Es Lo Cotidiano

CUADERNO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XXXIX]

José Luis Justes Amador

Abstinencia [XXXIX]

Octubre, 22
No hay manera de dejar de fumar en los días ajetreados. No hay manera de saber cómo controlar algo que se vuelve incontrolable. Cuanto menos control tengo sobre mi vida, sobre mis horarios, sobre mis citas, sobre mis pendientes (nunca he sabido decir no), menos control tengo sobre las otras áreas. Y en esa se incluye el tabaco. Desayuno  en un lugar donde no se puede fumar. El jardín donde se puede fumar es hermoso, pero no tengo tiempo de apreciarlo. Espera una semana llena de carreras.

Octubre, 23
La leyenda de la maldición gitana que se aplica a quienes comienzan a beber en lunes es aplicable a todo. A la buena suerte laboral, a la posibilidad de escribir buenos poemas y, por supuesto, al tabaco. Ha sido un lunes desastroso. Demasiados nervios en el trabajo, que me hacían salir a fumar constantemente. El aumento de la dosis lleva invariablemente al aumento posterior. Salgo a tomar una cerveza y fumo incansablemente. Creo que habrá poco por lo que luchar esta semana.

Octubre, 24
Una alumna pensaba que estaba fumando mientras jugaba una partida de ajedrez en la cafetería de la universidad. Se acerca a la mesa y comenta aliviada: “Está apagado”. Me distraigo un segundo de la partida, que acabaré ganando, para intentar explicarle que a veces la emoción de un cigarrillo no está sólo en la nicotina sino en el hecho de tener algo con lo que mantener la tensión. Basta con tener el cigarro en la mano, entre los dedos, para sentir alivio de la tensión. Además estoy aburrido después de escuchar veinte exposiciones orales seguidas.
En la tarde vuelvo a salir a tomar algo. Acabo tarde y con demasiada nicotina en mis pulmones y mi garganta.

Octubre, 25
Hay un vicio que va inevitablemente unido al del cigarro, el café. Hasta hoy no me había dado cuenta de lo interrelacionados que están ambos. Me levanto tosiendo (sigo sin preocuparme de mi salud), llego al trabajo tosiendo (después del primer o de los dos primeros cigarros del día) y, sin embargo, en cuanto pruebo el primer trago del café cargado y caliente que ya me tienen preparado todas las mañanas en la cafetería, dejo de hacerlo. Llego a clase alegre, y eso funciona.
Aunque uno también puede fumar porque está alegre. Cualquier excusa es buena.
Salgo en la tarde y bebo y fumo más de lo que debería. La maldición gitana se cumple en los campos.

Octubre, 26
Es el cuarto día de la semana en el que tengo (qué extraño utilizar el verbo de obligación para una acción voluntaria y del tiempo libre) que salir a tomar algo. Tengo reunión con los talleristas de la semana pasada. Repasaremos hoy los cuentos que crearon esos días. Nos reunimos en un bar cafetería del centro de la ciudad donde sólo se puede fumar en el jardín trasero. Como está abierto y somos buenos clientes, el dueño nos deja hacerlo aunque estemos en una de las mesas del interior del local.
Los cuentos son buenos y la nube de humo, densa.

Octubre, 27
Al fin termina la semana. Estoy, tras el trabajo, tirado en la cama junto a una taza de café y un par de cigarros. Intento leer las noticias pero caigo dormido. Suena el teléfono. Es una amiga con la que había quedado en verme hoy. Se me había olvidado. Me despierto y salgo hacia el centro. Compro por si acaso dos cajetillas de cigarros que no regresarán a casa.
               
Octubre, 28
Una semana para olvidar. Noviembre está a la vuelta de la esquina y sólo quedan dos meses para saber si lograré el compromiso. Todo parece indicar que sí. Lo que falta por saber es el cómo.

[Ir a la portada de Tachas 229]

Comentarios