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07:31h. Lunes, 24 de Septiembre de 2018

Otro brindis por Nicanor Parra

Jesús Nieto

Nicanor Parra
Nicanor Parra

El pasado martes por la mañana me enteré, como todo el mundo, de la muerte del mayor de los Parra, esa estirpe de chilenos que hizo leyenda en el agitado siglo XX. Y experimenté, al igual que tantos otros, una vaga sensación de dolor. Son esas ocasiones en que a uno le da por considerarse cercano a los grandes: “Qué terrible pérdida”, decimos, como si el recién fallecido fuera nuestro abuelo o un tío lejano que venía a visitarnos del extranjero cada verano. “Echaré de menos tus chocolates”; “las tardes en casa de la tía Juana ya no serán lo mismo”, etcétera.

Lo cierto es que a muchos nos da por ponernos cursis y desearle el buen viaje a algún paraíso que en este caso se antoja uno donde haya música viva y buenos tragos. Como pocas ocasiones, he visto que los lectores sacaron a pasear unos versos de Parra en las redes sociales, señal de que su obra está tan viva como hace veinte o cuarenta años, y que la sacudida que quiso dar a la poesía en español ha traído consecuencias. Tenía razón Parra, a la poesía hay que ofenderla y humillarla para que no muera, ya luego se verá qué se hace.

Aunque también están los que se enfurruñan ante tal falta de seriedad y casi prefieren los tweets de los políticos. O quizás es que siempre piensan en la poesía como arte inalcanzable, y con aires de superioridad se proponen leer los versos del escritor, enfundados en una boina vasca y engolando la voz como falsos Nerudas. Deben ser esos mismos quienes ponen el grito en el Parnaso cuando la Academia Sueca le otorga el premio a Bob Dylan en vez de Nicanor Parra, cosa que al parecer al difunto le dio hasta gusto. Para ser un antipoeta se necesita un poco de humor y una dosis de cinismo y otra cosita. Y es que soy de los que prefieren pensar que a Parra le llenaría de orgullo que sus poemas se recitaran en las cantinas, como le pasó a Bonifaz Nuño.

Leí que harían una gran fiesta en su honor, como dicen que solían ser las de sus cumpleaños. Porque 103 años no son cualquier cosa y, si hay algo que celebrar, que sea la vida, donde la poesía se manifiesta sin avisar a los poetas. Por eso quiero brindar por Nicanor Parra. Me niego a llamarle maestro porque lo imagino reacio a considerarse uno. No obstante, dudo que haya poeta posterior a la antipoesía que no quiera echarse un clavado en sus libros. Su caudal de palabras se sale de madre para inundar conciencias. Que celebren su muerte los solemnes. Prefiero emborracharme de sus palabras y que la vida nos cobre los excesos. Brindo por Parra, por su pasión y su poesía, que se liban como buenos licores.

Así que “a la chingada las lágrimas”, como dijo Sabines. En vez de ponernos a llorar, dejemos que nos sacuda su voz liberadora. Desempolvemos los libros y leamos con la voz en cuello a ese irreverente que se batió a duelo con la poesía y cuyo ímpetu atraviesa las generaciones.

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Jesús Nieto
es originario de Salamanca, Guanajuato. Estudió sociología en la UNAM, el diplomado en Creación Literaria en la SOGEM y es doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, por la Universidad Autónoma de Barcelona. Se dedica a la docencia, la investigación y la escritura.

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