Buscar
10:25h. Jueves, 23 de Noviembre de 2017

CUADERNO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XXVIII]

José Luis Justes Amador

Cuba para principiantes
Cuba para principiantes

Agosto, 7
He logrado mantener la dosis en diez cigarrillos al día. Sus cuándos y el espaciamiento varían según las circunstancias.

Dejo pasar diez minutos antes de que llegue la primera necesidad. Convivo con ella como conviviría con un animal doméstico. Como conviviría con un perro o con un gato. A veces la ansiedad es más como el primero, dando vueltas y vueltas alrededor de uno para que juguemos con él o lo saquemos a pasear. A veces más como el segundo, importunando de un modo ineludible y que requiere de nuestra atención. La ansiedad, como los animales domésticos, gana siempre. Siempre acaba ganando nuestra atención y nuestras acciones.

Agosto, 8
He decidido, con el ahorro que supone que una cajetilla dure dos días en lugar de uno, comprar cerveza  para celebrar el ¿triunfo? Debería haber sabido antes que era un error. Siempre, desde que intenté esta aventura y este diario, no he podido evitar beber fumando. O fumar bebiendo. La dosis aumenta siempre con el alcohol. Y en proporción exponencial. Es decir, a mayor ingesta de alcohol, mayor deseo o necesidad de nicotina.

Tras cinco días manteniendo a raya al tigre (porque no siempre es un animal doméstico), con un solo litro de cerveza fumé la mitad de lo previsto para el día. Lo peor es que ya me había fumado lo previsto para el día.

Agosto, 9
El miércoles es mi día de descanso. Lo aprovecho para hacer las visitas que antes estaban espaciadas a lo largo de todo el día. Las mismas que antes estaban espaciadas a lo largo la semana. Eso quiere decir que los cigarros sociales (que a pesar de todo, por muy sociales que sean, siguen siendo nicotina en el cuerpo) que antes se espaciaban a lo largo de la semana, se juntan en solo día. Pierdo la cuenta. Conclusión sencilla: las ocasiones no deben juntarse. Y si se juntan hay que encontrar una manera para este nuevo problema.

Agosto, 10
Llego a una entrevista de trabajo a una universidad que es smoke free. Llego, por circunstancias del transporte, una hora antes. Afuera de la universidad todavía se puede fumar pero he olvidado el tabaco. Pregunto. La abarrotería más cercana (estamos en medio de la nada) está a medio kilómetro. Tengo tiempo. Camino. Estoy nervioso por la clase muestra que tengo que dar. En realidad estoy nervioso por la respuesta, por la aceptación. Sería ganar el doble de lo que ahora gano. Lo cual sigue siendo una miseria. Fumo todo el camino de vuelta.

Agosto, 11
Voy a ver a un grupo que se llama “Adultos Jóvenes”.  El bar está lleno y, sin embargo, sólo somos ocho personas viéndolos. Llega un amigo que antes ha mandado un mensaje preguntando si necesitábamos algo del OXXO. “Sí, cigarros”, compra dos cajetillas. No logro acabarlas en una noche, pero casi.

Al día siguiente recibiré un mensaje privado del jefe de meseros del tugurio. Se nos olvidó pagar. Demasiado alcohol. Supongo que también demasiados cigarros.

Agosto, 12
Hoy termino de trabajar en un lugar para comenzar en otro el lunes que viene. La inseguridad laboral, en cierto modo, es parecida a la inseguridad de la adicción: uno sabe que existe, pero no sabe cuándo va a parecer de nuevo. Como la adicción, uno desea que esté siempre. Pero no depende de uno. La única diferencia, la más grave, es que uno puede vivir sin adicción pero no sin trabajo.

Esa es la gran diferencia entre necesidad y necesidad adquirida. ¿Qué adquirimos y que nos hace ser adquiridos? Si tuviera la respuesta fumaría mientras escribo manuales de superación personal. Pero no todo lo que uno quiere se cumple.

Prendo un cigarrillo para celebrarlo.

[Ir a la portada de Tachas 218]