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12:20h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

CUADERNO DE NAVEGACIÓN

José Luis Justes Amador

Abstinencia [XLI]

Noviembre, 5
Me despierto tarde y quedo a mediodía para tomar algo con mi editor. Estamos en su ciudad y él decide. Vamos a una cantina que le gusta. Está cerrada. Nos lanzamos a otra a la que nunca entrado pero de la que dice que le han hablado bien. Me gusta el sitio. Platicamos del pasado y de proyectos futuros.  Hasta ahora nunca me había contado cómo es que se dedicó a la edición.
A la segunda cerveza ya no puedo evitarlo y pregunto a la mesera si podemos fumar. Me responde que sí. Mi editor se asombra de que no pueda cumplir con mi proyecto ni siquiera con él delante.
Conocer la ciudad de mano de un nativo es una experiencia diferente. Hago una nota mental para volver lo antes posible. Espero que ya sin la urgencia de la boda y del tener que fumar en cantinas libres de humo.

Noviembre, 6
Esta semana parece que voy a volver a la normalidad. La universidad sigue en su sitio y yo no tengo muchos compromisos por cumplir esta semana. Me he acostumbrado a salir a fumar un cigarro en el primer receso que tengo. Cada día le pido a un alumno que me acompañe. No para introducirlo al vicio (algunos lo tienen, otros no) sino para platicar con ellos, para conocerlos.
Escucho sus historias con la misma atención que un amigo, con la misma curiosidad que un entomólogo mira sus ejemplares. En sus vidas, todavía cortas, hay un libro de cuentos que alguien debería escribir.
He logrado bajar la dosis de nuevo a diez. El reto es mantenerla a lo largo de esta semana y luego bajar.
 
Noviembre, 7
Alguien me pregunta cuál es el cigarro más placentero de todos los que me fumado en mi vida. Ojalá tuviera la memoria suficiente para recordarlos todos. “Los del trabajo bien cumplido y terminado”, le contesto. Me corrijo al instante siguiente. “El del amor también”.
 
Noviembre, 8
No siento nada, ni placer, ni emoción. Ni nostalgia, ni deseo. Lo mejor para que no se note el bajón de nicotina ingerido es lo más sencillo. No pensar. Mantener la cabeza ocupada. Me concentro en un poema sobre Brodsky y pienso en escribir algo sobre el mejor poeta de mi ciudad. Lo merece aunque yo no lo quiera. Pienso en la conversación que tendré con él mañana.

Noviembre, 9
Me encuentro a B. en el lugar donde he quedado para comer con JM. Nada más verlo, sé que no podré lograr mi compromiso hoy. Sé que tengo razón. Tenemos que pedir que nos traigan una cajetilla de cigarros del OXXO cuando apenas está terminando la tarde y la noche pinta para larga.
En el taller que comenzó a las siete no puedo dejar de fumar. Cada día les salen mejor los cuentos.

Noviembre, 10
Parece que lo he logrado. Excepto ayer, toda esta semana he logrado mantenerme en diez cigarros al día. El reto para lo que queda de ésta y la siguiente será intentar bajarlos a cinco. Y así quedará mes y medio para cerrar con cero.

Noviembre, 11
Termino la última novela publicada del genial Javier Marías. Me ha costado unas cuantas páginas descubrir que sus personajes se la pasan fumando, ofreciendo y aceptando cigarros. No hace falta ser muy sagaz para darse cuenta de que es un modo secreto, eficaz, inteligente, de luchar contra esa censura, autocensura, que hace que cada vez menos personajes, en las novelas, en el cine, fumen.
Suspiro al cerrar la obra maestra que es “Berta Isla” y prendo un cigarro a su salud y a la salud de la literatura.

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