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00:20h. Lunes, 23 de Julio de 2018

CRÓNICAS DE YIZZ Y DAVES [I]

Kind of blue

Yizz y Daves

Sesiones de grabación del álbum Kind of Blue. Aparecen Coltrane, Cannonball Adderlay, Davis y Evans. Foto, Don Hunstein.
Sesiones de grabación del álbum Kind of Blue. Aparecen Coltrane, Cannonball Adderlay, Davis y Evans. Foto, Don Hunstein.

Estábamos en casa de Yizz. Escuchábamos el Kind of Blue y bebíamos mezcal espadín de Tlacolula, Oaxaca. Comentamos que Miles no había sido tan buena persona. Eso se dice fácil desde nuestra circunstancia, desde nuestro tiempo. Hacía unos meses que ambos habíamos leído The Making of Kind of Blue de Eric Nisenson en la traducción de Guillermo Cuevas para la editorial de la Universidad Veracruzana. Estábamos imbuidos de todo ese contexto social de racismo de los años cincuenta en Estados Unidos; la gente que volvía de una guerra en la que combatieron el fascismo para encontrarse de lleno con la discriminación más arraigada en su propia tierra. La arrogancia de Miles, una vez que se consolidó como músico reconocido, era tan solo la otra cara de los ataques cotidianos a los que se veían expuestos los negros de todos los ámbitos sociales.

El mismo trompetista fue muchas veces objeto de vejaciones, inclusive por parte de la policía, como aquella ocasión en que salió de un bar en el que daba concierto para fumarse un cigarro y la policía llegó a interrogarlo como si por el hecho de estar solo en medio de la noche fuera sospechoso de cualquier cosa. 1959, año del Kind of Blue (y del triunfo de la Revolución Cubana, por cierto), a nada de la década de los sesenta en que todo pareció incendiarse de pronto. En realidad, el afán revolucionario venía construyéndose desde mucho antes.

El libro de Nisenson nos había metido de lleno en la escucha atenta del álbum que, para muchos, cambió la historia del jazz con la introducción del estilo modal que dejaba atrás los tiempos del bebop. Acercarse al Kind of Blue es entrar en contacto con la culminación de un quinteto excepcional, así como con el comienzo de las carreras de varios jazzistas como John Coltrane y Bill Evans.

Daves y Yizz habíamos estado intercambiando canciones mediante Spotify, dejando que los algoritmos nos fueran llevando de uno a otro lado en espirales de música. 2016 había sido ante todo el año del blues. No nos parecía ninguna coincidencia que después de su tour (aquel célebre que llegó a su clímax de popularidad con la presentación en Cuba), los Rolling hubieran decidido hacer un álbum dedicado al género que nacido en los campos estadounidenses había llegado a oídos de los jóvenes de clase media de la posguerra en Inglaterra, quienes a su vez lo revolucionaron. En octubre, por obvias y dylanescas razones, hicimos un paréntesis para meternos en el folk-rock; lo cual, de nuevo nos llevaba al blues, y a ese pariente extraño y libertino: el jazz.

A Daves le gusta más Thelounious Monk y a Yizz, Bill Evans.

“La música es la expresión humana más cercana a la naturaleza”, dice Daves con voz emocionada. “Para mí la música es un artificio, ante todo, los instrumentos musicales son cada vez más sofisticados y, sin embargo, un piano podría estar imitando la lluvia y una flauta el viento”, contesta Yizz.

“Yo veo un piano sofisticado de un solista neoyorquino en medio de una jungla creada por los Rolling Stones”, anuncia Daves, que ha quitado el Kind of Blue porque no nos apeteció escuchar los comentarios del disco (aunque tiene su gracia oír las voces de los ídolos en medio de sus discusiones en el estudio a propósito de la grabación).

Hemos cambiado a cerveza. En el aparato escuchamos ahora “Worried About You”. La voz de Jagger es un golpe que sacude. “¿Qué habría hecho Jagger con un pianista como Monk?”, pregunta Daves de pronto. “¿Jazz?”, sugiere Yizz.

“Sympathy for the Devil”, afirma Daves, contundente.

Desde la pared nos mira con suspicacia un grabado del Diablo, de Roberto Rébora.

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Yizz y Daves
se conocieron trabajando en la publicidad de una cadena hotelera en una extinta agencia de publicidad en el entonces Distrito Federal. Entre menús de restaurantes y volantes de promociones para estancias de turismo y convenciones se percataron de su mutua fascinación por el rock clásico, en especial los Beatles. Por entonces se descubrieron aficionados también a los tacos “de cajuela” y a las tortas “Homero, el mero, mero”. En los años que han seguido desde 2009 han mantenido una conversación intermitente en torno a la música popular.  

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