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08:48h. Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

Fumadores [IX]

Groucho Marx

José Luis Justes Amador

Marilyn Monroe y Groucho Marx
Marilyn Monroe y Groucho Marx

La fotografía debe ser de principios o mediados del 1949, y tomada por uno de los fotógrafos de United Artist en los descansos del rodaje de “Love Happy”. Es la cuarta película de Marilyn, todavía en papeles secundarios, y la última de los hermanos Marx como tales.

Lo difícil es encontrar una fotografía donde el genio de los Marx no esté, por vicio o por publicidad, fumando. Incluso abrazando a una de las mujeres más hermosas que hayan existido nunca. Es difícil, porque Groucho Marx había escrito que “si me dieran a elegir entre una mujer y un cigarro, siempre elegiría el cigarro”. 

Es imposible no fijarse en la joven Marilyn Monroe. Como es imposible no sentir en lo más adentro la ganas de estar en esa fotografía. Abrazándola y, en segundo plano, fumando. Porque lo segundo que atrapa la mirada, a la altura del rostro de la actriz, de su boca, es un enorme habano. El cigarro que está fumando Groucho.

Wells, Churchil, la Doña, son personajes cuya imagen está siempre, o casi  siempre, unida indefectiblemente a un producto del tabaco junto a ellos. Pero si hubiera una clasificación de ese tipo de imágenes, sería Groucho –con su inolvidable bigote y su habano- quien la encabezaría. Es imposible imaginarlo sin él, ni en sus películas ni en su vida.

¿Qué hace Marilyn (y ver esta fotografía en tiempos de Weistein da qué pensar) dejándose abrazar por alguien que ni siquiera la está mirando? Groucho, mientras, mira hacia otro lado, como si el abrazo fuera una obligación. Como si quisiera volver a encender el habano que parece que cuelga de su boca apagado. Él sabe que su carrera en el cine está terminando (no la de la escritura), pero no hay manera de que sepa la que espera a la abrazada.

¿Qué es más importante para Groucho? Si hemos de hacer caso a sus palabras, el cigarro. Tal vez por eso la cara de urgencia, de desapego, de necesidad. Basta mirar su rostro en esa serie de fotografías (hay varias instantáneas semejantes a ésta, con los personajes hablando y Groucho con su eterno puro en los labios) para darse cuenta de la verdad de su afirmación.

Marilyn continuará su carrera. Groucho seguirá fumando.

Es imposible no imaginar fumando al aplaudido (“Una casa tabacalera dijo que yo era el fumador más famoso del mundo. No me imaginé que pudiera ser verdad hasta que en una visita a La Habana fui a una cigarrera en la que había cuatrocientas personas enrollando habanos y que, al verme, se pusieron de pie y me aplaudieron”) si una de sus frases favoritas, y más recordadas, es la genial “¿Le importa si no fumo?”

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