Buscar
12:21h. Martes, 18 de Diciembre de 2018

Suspenso

Andrés Baldíos

Sombrero
Sombrero

Cuando ella entra a la casa ve que todos están en la cocina.

Hay un visitante en espera de alguien. De ti, le dicen sus padres. Este hombre te busca, querida. Ella mira al hombre, quien le sonríe desde un ángulo persistente, como si en verdad hubiese ido sólo por ella. Después de todo, era un asaltante que había penetrado en la casa y había atado a sus padres, como en una tierna escena de visitas, en espera por la personita esperada.

Ella regresaba de un agotador día de clases. Ya eran las nueve de la noche.

El asaltante se muestra caballeroso, sonriente y silencioso. Ella nota cómo sostiene la pistola, sin las menores intenciones de disparar a nadie ni a ningún lado, simplemente la carga para espantar, para convencerla de que es ella con quien quisiera estar. ¿Una cita? Al principio ella se siente al borde del pánico y por poco y le da por gritar, pero sabe al instante que eso no salvará a nadie, habrá que ceder a la causa. Se tranquiliza un poco y fija la mirada en sus padres. Su padre, justo en la silla central de la mesa (al lado izquierdo del asaltante), le indica discretamente con varios levantamientos de ceja y señalamientos de reojo que siga la corriente para salir del embrollo de una vez por todas. A fin de cuentas, si era ella a quien buscaban, ella podría llegar a tener el control total sobre el asaltante, pero esto está de más decirlo.

Ella se aproxima al asaltante danzando sensualmente, captando el embrollo, desarrollando la vía de escape, inventando a cada centímetro de sus pasos alguna excusa para ocultarse por un momento y llamar a la policía. Ella bien sabe que ahora el asaltante no podrá perderla de vista, no podrá dejarla ir a ninguna otra parte que no sean sus brazos y sus indicaciones, todas saciadas de una caballerosidad que ni el más noble galante podría copiar con tan certero estilo.

Cuando finalmente queda frente a frente del asaltante, le explica que ha llegado en sus fachas escolares, que preferiría ir a ponerse algo más cómodo para la posteridad. Gatita sensual. Es tan criminalmente bellísima que el asaltante podría decir que sí, que adelante, que procure no tardarse mucho, y que no intente nada. Y es exactamente lo que él responde.

Ella, tranquila, le explica que no intentará nada. Ella piensa subir y arreglarse y, mientras tanto, encender el celular, marcar a la policía y dejarlo en altavoz para que escuchen la situación y se actúe rápido. Parece que el asaltante es más tonto de lo que creía. Ella sube. Se viste. O en eso está cuando de repente suena el timbre. ¡Su novio! Había quedado con él a esa hora, justo después de su llegada de la escuela.

Ella deja de vestirse para correr al borde de las escaleras. El asaltante camina en cuclillas hasta la puerta. El novio espera…

***
Andrés Baldíos es escritor. Los primeros peldaños son peligrosos, su hasta ahora primer libro de cuentos, fue editado en 2012 por San Roque.

[Ir a la portada de Tachas 245]