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Discos del 2017 [IV]: Experimentación, electrónica y rock

Fernando Cuevas

Rush Hour , Ryuichi Sakamoto, imagen del disco-
Rush Hour , Ryuichi Sakamoto, imagen del disco
Discos del 2017 [IV]: Experimentación, electrónica y rock

Sigamos repasando la profusa producción valiosa que vimos circular por nuestras orejas a lo largo del año que se fue.

Excursionistas sonoros

El patriarca Brian Eno continuó con su alquimia en Reflection, álbum de una sola pieza ambient propicia para generar estados de conciencia variados, que puede cambiar su forma en cada escucha dentro de su versión generativa, disponible en una APP. Además, junto con el indagador pianista Tom Regerson, presentó al cierre del año Findinig Shore, encuentro de teclas acústicas con bytes intrusivos, justo como cuando se cree llegar a tierra firme. El profundo y vivificador async representó el regreso del gran músico japonés Ryuichi Sakamoto después de superar una enfermedad, como para enfatizar las posibilidades de la sobrevivencia y acompañar la película de nuestras existencias, empezando por la caminata y terminando en un extraño jardín de las delicias.

El guitarrista de Miami Bill Orcutt entregó, como si necesitara presentación, el ídem Bill Orcutt, incursionando en los sonidos eléctricos con la magia de los dedos a partir de una decena de versiones, mientras que Chuck Johnson recorre la pradera en tono solitario y crepuscular con el calmo Balsams. En los terrenos de la música contextual, apareció la obra Cruel Optimism del australiano Lawrence English, deambulando por atmósferas que de pronto adquieren un poder resolutivo, justo cuando sabemos de antemano que el exceso de esperanza puede resultar peligrosa, y Richard Dawson siguió en plan renovador dentro de los territorios del folk con Peasant, poblado por personajes marginales y sonidos alternativos.

Con pianos preparados, Kelly Moran compuso Bloodroot, lleno de resonancias imposibles, como las que consigue Hauschka con What If, con las teclas buscando darle cauce a una extraña belleza capturada. Vivimos fuera de la luz atrapados en un loop temporal más allá de la muerte en A Shadow in Time, álbum de dos piezas con homenaje a Bowie incluido de William Basinski, y el trío australiano The Necks colocó en posición de diálogo, de manera pausada y subrepticia, al piano y discretas percusiones con objetos cotidianos en su obra Unfold, incluyendo algún despertador a deshoras que termina por mantener la vigilia. También en plan artesanal, el dúo de Bristol Emptyset entretejió su quinto álbum titulado Borders, creando sus propios instrumentos para transitar por los caminos de la electrónica y abriendo rutas alternativas.

Electrónicas múltiples

Además de colaborar con Björk, el caraqueño Alejandro Ghersi conocido como Arca realizó con la capacidad de riesgo bien afilada el homónimo Arca, con todo y poderosas vocalizaciones fantasmales; por su parte, Gas nos sumergió en atmósferas enrarecidas e irresistibles con el envolvente Narkopop, en tanto Lee Gamble maduró sus experimentaciones electrónicas en Mnestic Pressure, soltando cabos digitales que apenas sobreviven en los entrecortes inesperados. en tanto el dúo de Chicago Bitchin Bajas se siguió moviendo en terrenos del más allá con Bajas Fresh, de fantasmales y circulares arreglos electrónicos.

Se dejaron escuchar No Home of the Mind de Bing & Ruth, proyecto del pianista David Moore buscando la mínima expresión para comunicar la máxima sensación y en tono crítico World Eater de Blanck Mass, lance solista del miembro de Fuck Buttons Benjamin John Power con el rock angustioso como sustento. Entre el dub y el dubstep te veas: los especialistas Sherwood & Pinch rompen delgadas fronteras para entregar Man vs. Sofa, repleto de recursos auditivos; en tanto, el noruego Lindstrøm le puso cierta oscuridad a It's Alright Between Us as It Is, su bienvenido regreso tras cinco años de ausencia.

El multi-proyectos Dominick Fernow, aquí como Prurient, entregó el prolongado Rainbow Mirror, cuatro discos con una electrónica que corre por el subsuelo, inquietando de a poco cual oscuro reflejo que persigue un colorido imposible, tampoco factible en el tenebroso Undertow de Wolf Eyes, selva sonora poblada por extrañas criaturas que se mantienen al acecho, como prolongando el ataque. Por su parte, Nathan Fake produjo su cuarto disco titulado Providence, contrapunteando texturas vitales del house, tecno y ambient, de pronto adornadas con inesperados espacios para la introspección.

Shabazz Palace contribuyó con su aventura cósmica desplegada en Quazarz, propulsada por un guion que entronca con las música negras de orígenes astrales. El inglés Darren Cunningham es Actress y en AZD, su quinto disco, se confirma como uno de los actos clave de la electrónica actual, llevándonos a una hipnótica fiesta futurista en la que el bajo impacto envuelve por la consistencia de rítmicas en espiral, justo cuando le damos la mano a seres metálicos; mientras tanto, el dueto londinense Mount Kimbie articuló Love What Survives, tercer disco en el que rock y dubstep vuelven a encontrarse para, en efecto, alcanzar la anhelada sobrevivencia en tiempos de recelo hacia el diferente.

El productor londinense Moiré produjo su segundo álbum en plan admonitorio con base tecno: No Future expresa tensión en la que se encuentra el mundo, quizá girando hacia su propia extinción. Ruinism, el tercer álbum del originario de Essex llamado Lapalux, se alimenta de los nutrientes de las músicas negras para desplegar sus sonidos enchufados que viajan por aires indefinidos, buscando verdades ancestrales bien enterradas. Firmado por Daphni, el disco Joli Mali nos contagia de electricidad y plantea el dilema si saltar a la pista o quedarnos discretamente sentados llevando los ritmos por momentos entrecortados y Ross Tones, es decir Throwing Snow, entregó su opus 2 titulado Embers, experiencia sonora que nos introduce en una película pasada por tinieblas y cuyo desenlace desconocemos, acaso esperando algún haz de luz al final de la historia.

Para todos los gustos

El universo pop nos entregó el elegantemente confeccionado Ti Amo, sexta obra de los parisinos de Phoenix con aliento internacionalista entre galantería italiana, sensibilidad francesa y claridad sajona, como para posarse en la fuente de Trevi y dejarse bañar por sus limpios sonidos; por su parte y después de cinco años de ausencia, The Killers presentaron su luminoso Wonderful Wonderful, con el reconocido enfoque de buscar épicas personales sin grandilocuencias gratuitas, ubicando las pequeñas maravillas que no se quedan en Las Vegas. Foster the People colaboró con Sacred Hearts Club, tercer disco aderezado de teclados atrevidos y una irresistible tentación de volverse miembro de la asociación.

En esas andábamos cuando los dos de Manchester conocidos como Hurts, hilaron el consistente Desire, cuarto disco que mantiene el enfoque synthpopero de mirada ochentera, vertiente también en la que Future Islands cimientan su propuesta, ahora adicionada con The Far Field, contagiante por más que uno se encuentre a la distancia. Kasabian le puso diversión a For Crying Out Loud aprovechando su hábil manejo de los influjos psicodélicos en estructuras de pop efervescente y el dueto queer Pwr Bttm presentó Pageant, segundo disco plagado de anzuelos imposibles de evitar.

En The Weather, los australianos de Pond exploran las contradicciones del colonialismo todavía visibles en ciudades como en Perth, aprovechando las posibilidades del rock con una buena dosis intravenosa de sicodelia, mientras que Endless Boogie entregó Vibe Killer, su quinta entrega en la que la sicodelia sigue espesando las tonalidades bluseras como si el tiempo no pasara en vano. El proyecto del baterista John Colpitts conocido como Man Forever, grabó el polirrítimico Play What They Want, festín percusivo que se alimenta de melodías apenas sobreviviendo a la andanada tribal y Ariel Pink realizó un homenaje vía Dedicated to Bobby Jameson, celebración pasada por globos de colores que solo viven en la imaginación.

Forest Swords le pone música a los tiempos contrastantes que vivimos en Compassion, cual soundtrack de una película que ahonda en los contrastes El rock de Algiers despuntó en el pesimista The Underside of Power y en franca madurez, Brand New se refugió en el notable Science Fiction, plagado de expresivos medios tiempos que implosionan en el momento justo para saltar del segundo piso. En Relaxer, su tercer lance, el trío Alt-J sigue organizando elementos diversos provenientes del pop, el progresivo, el folk inglés y ahora la sicodelia para ponernos en el estado ya señalado en el título y el prolífico Steven Wilson contribuyó con To the Bone, consistente homenaje a sus influencias a partir de composiciones propias, identificando el tuétano de la creatividad.

Asomándose por alguna superficie, ahí está A Black Mile to the Surface, notable imbricación de un fino y sentido pop con la incursión de guitarras que se atraviesan en las etéreas atmósferas, cortesía de Manchester Orchestra, en tanto desde Toronto y después de una prolongada ausencia, Do Make Say Think manufacturó Stubborn Persistent Illusions con un vitamínico y serpenteante postrock, campo abonado en especial por Goodspeed You! Black Emperor, uno de los fundamentales del género ahora entregando el intrincado y brillante Luciferian Towers; desde Montreal, Austra propuso un indierock de enfática intención en Future Politics, abordando temáticas múltiples que a todos nos conciernen.

De la bipolaridad de Oasis, nos llegaron un par de obras: el disfrutable y memorioso As You Were, primero solista de Liam Gallagher, y Who Built The Moon, firmado por Noel Gallagher’s High Flying Birds, en tono noventero pero con cierto vuelo hacia el rock postmilenario acaso para responder la pregunta del título. Gorillaz regresó al mundo real con Humanz, largo disco que expresa la espera de Damon Albarn y Jamie Hewlwtt para revivir a sus caricaturas, ahora más orientadas a rítmicas negras para retratar los sentimientos básicos de nuestra especie, o sus necesidades, ya entrados en gastos.

Foxygen confeccionó en plan orquestal con toque setentero Hang y en modo prolífico in extremis, los australianos de King Gizzard and the Lizard Wizard perpetraron el experimental Flying Microtonal Banana, el cósmico Murder of the Universe, la estupenda colaboración medio jazzera con Mild High Club titulada Sketches of Brunswick East y como por no dejar sin alternativas a alguien, cerraron con el sintético Polygondwanaland: eso es trabajar y no lamentaciones. Desde Gales, Los Campesinos! imaginaron Sick Scenes en su acostumbrada inclinación por el indiepop y Minus the Bear formuló Voids, aún en la búsqueda de la cuadratura del círculo con su mathrock.

Intensificando

Ty Segall, incansable roquero que lleva más discos que años en el circuito, entregó el homónimo Ty Segall (2017), volviendo al modo garage y confirmando su orientación febril; en modo intensito, ahí estuvo English Tapas de Sleaford Mods, con todo y su punk salpicado de electrónica no dejando pasar al Brexit; Obaro Ejimiwe entregó su cuarto disco como Ghostpoet, titulado Dark Days + Canapés, en el que amplía el radio de invitados para las sesiones de rock pasado por penumbras, tal como el inquietante Relatives in Descent, cuarto álbum de Protomartyr, siempre en tono acechante, incluso en sus partes más melódicas, como cuando no queda más que la caída.

The Menzingers, en su quinto disco After the Party, terminan por cuestionarse qué espera el día siguiente, eso sí, con la energía intacta como el punk celta de Dropkick Murphys, yendo de lo sublime a lo doloroso en 11 Short Stories of Pain & Glory.Power Trip perpetró su Nightmare Logic, como para despertar y al fin comprender que los sueños más representativos se parecen demasiado a la cruda realidad. AFI muestra el oficio que dan los años trabajando en AFI (The Blood Album), transitando del punk a su vertiente post con ciertos pasajes para las multitudes.

Heartless, la cuidada obra de Pallbearer integra con intuición los pasajes melódicos con los despliegues guitarreros y rítmicos de profunda repercusión, en tanto Godflesh confirmó que su regreso va en serio con Post Self, industrialismo en constante implosión que va siempre un paso delante de ti; por estos sonidos y rumbos de maquinarias desaforadas, KMFDM produjo el estridente Hell Yeah y 3Teeth hizo lo propio con shutdown.exe, revitalizando este rock de orígenes fabriles que destilan marcialidad y catarsis.

El metalcore de los de Massachusetts conocidos como Converge, encontró en The Dusk In Us un paso adelante en el proceso de, en efecto, sacudirnos el polvo a guitarrazo limpio haciéndonos coincidir sin que nos demos cuenta. Para cerrar, el consolidado cuarteto de Georgia nombrado Mastodon, entregó su séptimo disco, el conceptual Emperor of Sand, sobre un hombre condenado a muerte por un sultán: poder clásico del metal, drama de quien no tiene futuro y sensibilidad para la melodía emergente entre las esperadas tormentas de arena.

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