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14:56h. Sábado, 26 de Mayo de 2018

Aquest Sant Jordi

Jesús Nieto

La Sagrada Familia, foto Bernard Gagnon
La Sagrada Familia, foto Bernard Gagnon

Para la Barcelola

Existen lugares en los que la nostalgia parece anidar desde su origen. Uno llega a ellos y ya los extraña desde el momento en que asciende por las escaleras del metro para descubrir un edificio del que toda su vida le han mostrado postales y películas. Se camina entre las calles de barrios ignotos asombrándose de desconocer a los que habitan ahora, porque en nada se asemejan a los que antes moraban en la imaginación. El lugar seguro es siempre una plaza, porque en el fondo todas las plazas comparten una esencia. Entonces uno se descubre reconociendo las diferencias entre un portal que recién conoce y aquel que soñó o recuerda.

Cuando llegué la primera vez, tras un viaje nocturno en tren desde Madrid, fui directo al encuentro del templo de la Sagrada Familia a maravillarme, como todo turista que se precie, de la majestuosidad de la belleza en su incompletud. Después fui a buscar donde alojarme, luego de atestiguar lo que un amigo arquitecto de mi hermano me había mostrado en un mapa de la ciudad: el singular trazo sin esquinas del llamado barrio del Ensanche.

Me atrapó desde ese primer viaje el Raval con su aire de pasado revuelto con el aire de novedad de negocios de migrantes recientes, y sus dulces árabes que uno halla en ciertos rincones. Caminé sin tregua por esa ciudad condal, del barrio Gótico a Gracia y de vuelta al mar. Anduve los caminos de Montjuic, los museos, algunos cafés y muchas librerías. Porque si hay algo que hace especial a la Barcelona que me hace falta, y a la que he vuelto para envolverme en su atmósfera de nostalgia, son sus libros: los que ahí se editan desde hace siglos, los que ahí leí, los que escuché nombrar por primera vez en las calles y las aulas.

La tradición de las editoriales catalanas está tan arraigada al grado que sabemos de libros escritos en la lengua de Miró, Rodoreda, Carner y tantos otros, que vieron la luz entre los exiliados que recalaron en México. Aunque soy un ignorante en catalán, no pude evitar dejarme llevar por sus erres, sus eles largas, sus vocales cargadas de carácter y su ritmo mitad marítimo, mitad serrano. De ahí que conservo un par de libros en esa lengua tan extraña y tan íntima a la vez. Libros en nuestra lengua, lo difícil es no hallar alguno entre las librerías de México que haya sido impreso, editado, traducido, o todas las anteriores, en las inmediaciones de la capital catalana.

Todo escritor latinoamericano siente como un deber, un honor o una consigna pasar por Barcelona en algún punto de la vida para rendir homenaje a la ciudad que dejó huella en las generaciones que le preceden, sea que se piense en Carpentier, Vargas Llosa o Bolaño. Pero como bien dice Liliana Wiener, “todos vuelven”; lo raro es quedarse instalado en esa ciudad de forma indefinida. Porque una vez que se contrae la nostalgia barcelonesa, ya sólo puede difundirse y asumir que uno la padecerá de por vida, no importa dónde se esté. 

Porque las tradiciones valen, en casa hemos conservado la fecha del Sant Jordi, 23 de abril, como ocasión especial para ofrecernos un regalo. Porque las tradiciones se reinventan, no hay flores, sólo libros. Una ocasión caminé la feria husmeando entre los puestos de las editoriales. El paseo vale por sí mismo, aunque no se compre ni un ejemplar: andar las ramblas de la Diagonal al Colón, custodiado por centenares de libros que se ofrecen al transeúnte en plena primavera entre hojas otoñales que caen y hojas que reverdecen en los árboles.

Es bien cierto que Cervantes, Shakespeare, Wordsworth, y seguramente algunos otros, también murieron un 23 de abril. Todo parece sumar a que este día se celebre ese que Borges llamaba el instrumento más asombroso que había creado el ser humano, el libro, en tanto objeto que contiene memoria e imaginación.

Feliç Sant Jordi, pues, y que vivan los libros.

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Jesús Nieto
es originario de Salamanca, Guanajuato. Estudió sociología en la UNAM, el diplomado en Creación Literaria en la SOGEM y es doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona. Se dedica a la docencia, la investigación y la escritura.

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