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01:57h. Domingo, 24 de Junio de 2018

LA ARQUITECTURA FRENTE AL MILENIO [I]

Arquitectura y necesidades urbanas contemporáneas

Rodolfo Fabián Ozuna Espinosa

La presente serie representa una reflexión evolutiva personal sobre la comprensión de la arquitectura y su influencia en las ciudades mexicanas contemporáneas, con la finalidad de descubrir las aportaciones y componentes necesarios para garantizar la satisfacción de las necesidades espaciales vitales del ser humano.

La capacidad de observar y analizar el espacio, permite reconocer e identificar necesidades parcialmente atendidas o carentes de atención de una sociedad, la cual está en vertiginosa evolución, representando retos y oportunidades para su desarrollo, las cuales demandan estudio y atención responsable para interactuar ante una compleja realidad urbana.

Observar nuestras ciudades con detenimiento, refleja resultados positivos y negativos por la ausencia o el ejercicio de la arquitectura, evidenciando insuficiencias que pueden originarse desde una inadecuada vinculación con nuestro territorio y paisaje, hasta el fomento a la desigualdad social y espacial, motivo por el que cuestionar las causas o la identificación de nuevos enfoques o alternativas, se transforma de un tema de interés profesional, hacia una necesidad de interés público.

El texto es conducido con referencia a situaciones que reflejan un proceso natural de evolución, compuesta por diversidad de circunstancias, actores, condiciones, capacidades y necesidades, que en conjunto incentivan la búsqueda de una atención ordenada y una evaluación eficiente del espacio, entendiendo que es un tema que cuenta con importantes antecedentes de atención y seguramente seguirá integrando cada día cuestionamientos y aportaciones de nuevas generaciones.

La serie incentiva una permanente reflexión, fomenta la importancia de consolidar una cultura urbana, promueve la necesidad de comprensión y relación de las diversas escalas, sectores, enfoques y procesos, así como la responsabilidad, conocimiento y capacidades requeridas para poder participar con acciones y respuestas de la sociedad, especialmente con la ciudadanía y sus representantes políticos.

 

Arq. Rodolfo Fabián Ozuna Espinosa.


 

Cierre de un ciclo histórico

La conclusión del siglo XX representó una etapa histórica relevante que mostró las capacidades de desarrollo alcanzado por la humanidad y el reconocimiento de nuevos problemas, una dualidad difícil de desligar, iniciar un nuevo milenio motivaba a reflexionar sobre los nuevos retos que debíamos afrontar.

Adicional a esta reflexión internacional, en la última década del siglo XX en México, éramos testigos del inicio del tratado de libre comercio con América del Norte y la gestación de un movimiento neo-zapatista al sureste mexicano, realidades opuestas  presentes en el mismo país al mismo tiempo, reflejaban una política de impulso a la globalización de la economía, con ausencias de condiciones culturales locales.

Adicionalmente se presentaron eventos difíciles de olvidar, como el asesinato de un candidato presidencial y un “error de diciembre” que impacto con una crisis económica severa a nuestro país, asimismo se observaban cambios inimaginables de gobierno, apenas en 1997 la actual Ciudad de México elegía a su primer jefe de gobierno.

Ese momento parecía tener más preguntas que respuestas, entrar a un nuevo milenio representaba una oportunidad para corregir problemas de desarrollo que aún estábamos padeciendo ¿Cómo imaginar el ejercicio de una profesión ante una realidad tan compleja? Toda actividad y ejercicio de toda disciplina profesional se encontraba frente a un entorno de diferencias y conflictos sociales, económicos y políticos severos, una de ellas era la arquitectura.

La Arq. Sara Topelson de Grinberg, entonces Presidenta de la Unión Internacional de Arquitectos, encabezó en 1999 el Congreso denominado: “Arquitectura, Globalidad y Pobreza”, realizado por el CAM-SAM (Colegio de Arquitectos de México – Sociedad de Arquitectos Mexicanos), evento que promovió en esa época la reflexión del gremio de arquitectos y estudiantes, sobre la función de la arquitectura ante una compleja y contrastante realidad.

El CAM-SAM y la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), realizaron en aquel momento el documento denominado: “México 2020, Un enfoque territorial de desarrollo, vertiente urbana”, estudio que proponía visualizar a largo plazo el devenir del país, trazando la perspectiva de nuestro futuro desarrollo urbano, comprender las alternativas y potencialidades en base a su distribución sobre el territorio y la influencia que aportaba para equilibrar el desarrollo del país.

El estudio integró un pronóstico tendencial conforme a la información disponible en aquel entonces, definía objetivos, escenarios de crecimiento, metas, políticas, estrategias y acciones, entre otros componentes. El último capítulo establecía los mecanismos para instrumentar, dar seguimiento y evaluar las acciones propuestas.

Generaciones de arquitectos ante el nuevo milenio

Mi generación se formó con la producción arquitectónica realizada en el siglo XX. Al cierre de dicho siglo veíamos como el Arq. Frank Ghery revolucionaba la arquitectura y replanteaba su relación con la ciudad, pero a la vez éramos testigos de la realidad en las ciudades latinoamericanas, las cuales exhibían propuestas urbanas aisladas con tintes de primer mundo, pero desvinculadas de sus entornos inmediatos ausentes del desarrollo.

Valorar y comprender la arquitectura que ofertaba y consolidaba la ZEDEC (Zona Especial de Desarrollo Controlado) de Santa Fe, al poniente de la Ciudad de México, era un caso de referencia obligado. Diversa oferta arquitectónica se insertaba a un entorno próximo con problemas sociales, económicos, ambientales, territoriales y urbanos, generaba inquietud los altos contrastes y concebía más preguntas complejas de la ciudad que respuestas concretas de la arquitectura.

Más allá de la atracción de las nuevas herramientas que teníamos disponibles a diferencia de otras generaciones, estaba presente la inquietud de profundizar en los retos que nos deparaba como profesionistas el nuevo milenio. En 1999, junto con otros estudiantes  de arquitectura y el apoyo de la Universidad Autónoma Metropolitana, organizamos eventos para fomentar la reflexión sobre la visión y los retos por venir, con la participación de diversos arquitectos que por su trayectoria y experiencia nos podrían ayudar a vislumbrar.

La participación de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez, Teodoro González de León, Juan José Díaz Infante, Martín L. Gutiérrez y Manuel Barclay Galindo, entonces presidente del Colegio de Arquitectos de México y Sociedad de Arquitectos Mexicanos (CAM-SAM), nos compartieron una reflexión sobre el futuro de nuestra profesión ante el inicio de un nuevo milenio.

El Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles desarrollo la exposición“ A fin de siglo: cien años de arquitectura”, expuesta en México, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, al cierre de 1999. Compilaba documentos y planos históricos, selección de contenidos, maquetas, imágenes, e información producto de una investigación exhaustiva y un reflexión crítica de la arquitectura y la planeación urbana internacional recabada a lo largo del siglo XX a nivel global.

La búsqueda del orden urbano fue plasmada en diversas visiones a nivel mundial a lo largo del siglo XX. Por mencionar algunos casos expuestos, se encontraba el Plan de Chicago, formulado por Daniel Burnham y Edward Bennet, publicado en 1909, el cual estableció la identificación de espacios como la orilla del lago Michigan, como derecho que pertenece al pueblo, siendo reconocido como un plan grandilocuente en defensa y promoción del espacio público.

El proyecto urbanístico de 1904 por Tony Garnier, considerado como el primer arquitecto urbanista del siglo XX, denominado “ciudad industrial”, no realizado, pudo demostrar en la ciudad francesa de Lyon, las cualidades que establecían con claridad la intención de organizar el contexto urbano como una ciudad basada en principios sociales y orientada al trabajador, rompiendo paradigmas de grupos conservadores. Incluía la integración de una importante superficie destinada a áreas verdes, espacios para la recreación y el transporte, sentando las bases de la Carta de Atenas de los CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna). Llegando a ser influencia reconocida por Le Corbusier que motivó el desarrollo de alternativas de ciudad y arquitectura moderna.

Los documentos de La feria mundial de Nueva York de 1939, especialmente los del pabellón de Ford Motor Company, “Caminos del mañana”, reflejan una visión de una infraestructura urbana para el automóvil, como modelo del futuro urbano. De igual manera, la publicidad de la gasolina Shell de 1937, que promovía “cruzar la ciudad del mañana sin ningún alto”, incluso el Plan Voisin[1] para París, de Le Corbusier, promovieron un modelo ad-hoc para fines e intereses económicos de las empresas patrocinadoras, más que un modelo responsable de ciudad, los cuales no fueron pasados por alto en el análisis y reflexión por los curadores e investigadores de la exposición promovida por el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles.

La calidad y análisis de la información de aquella exposición, robustecía el interés de profundizar nuestra realidad y el entorno que vivíamos, adecuados para replantear e imaginar cambios requeridos en nuestro futuro.

Búsqueda de respuestas

Interesados por seguir en la búsqueda de los retos del nuevo milenio, y la responsabilidad que teníamos para satisfacer las necesidades de desarrollo y bienestar de nuestra sociedad, teníamos la necesidad de dialogar al respecto con nuestros antecesores, debido a que había realidades diferentes entre la experiencia internacional y la nacional.

El ciclo de conferencias que organizamos como grupo de estudiantes se realizó con la confianza, apoyo y participación de nuestro rector fundador, el Arq. Pedro Ramírez Vázquez. Para responder a nuestras inquietudes sobre los retos del nuevo milenio, puso en valor la capacidad de reconocer el momento que a cada uno nos toca vivir, en saber identificar las necesidades y problemáticas diversas y presentes de nuestro país, nuestra sociedad, nuestro territorio, nuestras ciudades y cada espacio que pretendemos intervenir. Consideraba imposible formular una propuesta sin conocer adecuadamente el problema o la necesidad, esencia por la que motivaba a cuestionar todo lo que nos rodeaba, con la estricta finalidad de proponer mejores alternativas de solución.

El México que transitaba de los años treinta a los cuarenta, recibió al entonces estudiante de arquitectura, Pedro Ramírez Vázquez, un país totalmente diferente al que teníamos al momento de aquella charla. Sus primeros proyectos de escuelas respondían a la necesidad de fortalecer los bajos niveles de educación de aquel momento; el incremento de la demanda de vivienda respondía al incremento de población migrante al centro de país en búsqueda de mejores oportunidades de desarrollo; la necesidad de formular los primeros planes urbanos y proyectos urbanos respondían al inicio del acelerado crecimiento de las urbes; el país crecía, no se desarrollaba; era mayor el incremento de necesidades urbano-arquitectónicas y había carencia de arquitectos, toda la obra y vida de Ramírez Vázquez reflejaba la capacidad de formular propuestas que respondían a la identificación de problemas o necesidades; su oferta arquitectónica ofrecía las alternativas de atención y solución de cada momento.

La tesis del Arq. Pedro Ramírez Vázquez realizada en 1943 fue un estudio urbanístico de Ciudad Guzmán, Jalisco. Fue la primera tesis sobre urbanismo que se presentó en la Escuela de Arquitectura, y con la que obtuvo el título de arquitecto. La oportunidad de platicar con el primer Secretario de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (1976), el responsable del primer Plan Nacional de Desarrollo Urbano (1978), así como responsable de obras icónicas como el Museo Nacional de Antropología (1964), Estado Azteca (1966), la Nueva Basílica de Guadalupe (1976), el Palacio Legislativo de San Lázaro (1980), Museo del Templo Mayor (1987), por señalar una breve selección de una amplia trayectoria curricular profesional, era motivo para valorar y reflexionar sobre el conjunto de ideas que nos compartía.

Enfatizó con claridad que nuestro futuro ejercicio profesional como arquitectos no podía, ni debía ser igual a su trayectoria. Sus acciones eran respuestas congruentes ante diversas realidades que tuvo presentes y registró en diversos momentos, plasmando con cuidado en cada una de ellas la capacidad, el conocimiento y la tecnología disponible al momento para atender cada caso. Siempre propuso acciones y obras que ofrecían una clara visión orientada a la mejora del nivel de desarrollo, y en todo momento posible posicionaba el valor de la esencia cultural, histórica e identidad heredada.

La lección de desarrollar capacidades para visualizar y comprender problemas, entender la transformación y desarrollo de cada sociedad y la ciudad que habita, se transformó en factor esencial para entender con mayor facilidad la relación y las nuevas tendencias de evolución de la arquitectura, la planeación urbanística y el diseño urbano.

La inquietud por temas que son de interés y no conocer con claridad las respuestas, seguirán siendo el principal motivo de generación de cambios y desarrollo de alternativas.

Nuestra inquietud se transformó en nuestro principal interés y caso de estudio. La arquitectura imploraba la necesidad de reestablecer un acercamiento, no sólo con las necesidades de los espacios habitables, demandaba ser considerada en la atención de las necesidades del adecuado desarrollo.

Es necesario ver la función de la arquitectura ante sociedades y ciudades en desarrollo, ante periferias de pobreza urbana, frente a cientos de vivienda ocupadas en obra inconclusa, en asentamientos informales carentes de planeación, diseño o urbanización.

La necesidad de mejora de la planeación urbanística, y el diseño de la ciudad y todo espacio habitable, se evidenciaban a finales de los noventas como el gran reto de la arquitectura ante el siglo XXI y del nuevo milenio.

Probablemente los grandes temas eran evidentes de vislumbrar. No teníamos detalles precisos de la dimensión de los problemas, ni de la diversidad o complejidad que integraba cada uno o el sistema que representaban. Tampoco podíamos imaginar la tecnologías que tendríamos disponibles, ni los avances teóricos y científicos, pero entendíamos que la arquitectura y el desarrollo tenían una relación inquebrantable. Por lo menos, la historia nos señalaba que esa relación estaba presente.

El objeto de la arquitectura en el nuevo mileno no era el diseño de una edificación aislada más en la ciudad; se vislumbraba como el diseño responsable de toda la ciudad.

¿Cuál es actualmente nuestra realidad?

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[1] Gabriel y Charles Voisin eran fabricantes de aviones y automóviles, que financiaron el estudio y proyecto de Le Corbusier, para que este proyecto se realizara en el centro de París.