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03:12h. Viernes, 19 de Octubre de 2018

El cassette del viejo auto rojo

Esteban Cisneros

The Field Mice, Let's kiss and make up, fotograma del video
The Field Mice, Let's kiss and make up, fotograma del video

Me encontré hace poco con otra cinta, una Sony, sin etiquetas, la caja medio rota pero la portada hecha a mano aún viva, un poco doblada, brillante con un dibujo que hice de un mod de geometría caprichosa retorciéndose en una pista de baile invisible. Tal vez sea un cassette de 2004 o 2005 o 2006. Era una cinta que escuchamos el Moloko y yo todas las mañanas de una cierta temporada gris, aunque plácida, en el Viejo Auto Rojo. La encontré, como suelo encontrar estas cosas, buscando algo más: en esta ocasión, un libro de Mickey Spillane que yo sabía que tenía por algún lugar. Fue un doble hallazgo fenomenal.

Eran otros días. La cinta era un diario sónico de aquellos tiempos. De esto se trataban:

The Field Mice, Let’s Kiss and Make Up

Esa guitarra. Esa guitarra, carajo. Simple. ¿Saint Etienne o The Field Mice? Ambos, sin duda, pero esta versión tiene esa guitarra. Esta canción es amor, música, vida. Incluso hoy sigue provocándome conatos de ataque cardíaco. Incluso hoy.

Galaxie 500, Don’t Let Our Youth Go To Waste

Eso: no dejes que nuestra juventud se desperdicie. Jonathan Richman llevado a su estado definitivo de epifanía: siete minutos de uno de mis grupos favoritos por muchas razones: su sensibilidad, sus letras, su sonido anorak¸ su definitiva ausencia en cualquier enciclopedia musical del Típico Entendido Musical Leonés, por su nombre, por sus portadas, por Damos & Naomi, por las tardes de Acimut Records bebiendo cerveza barata y hablando de ellos y de los hombres conejo y de futbol y de chicas y porque se parecían mucho a ¡Los Padrinos! originales. De hecho hay un concierto en la Commonwealth School en Boston del que sobrevive un vídeo en el que todo es parecido a aquellos tres idiots-savants, hasta la pinta completa. Un himno: no dejes que nuestra juventud se desperdicie.

The Sweetest Ache, Capo

El dolor más dulce. Briaris es definitiva banda sonora de mi vida, pero siempre seguida de Capo. Pura tristeza feliz. No me pidan definir eso. Pero amo esta música.

Go Betweens, Lee Remick

Días de vino y rosas. Yo recuerdo a Lee Remick por esa película y por Anatomía de un asesinato pero a Robert Forster y los Go Betweens les fue mejor recordándola en La profecía. Además de que la canción es una lección de fuerza, amateurismo, romanticismo y encanto y hacía latir el corazón y cuando el Viejo Auto Rojo se descompuso en aquella ocasión amarilla iba sonando justamente esta canción, siempre había un ataque de risa con una de las grandes líneas del pop: she was in The Omen with Gregory Peck / She got killed, uh, what the heck! Habrá mejores canciones de Go Betweens (ellos siempre tienen mejores canciones) pero esta es como aquella chica de secundaria que no se olvida. Esta canción es mi Emily Kane de las canciones. Dicho está.

Television Personalities, Silly Girl

Discordante. Obsesiva. Rara con r mayúscula, como el mundo. Ese mundo obstinado en que Dan Treacy no viese la Gran Luz. Esto era punk y no pendejadas. Esto era La Próxima Cosa Grande y, justamente, el mundo se lo perdió. Pudieron ser más grandes que los Beatles. Ojalá lo hubiesen sido.

BMX Bandits, Your Class

De BMX Bandits me gusta todo. Tienen temas que me retuercen las tripas, me rompen el corazón, me golpean en el hígado y me sacan lagrimillas vergonzosas/orgullosas. Your Class es una de esas. Es una canción girl group en masculino, twee, chambón, lo-fi, eufórica, anómala. Una obra maestra (aunque si tu idea de obra maestra es afectación y grandilocuencia, esta no es tu canción. Lo siento.)

Saint Etienne, You’re In A Bad Way

Alguna vez, bailándola como un memo, dije que era mi canción favorita. Puede ser. Aun hoy. Aún hoy. ¿Cómo se llega a tanta perfección pop?

Dexys Midnight Runners, Tell Me When My Light Turn Green

De Dexys puedo hablar y hablar, pero gracias al cassette del Viejo Auto Rojo esta era cantada en falsete y todo el festival, por El Moloko y un servidor a lo Wayne’s World, pero mejorada. Eramos El Ridículo personificado. Qué emoción, carajo.

Echo & The Bunnymen, All You Need is Love

Pudo haber sido cualquiera del Ocean Rain y derivados, pero por alguna razón que no logro descifrar fue esta versión a los Virus grabada en la Catedral del Liverpool la que ganó su derecho a estar en el cassette del Viejo Auto Rojo. Es pomposa (como la original), es un grito de Estoy En La Cima Del Mundo (como la original), es arrogante (como la original), pero entre homenaje fanático y homenaje cínico la canción tiene un no sé qué que hacía que funcionara perfectamente. La coda con sus referencias cruzadas (Like a Rolling Stone de Dylan destacando) sigue gustándome mucho, me doy cuenta. En momentos distintos de la vida han sido tres grupos de Liverpool los incuestionables, a los que se les perdonaba todo y los que me volvieron loco: estos hombres conejo, los Virus versionados y The La’s.

The Jam, The Modern World

What kind of fool do you think I am? You think I know nothing about the modern world? Pues, mira, toda mi vida ha sido lo mismo, cargando esta maldito peso pero, hey, todo se acabó aquí, menda. Tengo a The Jam, tengo un universo sólido, tengo mis libros y mi lugar (como creo que decía aquella canción de Simon & Garfunkel.) Esta canción fue piedra angular de muchas cosas. Y, por fortuna, no nos estrellamos en el Viejo Auto Rojo porque nos poníamos realmente majaretas cuando sonaba esto. Con esto se acababa la cinta. Con esto empezaban siempre más historias.

C/S.

 

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Esteban Cisneros
(León, Guanajuato) es panza verde, músico de tres acordes, lector, escritor, dandi entre basura. Cuanto sabe lo aprendió entre surcos de vinilo y vermú y los Beatles. Está convencido de que la felicidad son los 37 minutos que dura el primer disco de Dexys Midnight Runners. Procura llevar una toalla a todos lados por si hay que hacer autoestop intergaláctico.

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