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23:15h. Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

Poesía

La suerte

Sergio Inestrosa

cuatro
cuatro


 

Era de tarde ya cuando llamamos
A la puerta de la casa, pero nadie vino a atender. 
Tal vez el hombre que una vez vivió aquí 
Había cambiado de domicilio 
O quizá había muerto.
Pasó una semana y volvimos a llamar a la puerta.
En la casa de al lado
Una mujer se asomó, indiscreta, por la ventana
Y nos miró como a dos apestados
Como si fuéramos vulgares vendedores de enciclopedias
Gente que incomoda, que molesta 
Pues no respeta la intimidad de los demás
Testigos de Jehová que se sienten autorizados a hablarnos
De la urgente necesidad de conversión
Emisarios del cielo
Que nos conminan a dejar nuestra vida de mezquindades
Activistas que nos urgen 
A que dejemos nuestra pesimista indiferencia 
Ante los sufrimientos de los demás
Encuestadores 
Que quieren saber sobre nuestras preferencias políticas. 
Pero el hombre que buscábamos no salió
Todavía regresamos una tercera vez
Queríamos anunciarle 
Que se había ganado el premio mayor de la lotería
Y debía ir en persona
Previa identificación, a reclamar sus millones
Antes de que venciera el plazo
Y perdiera para siempre una fortuna. 
Como nadie salió a abrir, nos fuimos al bar de la esquina 
A bebernos unas cervezas.