será mi lugar de lucha el mes que apenas comienza.

 

Agosto, 2

“Encontrar una imagen suficientemente amplia como para incorporar el entero mundo conocible a mi alrededor”, escribe William Carlos Williams en la nota que abre “Paterson”. Aunque habla de su poema, habla en general de todos y de casi cualquier circunstancia. Cierro el libro y pienso en cuanto de mundo conocible hay en estas líneas que hablan de nicotina y sus efectos, pero no sólo de eso.

 

Agosto, 3

Ocho horas seguidas sin prender un solo cigarrillo. Las ganas de hacerlo van y vuelven. Estas ocho horas hacen que crea que es posible hacerlo. ¿Basta con que algo sea posible para que exista? La respuesta es no. Me reafirmo en el hecho de que hablando de lo que sea en realidad se habla de uno mismo.

 

Agosto, 4

Van llegando las canciones que once grupos locales han grabado para un proyecto en el que estoy involucrado. Cada una de ellas, la celebración de su llegada y su calidad, merecen un cigarro. Cualquier excusa es buena para saltarse la dieta.

 

Agosto, 5

Hacía un tiempo que no iba al cine. Voy a ver la última película del director de “Coffee and cigarrettes”. Curiosamente nadie fuma en ésta. Y pienso en que no es lo único prohibido en el cine últimamente. Cuanto más abiertos y tolerantes parecemos, más intolerantes nos volvemos con otras cosas. Eso pienso de ellos, de los otros. Sean quienes sean ellos, sean quienes sean los otros.

 

 

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