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13:14h. Sábado, 23 de Septiembre de 2017

Snap!, la música underground leonesa a finales de la década del 2000

Esteban Cisneros

Juan de las Negras
Juan de las Negras

Entre 2006 y 2009, León vivió una escena modernista efervescente y que, lookin’ back, nos dio buenas canciones, buenas fiestas y mejores historias. Este pequeño y desorganizado movimiento sigue vivo, aunque dormido, y estoy seguro que despertará en algún momento, pronto. Y depende de nosotros.

El 2 de agosto de 2008 apareció una hoja informativa, Snap!, editada por mí y algunos compañeros de campo de batalla. El motivo fue un gig colectivo al que los organizadores llamaron, acertadamente, Going Underground. En la hoja se incluía una pequeña semblanza de cada uno de los grupos que aparecieron. La fiesta fue memorable.

Comparto en estas líneas las semblanzas que mis compañeros hicieron. Algunos grupos siguen activos, otros no más; otros están en pausas indefinidas, esperando el momento para volver a explotar. No hay nostalgia en estas líneas. Esto seguirá vivo.

Juan de las Negras: Sonidos y Alteraciones

Conformado originalmente por tres amigos inseparables, este proyecto experimental mezcla una amplia gama de ritmos como bossa nova, funk, blues, jazz, rock progresivo... El grupo cuenta actualmente con un demo grabado en este mismo año, el cual denota la fuerte influencia de grupos como Jethro Tull, Dead Can Dance, Alain Goraguer, Pink Floyd, Miles Davis y Portishead.

Estos “peinaos” tratan de plasmar por medio de sonidos sus experiencias y alucines, no se preocupan por sonar igual en sus presentaciones. De hecho, ellos mismos comentan que las canciones, aunque llevan ciertos lineamientos, nunca se tocan igual. Para el grupo es nuevo cada lugar y cada momento en el que se vive.

-Ulises Fourbee Segoviano R.

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Los Padrinos!: Fuck art, let’s dance!

¡No todo está perdido! Dentro de la oscuridad hay una luz que nunca se apaga. Entre todas las bandas sin gracia resplandecen, en technicolor, Los Padrinos!, agrupación leonesa que a pesar de haberse formado en 2006 mantiene un sonido que hace evidente sus influencias sixties y su nostalgia por la época.

La propuesta es sencilla: obligarnos a mover la cabeza, hacer bailar a las chicas. ¿Acaso sirve para algo más la música? Por medio de un elegante estilo pop-garajero, geniales estribillos y letras llenas de referencias pop, consiguen sorprendernos a cada momento. Sus canciones no cambian el mundo (entre otras cosas, porque no lo pretenden), pero sí definen momentos, producen sensaciones y se instalan en nuestra mente, haciendo imposible no tararearlas a la menor provocación.

Hay grupos famosos y grupos relevantes. Los Padrinos! entran en la segunda categoría por tener un sonido que produce cosquillas, que obliga a mover los pies y chasquear los dedos. Esa sí es música bonita, como la de antes.

-Pablo Serrano.

* * *

Los Psychodeliciosos: The Pscyh-Cookbook

Formada por un par de veteranos en la escena, hace su debut la banda del nombre simpaticón, Los Psychodeliciosos. A estos 5 individuos poco les interesa su novatez, qué tan malos músicos puedan ser y que sus psychodelicias terminen por no ser apetecibles para nadie. En realidad, pareciera que les vale un todo un carajo. Coverean, versionan y a veces son un desastre.

Seducidos por la movida 60’s, nos muestran sus preferencias a ritmo a go-gó, ye-yé, pero con ese toque tan fundamental hispano y latinoamericano de psicodelia y garage, sonando algo-así a lo que luego algunos llamarían protopunk o punk 60’s. ¡Provecho!

-Howard.

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Standards: Blue-Beat Esmeralda

¡Hey Rudy, sé sensato! Cuando Omar Muñoz “El Gigio” cantaba ese coro sobre el escenario (si acaso lo hacía, entre tantas vueltas y balanceos) hace cerca de una mitad de década, no se vivía ni cerca el mismo contexto del que disfrutamos hoy en la ciudad.

Independientemente de que la canción haya sido dejada en el pasado por los integrantes de Standards por causas tan obvias como su pobreza musical, este tema marcó sin duda una especie de parteaguas sociocultural que ha afectado a ya bastantes jóvenes y adultos de la 3ª  edad. ¡Ja! Porque... cómo olvidar esos “ésa es música para viejitos”, aquellos “toquen algo más podrido” y el soportar la ignorancia de determinados que se mostraban hasta arrogantes intentando burlarse de nuestra forma de vestir, nuestra música y con esto, prácticamente de todo lo que buscábamos reflejar... de nuestra identidad, la cual claramente nos hacía sentir auténticos.

Trajeados, con sombreros, zapatos de pachuco, luego les siguieron las botas y tirantes; y ahora, en verdad no tengo ni idea del tipo y de la cantidad de seguidores que tiene esta agrupación, y es que 5 años sí son muchos, pero nunca suficientes. A lo largo de estos años, han entrado y salido tantos integrantes que el número casi llega a 20. Standards cuenta con un demo hecho en vivo en 2005, que en definitiva, por muchas circunstancias, nunca debió grabarse. A pesar de todo, nada les puede restar el valor y el mérito que incluso les ha colocado como una de las mejores bandas en la república en su género. A final de cuentas, se trata de la primera banda de música jamaicana-jazz en León, una banda para disfrutar en vivo... para beber, bailar y sudar.

-Eduardo Delgado.

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The Stockyard: Sixties Revival leonés

Por fin: las bandas ya no quieren ser Radiohead. O eso parece decirnos The Stockyard, cuarteto leonés que, con muy poco de tocar juntos, dicen mucho más en un escenario que muchas bandas con más tiempo y experiencia. Lo de ellos es el rock de los años 60 –los años maravillosos– y no dudan en hacer evidentes sus influencias.

Con macizas versiones de The Who, The Kinks y algún devaneo beatle, estos chicos dan para mucho. Un poco de ensayo y sonarán como veteranos; si se cumple la promesa de material propio, no les quitaremos los ojos –ni los oídos, claro– de encima.

Tienen la pinta, tienen la actitud y tienen el sonido. Cuando las chicas comienzan a gritar es que ya llegó The Stockyard.

-Nina Martini.

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Mantened la fe. Nunca caminaréis solos. Endavant!

 C/S.

 

 

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Esteban Cisneros
(León, Guanajuato) es panza verde, músico de tres acordes, lector, escritor, dandi entre basura. Cuanto sabe lo aprendió entre surcos de vinilo y vermú y los Beatles. Está convencido de que la felicidad son los 37 minutos que dura el primer disco de Dexys Midnight Runners. Procura llevar una toalla a todos lados por si hay que hacer autoestop intergaláctico.

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