Buscar
08:02h. Miércoles, 24 de Abril de 2019

Poesía

La misión de Don Nico

Yara Imelda Ortega


Como el viento,  que arremolina
el tepetate por inútil. Me voy.
Dilatada campiña, donde corre
libre e indómito el amanecer.

Sequedales estériles, poco telúricos
conviven los llanos fértiles
bañados por el rosa cobrizo del atardecer.
Pasaron los caudillos, con ellos se olvidó la barbarie.

Es el bajío, pero también mi Chupícuaro
lugar azul que despunta la fertilidad
a despecho de la deconstrucción
pequeña, pero tenaz y eficiente
de la hormiga, pequeña aunque constante.

Tranquilos cuervos altaneros
en los brazos inútiles del mezquite
despliega pacífica y conciliadora
la paz y albura de la garza.
Anestesia del alma, antes del cuerpo.

Aguilillas que merman
el pernicioso patrimonio de los pichones
se persiguen las nubes
que enfilan al Cerro Grande.

Es el cielo de mi Patria
no nacida, sino de elección
el  Ahuándarhu al que no quiero ir.


Lo que daña a la colmena mata la abeja:
el tiempo, no la vejez
me lleva.

Ningún río es la Revolución.

[Ir a la portada de Tachas 233]