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07:18h. Domingo, 18 de Noviembre de 2018

Cuaderno de navegación

Abstinencia [XXXV]

José Luis Justes Amador

Septiembre, 24
Transcribo esta columna mientras fumo un cigarro tras otro. Van pasando los días y la situación empeora. He vuelto a fumar la misma cantidad de cigarrillos, puede que incluso más, que cuando comencé estas líneas hace ya casi diez meses.
Intentó encontrar las causas: presiones en el trabajo, dos descansos en los que no hay nada qué hacer, interminables esperas en una carretera solitaria, la revisión exhaustiva, una y otra vez, de las pruebas de imprenta, y otras miles más que se me ocurren. Todas, sin embargo, coinciden en una cosa. En su falsedad. No hay ninguna excusa para no cumplir los propósitos.
Recuerdo los primeros días de enero y la voluntad constante para cumplirlos. Parece haber quedado atrás, aunque cada semana la excusa fuera diferente.

Septiembre, 25
Comienza a hacer frío en las mañanas. Sigo sin ponerme nada de abrigo aunque sé que al llegar a la universidad lo único que veré será niebla, mucha niebla. Uno de los alumnos me pregunta por qué se forma la niebla. Miro por la ventana y pienso en humo, pienso en habitaciones llenas de humo después de una fiesta, en dormitorios llenos de humo después de una sesión insomne de lectura. Pienso en cuántas habitaciones, cuántos edificios se podrían llenar con el humo de todo lo que he fumado en la vida. Me volteo y le digo que la niebla es agua que se niega a ascender. El humo es vida que se niega a sí misma de un modo extraño. Ninguno de los dos estamos contentos con la explicación.
Tal vez porque no hay explicaciones.

Septiembre, 26
Puede que en realidad nunca haya querido dejar de fumar. Puede que en realidad nunca haya querido sino saber cómo se siente el intento. En esto como en muchas otras cosas cuenta más el hecho de intentarlo que lograrlo.

Septiembre, 27
Y, sin embargo, cada día despierto más cansado. Sé que haber vuelto a la dosis habitual después de rebajarla tiene alguna influencia en mi organismo, aunque no sé tanto como para saber cuál es y cómo. Todo está empezando a cambiar demasiado rápido. Como pasa cuando llevo demasiado tiempo haciendo algo, lo mismo, comienzo a buscar otras maneras de hacerlo. O de plano, no hacerlo. Tras demasiado tiempo rebajando la dosis o el aburrimiento o la insoportable rutina, deben ser reemplazadas por algo nuevo.
Pienso en la abstinencia total, en empezar de cero de nuevo.

Septiembre, 28
Paseo a las puertas de la universidad. Me fijo en los descansos, en quiénes son los que lo aprovechan en lugar de para comer, para alivianar su necesidad diaria. Apenas yo y otras dos personas somos maestros o trabajadores. Los demás son alumnos, un porcentaje mínimo de toda la población escolar. Lo que en un tiempo fue síntoma de rebeldía juvenil ahora ya no es nada. Tal vez un nuevo caso de marginación, de auto marginación. Tengo 20 alumnos. Ninguno fuma.
¿Y si tuvieran razón?

Septiembre, 29
Vienen días agitados. Demasiada gente en la ciudad, a la que quiero saludar y ver y tomar cerveza con ellos y con ellas. Demasiada gente que me hará ir corriendo de un lado a otro. Demasiada agitación, demasiados compromisos. Demasiado todo. Lo que, inevitablemente, también quiere decir demasiados cigarros.

Septiembre, 30
Discuto y rompo el último cigarrillo que me queda. Hay momentos en que la calma no la logra ni un buen cigarro. Me cuesta dormirme.

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