Viernes. 06.12.2019
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Rockaway Records

Beto Cronopio

Rockaway Records
Rockaway Records

Con afecto para el Oh Gran Máster Jedi Coleccionista de Vinilos

Cuando terminé de cursar la secundaria, mis padres me enviaron a Los Ángeles, California, para conocer a mi familia de allá. Ellos eran dueños de talleres de costura, por lo que de lunes a viernes estábamos ahí y los fines de semana salíamos a pasear: Hollywood Bouvelard, Disnelyand, Six Flags, Universal Studios…

En el taller no me dejaban trabajar porque era un puberto y además no sabía hacer mucho; además, si hacía algo básico (como barrer), dejaba sin chamba a un trabajador de mis tíos. Por eso, iba a la oficina y devoraba la sección amarilla buscando tiendas de vinilos, así como la ruta de autobuses. Una vez definida, pedía a una tía que me prestara su bus-pass y me iba a explorar. ¡Era una época en que los autobuses tenían horario! Llegabas a las 11:15 horas y subías al autobús indicado, contabas las paradas y, ¡voilá!, llegabas a tu destino.

Y entre las tiendas de discos, encontré Rockaway Records (chequé el mapa y vi que estaba pasando Echo Park). Ha sido la mejor tienda de discos y memorabilia que he visitado en mi vida. Sí, Tower Records de Hollywood Boulevard era más grande, pero en mi opinión Rockaway Records era más selecta. Estaba también Pepperland, una pequeña tienda por los rumbos de Anaheim, muy especializada en Beatles; también había una muy buena tienda de vinilos en la UCLA, dentro del campus, y una excelente librería.

Fundada por los hermanos Gary y Wayne Johnson, Rockaway Records estaba ubicada en Glendale Boulevard. Eran los años noventa. Llegaba en autobús y, con los escasos dólares que llevaba, me pasaba horas seleccionando lo que iba a comprar. Era muy frecuente que me quedara sólo con algunas monedas de 25 centavos para regresar. Primero, revisaba lo que había y comparaba precios, hacía mi suma (incluyendo el tax) y luego regresaba a revisar el material. Digamos que invertía cuatro horas en el proceso.

La tienda era una belleza por su surtido: contaban con posters originales anunciando conciertos (los psicodélicos del Fillmore, por ejemplo), discos autografiados, exhibidores de discos, playeras oficiales descontinuadas, pines, discos de oro, programas autografiados, boletos de conciertos, viniles de 7 y 12 pulgadas, CD’s, cassettes y memorabilia diversa: si tenías material exclusivo, lo vendías a través de Rockaway. Por ejemplo, ellos llevaron a cabo la subasta de los vinilos de los Beatles propiedad de Brian Epstein. Para los clientes VIP tenían un casillero donde guardaban el material que compraban. Y contaban con un catálogo elaborado a máquina de escribir (¡como en el medievo!).

A veces planeaba mi viaje para que coincidiera con la fecha del lanzamiento de algún material beatle y me lo traía para vender en la Ciudad de México. ¡Una vez me traje como veinte discos compactos promocionales del lanzamiento del primer volumen de la Anthology!

Rockaway llegó a tener dos sucursales en Estados Unidos y una en Australia. Por si fuese poco, organizaban toquines, reuniones, ventas nocturnas y firmas de autógrafos. Con ellos aprendí un poco acerca de los discos: test pressing, grado M (mint condition), discos de colores, autógrafos… En fin, joyas.

Salía muy contento con mis bolsas de plástico color amarillo, con su logo impreso en negro. ¡Y nada de poner los discos en la maleta, me los llevaba a mano en el avión!

Hace más de diez años que no voy, no he regresado. La venta por internet ha popularizado la venta de acervo rockero urbi et orbi… pero sí, hay que volver.

Sin lugar a dudas, fui muy feliz en Rockaway Records.

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Beto Cronopio (Cd. de México). Fan de The Beatles y del rock mexicano de los años 70, incluyendo el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro. Ávido lector de dichos temas.

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