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12:19h. Martes, 18 de Diciembre de 2018

El verano del horror (Las vidas paralelas de Velvet Underground y Love)

Javier Morales i García

Javier Morales - El verano del horror
Javier Morales - El verano del horror

Paralelas, vale. ¡Pero llamarle vidas a eso! Parece demasiado.

Y es que –a la vista de las trayectorias de la Velvet y los Love– existe, casi, la tentación de cambiar vidas por muertes: tan abrumadora es la presencia de esta última en la carrera de ambos grupos. Hay la muerte real, primero: de las formaciones (cinco interpretes por grupo) que registraron Forever Changesy The Velvet Underground & Nico; solo sobreviven tres de cada: han fallecido ya Ken Forssi y Bryan McLean (de los Love), así como Sterling Morrison y Nico (de la Velvet).[1]

Y la muerte comercial y crítica, también: resulta irónico constatar cómo, ahora, el conjunto de sus carreras recibe la aclamación unánime y cómo sus discos se venden más que nunca. cuando, mientras estuvieron en activo, fueron –por decirlo así– unos muertos en vida: en su momento de esplendor nadie les hizo caso, o casi nadie; a los Love tal vez un poco más, en Inglaterra, sobre todo. Y luego está la muerte a secas: la muerte como obsesión casi enfermiza, como certeza de un futuro inminente. La muerte como asunto que circula implacable por los surcos de Forever Changes y de The Velvet Underground & Nico, y que es la base de la afinidad entre los dos álbumes y sus autores, más allá de su común (y por entonces innovadora) afición a la heroína.

Más allá, también, de las radicales diferencias de sonido (que las hay): ese equilibrio tenso entre el caos ruidoso ("European Son","Heroin") y el encanto melódico ("I'll Be Your Mirror", "Sunday Morning") que sostienen la grandeza de The Velvet Underground & Nico y que no tienen nada que ver, en absoluto, con la insólita combinación de lirismo orquestal ("Alone Again Or", "You Set the Scene") y folk rock cuasi-salvaje ("A House is Not A Motel", "Live and Let Live") que, cuarenta años después, aún sigue deslumbrando a los oyentes del Forever Changes.

O sea que la muerte, bien. Pero no la muerte en cualquier sitio, no: la muerte en la ciudad. Porque estos dos elepés son esencialmente dos discos urbanos (el de la Velvet es abierto en este sentido; Forever Changes aborda la ciudad desde las colinas, de una manera distanciada). Y son dos discos, por lo tanto, ajenos al aire escapista del pop de su época; no hay que olvidar que ambos salieron al mercado, respectivamente, tres meses antes y tres meses después del verano de 1967, el más famoso del pasado siglo XX. El “verano del amor”, que le dijeron, una utopía juvenil que pretendió instaurar el paraíso en la tierra (o, por lo menos, en San Francisco) a base de sexo sin prejuicios y drogas –en principio– de buen rollo, mayormente LSD. Quizás por eso, por el grado de intoxicación que llegaron a alcanzar sus jóvenes cerebros, los músicos más identificados con el proyecto psicodélico preferían para sus canciones espacios abiertamente irreales o existentes solo en sus visiones: jardines de la mente bajo cielos de mermelada (por citar, respectivamente, a los Byrds y a los Beatles) donde la corrupción y la miseria de las ciudades del occidente capitalista apenas eran ya una pesadilla casi olvidada... Pero no para Arthur Lee (23 años en aquel otoño, piel negra, música blanca) ni para Lou Reed (25 años en aquella primavera, vida salvada por el R&R). Porque si los hedonistas de pelos largos y camisas floreadas celebraban la droga como una inesperada extensión de la vida, ellos dos (y sus secuaces respectivos en los Love y la Velvet, con los enormes Bryan McLean y John Cale como manos derechas) tenían muy claro que la línea entre el placer absoluto y la absoluta aniquilación es muy delgada, tanto como la muerte, y que esa línea puede estar apenas a un par de calles.

Un par de calles de Nueva York, tal vez. Por ejemplo, Lexington y la 125, donde uno espera (sucio y enfermo, más muerto que vivo) al camello que siempre llega tarde ("Waiting For My Man"). O Union Square, adonde corren quienes sienten que su alma ha de ser salvada ("Run Run Run"). Son precisamente estas dos canciones las que definen el Nueva York de The Velvet Underground & Nico, una ciudad cantada y temida, a medio camino entre el realismo sucio (los yonquis, muy auténticos en "Waiting…" o "Heroin") y el expresionismo que se plasma en los ángeles –caídos, se entiende– de "Black Angel's Death Song" y las dominatrices redentoras de "Venus In Furs".

Arthur Lee, en cambio, es menos explícito que Reed: en Forever Changes la ciudad de Los Ángeles solo aparece nombrada una vez, en "Maybe The People Would Be The Times, Or Between Clark & Hilldale" (una referencia casi alegre a los tiempos en que los Love eran lo más en Eléi). Y, a diferencia de The Velvet Underground & Nico, en Changes la ciudad aparece más observada que vivida: si Lou Reed y los protagonistas de sus canciones aparecen inmersos –puede que demasiado– en la vorágine neoyorquina, Arthur Lee contempla L.A. desde fuera o, mejor dicho, desde arriba; concretamente, desde la casa que tenían en las colinas que rodeaban la ciudad y desde la cual podía divisarse todo Los Ángeles. Uno escucha "The Red Telephone" y casi puede imaginarlo allí. “Sentado en una colina” canta, lacónico, “observo a la gente morir”.

¡Menuda manera de empezar una canción! Y el final no es mejor. Termina repitiendo: “hoy van a encerrarlos y van a tirar la llave” y esto dice mucho del estado de ánimo de Arthur Lee cuando la compuso. Estaba totalmente convencido de que iba a morir nada más completar la grabación de ese disco. Casi lo consigue, por cierto...

Arthur lee se aproxima a la muerte de un modo sustancialmente distinto del de Reed. Si este se pone en la perforada piel de un heroinómano y canta a la muerte en términos casi lujuriosos, como un amante (en "Heroin" dice: “Heroína, sé mi muerte / Heroína, es mi esposa y es mi vida / Cuando una dosis en la vena va directa a mi cabeza, me siento mejor que si estuviese muerto”), Lee la admira a cierta distancia, con un estupor entre perverso y sereno, resignado (en "You Set the Scene" dice: “sólo estoy seguro de una cosa / y es que todo lo que vive ha de morir / y siempre habrá gente que se pregunte por qué / y por cada hola habrá un adiós).

Otra cosa: en Forever Changes, la muerte parece venir del exterior. En The Velvet Underground & Nico, del interior. De nuevo "Heroin": “he tomado una gran decisión / voy a tratar de anular mi vida”.

Hay una voluntad casi suicida que nace de dentro, en esa canción y en otras del disco (esa Mary adolescente del "Run Run Run" que quiere que salven su alma precisamente en una plaza donde va la gente a pillar heroína). Por contra, Forever Changes abunda en referencias a una futura y letal explosión violenta, como en "A House Is Not A Motel": “sonarán las sirenas de las escuelas de guerra / las aguas se han vuelto sangre / ¿no lo crees? ¡abre el grifo!” ¿Vietnam? ¿Una guerra nuclear? Hay argumentos para quedarse con cualquiera de las dos opciones. En la misma canción, Arthur Lee afirma que “las noticias de hoy serán las películas de mañana”. En "You Set The Scene" plantea esto: “hay un tío que no es capaz de decidir / si debe luchar por lo que sus padres creen correcto”. Y aquel teléfono del título en “The Red Telephone” se refiere a la línea directa entre la Casa Blanca y el Kremlin durante la Guerra Fría...

Lo menos que uno puede preguntarse después de escuchar repetidamente estos dos discos es: ¿y entonces, hay salida?

Bien, reconozcámoslo: hemos oído demasiadas canciones ñoñas como para no pensar que tiene que haberla, y que esa salida ha de ser, por narices, el amor.

¿Lo es, en Forever Changes? ¿Lo es en The Velvet Underground & Nico? Siento comunicar que no. Lo que no es muerte, en el uno es el tedio o la repetición insulsa (en "The Daily Planet": “nos levantamos por la mañana / y empezamos el día de la misma forma que ayer / y antesdeayer / en realidad es solo un día como los demás / así que practica lo de comer chicle / y, oh, todo se repite tantas veces”) y en el otro es paranoia pura (en "Sunday Morning": “cuidado / el mundo anda buscándote / siempre hay alguien detrás tuyo).

Así que...

LOVE. Forever Changes. 1967. Elektra.

Alone Again Or / A House is Not a Motel/ Andmoreagain / The Daily Planet / Old Man / The Red Telephone / Maybe The People Would Be The Times, Or Between Clark and Hilldale / Live and Let Live / The Good Humour Man He Sees Everything Like This / Bummer in the Summer / You Set The Scene

THE VELVET UNDERGROUND & NICO. The Velvet Underground & Nico. 1967. Verve.

Sunday Morning / Waiting For My Man / Femme Fatale / Venus In Furs / Run Run Run / All Tomorrow's Parties / Heroin / There She Goes / I'll Be Your Mirror / Black Angel's Death Song / European Song

La Bella Isla
Miércoles 1 de marzo de 2006

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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[1] Al ser un rescate bibliográfico, así era al momento de escribirse este texto. Al momento de su publicación en Tachas, se han ido también las mentes maestras detrás de cada grupo y álbum: Arthur Lee falleció en agosto de 2006 y Lou Reed, en octubre de 2013. Con todo, esto añade sentido al párrafo original, por lo que hemos decidido dejarlo como está, y adjuntar al pie esta pequeña aclaración (Nota de los editores).