Buscar
03:27h. Miércoles, 18 de Octubre de 2017

Extendió el brazo de su poder y disipó el orgullo de los soberbios

Fátima Alba Rendón-Huerta

Otra Última Cena
Otra Última Cena

…A los necesitados los llenó de memes, a los ricos los dejó sin pose alguna.

Aquella facultad para multiplicar vegetarianos y marxistas se inscribe en la hagiografía de Rius, hombre de «polvo, sudor y hierro»[1] que, en vez de convertir el agua en vino, o el vino en poesía maldita de bolsillo, propició el diálogo entre los miles de Méxicos que hablan las lenguas de la desigualdad. Cuestionó al odio, supo que la solemnidad es tonta y que un intelectual no es aquel que sobreactúa su importancia, ni un poderoso es, necesariamente, una autoridad.

Creció y murió en una Patria que prefirió letras grandes y coloridas por su miopía histórica y gracejadas gráficas por un asunto de inocencia. No fue de izquierda ni de derecha, sino de sentido común —que es el menos común de los sentidos—.

Periodistas —ya muertos, casi todos… pero todos memorables—; activistas —especies que ahora crecen veinte centímetros por año, en cautiverio, sin moverse del couch para buscar el change.org—; académicos —o clientes de lo abstruso, custodios profesionales de Atalayas—, todos han aprendido sobre la libertad a través de los trazos de Eduardo del Río, que burló tiempo y censura con una obra didáctica e irreverente, que exhibe la bella democracia del fracaso y las exquisiteces de doctrinas y vidas palaciegas.

“No le falta razón a quien dice que «las calles de México están llenas de música» porque aquí hasta las tripas cantan.”[2] Repican las campanas en todo pueblo, universidad, transporte, guardería, fábrica, escuela normal u oficina, y su vibrato es el aullido de la tristeza, el grito del hambre que crea filas de esclavos movidos por precarios libros de autoayuda que contienen las pistas utópicas para el triunfo milagroso.

Importa poco quién dirigirá el navío de la miseria que es el mundo, pero los hinchas del Atlético Reumático no desistirán en su combate contra el fanatismo y la intolerancia, a pesar de la ascensión de su línea más recta. Rius lo dibujó todo para facilitar la comprensión entre personas; ajeno a la petulancia verbal del investigador, demostró que hacer ciencia —social— es, acaso, la única forma de heroísmo. 

***
Fátima Alba Rendón-Huerta es investigadora de fenómenos ilógicos y otros temas que a nadie le importan; productora de trucos de magia para divertir gansos, y robot que resuelve problemas por automatismo psíquico. Tiene una valija lista para huir, un gato llamado Señor y una vasta experiencia en el fracaso. Tuvo estudios, pero perdió la memoria.

[Ir a la portada de Tachas 218]

 

[1] Manuel Machado.

[2] Rius, Feria Internacional del Libro, Guadalajara, 2010.