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CUADERNO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XXXVIII]

José Luis Justes Amador

Abstinencia [XXXVIII]

Octubre, 16
Comienza una semana de locura. Mis niños y niñas en la universidad tienen exámenes: inglés, matemáticas y oratoria. Todas las tardes estaré encerrado dando un taller a escritores primerizos. Algunos no tanto. Sufro por ambos grupos. Por los alumnos que tienen que demostrar todo lo que han aprendido conmigo. Con los talleristas que, tarde o temprano, tendrán que demostrar lo que han aprendido. En los dos casos tendré tiempo, mientras resuelven exámenes, mientras realizan los ejercicios de escritura que les he propuesto, para fumar. Demasiado. No creo que ésta sea la semana en la que voy a dejar de fumar.

Octubre, 17
“Elegí un mal día para dejar de fumar” es una frase memorable de una película que no lo es tanto. No sé cómo se tituló en México Aterriza como puedas. Tuve que buscar la referencia. Pero aplica perfectamente. Ésta no va a ser una buena semana para no fumar.
Hay un patio en el edificio donde doy el taller. Poca gente sabe que la persona que redactó la ley anti tabaco en el estado de Aguascalientes era, y es, un fumador más que consuetudinario.  Y alguien que también acude con frecuencia a actos culturales. Él fue el que escribió la genial cláusula en la que en espacios culturales, siempre y cuando el evento se desarrolla en un patio abierto, se podría fumar. Salgo, mientras mis alumnos escriben contra reloj, y prendo un cigarro. No le explico al guardián de los patios las complicaciones legales. Salgo a la calle. Una de mis talleristas me acompaña. Chismeamos. Así el cigarro sabe mejor.

Octubre, 18
Pierdo la cuenta pero me he dado cuenta de que compro tabaco dos veces al día. Hacía tiempo que no lo hacía. Quedan dos días para que termine esta semana.

Octubre, 19
No sé qué va a pasar en los dos meses que quedan hasta que termine el año. Me siento como un diarista que aunque sabe que no van a ser publicados sus pensamientos más íntimos se esfuerza en redactarlos de la mejor manera posible porque quizá, en el fondo, sí quiere que sean leídos.
¿Quiero o no quiero dejar de fumar? ¿Realmente quiero dejar de fumar o me conformo con bajarle a la dosis? ¿Me importa realmente bajarle o dejarlo o me interesa observarme como observaría a otro personaje cualquiera sobre el que quisiera escribir? ¿Qué quiero?
No lo sé y las pocas certezas que tenía, tras tres días con mis talleristas, han caído. Sólo me queda una y tiene que ver con bisontes, con ángeles.

Octubre, 20
Se me complica pensar estos días. Se me complica porque literalmente no tengo tiempo. No puedo pensar en otra cosa que no sea que termine el día. Sin broncas, sin problemas. Se me complica tanto que los segundos que tengo, aunque tenga que tirarlo tras darle un par de caladas, lo único que hago es prender un cigarro.
Hoy compré tres cajetillas.

Octubre, 21
Voy a la presentación de un libro. Como siempre, como casi siempre, ardo en deseos de fumar. Estoy en un patio abierto. La presentadora me aburre. Un niño, elegido por el INE, me aburre. Habla de la hija del poeta sin saber que ni está casado ni tiene hijas. Ni hijos. Me aburre, me enoja, lo carísimo del libro. No debería haber salido de casa. Cada cinco minutos salgo a fumar de la presentación. No hay manera de bajarle a la dosis salvo quedándome en casa.
Hubiera querido estar fumando en el patio para apagarle en el ojo al autor el cigarro que debería haber prendido antes de llegar a él.

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