Sábado. 07.12.2019
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HISTORIAS DE MACCA [III/III]

Every Night

Beto Cronopio

Paul McCartney
Paul McCartney

Le agarré gusto a ver en vivo a Sir Paul McCartney, cómo decir que no. Cada vez que tocaba en Los Ángeles, me lanzaba a verlo. Y una vez, me enteré que actuaría en el Concierto del Día de la Tierra en el Hollywood Bowl. E

Me decidí el mero día a ir. De pura casualidad encontré boleto y entré. Sabía que iba a tocar cuando mucho tres rolas, además como acto final, por lo que me tuve que chutar a tooodos los artistas. Cuando entró Paul presentó a un invitado muy especial: ¡Ringo Starr! Hasta desperté. ¡Pude ver el primer minishow de The Twoetles! El Hollywood Bowl se caía entre aplausos y gritos.

En esos viajes aprovechaba para ir a Rockaway Records en Glendale y a Pepperland en Anaheim para buscar material. La primera vez me llevó un primo que se tuvo que chutar tres horas de espera, no porque comprara mucho material, sino porque llevaba tan pocos dolarucos que revisaba y volvía a revisar lo que iba a llevar. También iba cuando iban a lanzar algún CD y me regresaba ese mismo día para venderlo en la comunidad beatlefan chilanga.

Desde luego, asistí a los conciertos de Sir Paul en México: Palacio de los Deportes, Foro Sol, Estadio Azteca, ChivaEstadio. Compraba siempre mi tour book y playera oficial.

Alguna vez trabajé en una empresa de sonorización de eventos masivos. Uno de los socios y el mejor técnico que he conocido era Gino Cardelli; su ascenso fue meteórico y los grupos se peleaban por llevárselo. Luego trabajó con Luis Miguel, después en Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, y cuando agotó todo el mercado mexicano se fue a Las Vegas.

El primer día que Sir Paul se presentó en el Palacio de los Deportes, estaba en la fila 14 con mi esposa quien se puso a leer el tour book y me avisó que en los créditos aparecía el nombre de Gino. Mi emoción fue grande, pero mi sorpresa fue verlo caminando en el escenario, rápido le grité, me acerqué a la valla y vaya que lo saludé efusivamente. Me platicó que se integraba a la gira de Paul y que la siguiente semana se iba a Japón, que tendría solo un par de días libres que los quería dedicar para estar con sus papás. Me dijo que 15 minutos antes del show iría por mí. Llegó el momento, dejé mi lugar y mi amigo llegó con un gafete extra, me condujo por atrás del escenario y me dio las indicaciones: no saludas, no interrumpes, solo lo verás. Y sí, estuve en el pasillo antes de las escaleras y vi pasar a la banda y al mismísimo Sir Paul ¡a menos de tres metros de distancia!

Se me metió la idea de que era una obligación como padre llevar a mis hijos a verlo en vivo. Ya cumplí con #LaVales, ahora me falta el #SrDonLeo pero siento que está todavía muy pequeño.

¿Qué aprendí de ver tantas veces a Paul en vivo?

  • Cuenta con el mejor equipo: audio, video, iluminación, efectos especiales. Siempre utiliza lo mejor. SIEMPRE.
  • A México no trae todo el equipo. Aún recuerdo cuando, emocionado, le dije a mi esposa: “Ahora se va a elevar en una plataforma mientras canta”... ¡y no trajo la plataforma! ¡T o i n g!
  • Selecciona meticulosamente el setlist. Está bárbaro.
  • Al regreso a giras en Estados Unidos, Paul se daba el lujo de bajarse de su transporte antes del soundcheck y se ponía a autografiar elepés. La gente lo esperaba en una fila normalita.
  • Es caro, sin duda. Piensen que es como ver a Mozart en Salzburgo. O, bueno, eso es lo que yo pienso cuando tengo que pagar los tickets.
  • El opening es fantástico: a veces es un video, un show tipo Cirque du Soleil, un DJ tocando versiones raras de los Beatles… pero ese minúsculo instante en que se para para saludar antes de rockear es muy disfrutable.
  • El homenaje que hace a sus hermanos George y John te hará llorar. Si no, no eres ser humano.
  • Sin duda es un viaje nostálgico, directo a tus emociones.

 

***
Beto Cronopio
(Cd. de México). 46 años. Fan de The Beatles y del rock mexicano de los años 70, incluyendo el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro. Ávido lector de estos temas.

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