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14:13h. Domingo, 27 de Mayo de 2018

El esplendor del jazz [II]

Javier Morales i García

South Side Chicago Blues
South Side Chicago Blues

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El centro del universo del Jazz en el South Side de Chicago, durante la segunda mitad de los años 20, era el Sunset Cafe, de cuyos locales reformados sacaría una buena tajada el Grand Terrace.

Cuando Louis Armstrong tocó allí entre 1926 Y 1927, en la entrada se podía ver un gran cartel lleno de luces en donde se podía leer:

Louis Armstrong -  El más grande trompetista del Mundo

Del otro lado de la calle, en otro local llamado Plantation, estaba aún tocando King Oliver junto a sus Dixie Sincopators. Johnny Dodds, junto a su hermano batería y a otros músicos llegados de Nueva Orleans, mientras tanto, estaban tocando en el Bert Kelly's Stables, un local que antiguamente era una cuadra de caballos y del que se habían aprovechado los pequeños cuartos todos pintados en negro y con mesas para los clientes. Estos locales, a diferencia de lo que sucedía en otros garitos de la ciudad, no solían vender alcohol, así que había que llevarse la petaca llena de whisky. Eso sí, el local proveía los vasos, el agua y el hielo a un buen precio y con buena cara.

En otros locales, el alcohol era tan libre como ilegalmente vendido sin problema alguno.

Otros músicos, más o menos profesionales, se podían escuchar en las llamadas rent parties, fiestas organizadas por la comunidad negra con el objeto de recaudar los fondos necesarios para pagar el alquiler del apartamento en donde se hacia la reunión o para ayudar en cualquier tipo de dificultades.

No importaba quien entrase a esas fiestas, siempre que pagara la entrada. No se sabía siquiera quienes eran los dueños de la casa, ni quién preparaba la comida que allí se consumía. Pero había que pagar para entrar y unirse a la fiesta. Se comía, se bebía, se bailaba, se hacía el amor en alguna habitación reservada y se jugaban juegos de azar hasta que amanecía. A veces se proseguía la fiesta durante días y días y a menudo, la música la proporcionaba un pianista, que comía y bebía gratis mientras tocase. A aquel jazz que sonaba en las rent parties terminó por llamársele Boogie Woogie.

Se trataba de una especie de blues a tiempo rápido y en un estilo que estaba de moda desde ya hacía años llegado de Texas y también otras zonas del Sur y del Sudoeste del país.

Algunos lo llamaban Fast Western, el blues rápido que se hacía al Oeste del Mississippi.

Los pianistas tocaban en compás de 12/8, esto es 4 corcheas señaladas, seguida cada una por una semicorchea para cada compás, ejecutando con la mano izquierda una especie de bajo obstinado y con la derecha tocando riffs, frases cortas de dos o cuatro compases llenas de dinamismo que repetían varias veces y que se caracterizaban por frecuentes trémolos y arpegios particulares.

Todo giraba alrededor del piano que había veces que parecía más una batería, como correspondía a las mejores tradiciones de la música afroamericana desde los tiempos del ragtime.

En las rent parties de Chicago no era difícil encontrar al piano a Jimmy Yancey o bien a Albert Ammons y a Meade "Lux" Lewis, que durante el día trabajaban en las cocheras, o también a "Cripple" Clarence Lofton o a "Pinetop" Smith, cuyo tema titulado “Boogie Woogie” obtuvo un gran éxito y puede que esa fuera la razón de que aquel estilo se llamase así.

Algunos de estos músicos fueron redescubiertos una década después en plena era del Swing. Por ejemplo, Ammons y Lewis tuvieron un éxito continuado durante varios años.

También en Harlem, así como en otras comunidades negras de Saint Louis y de la capital, Washington, estas rent parties se convirtieron en algo frecuente y serían mucho más habituales durante los años de la Depresión, después que la peor de las miserias cayera sobre la población de color de todos los Estados Unidos y no solo sobre los blancos.

En las rent parties del barrio de Harlem no se escuchaba Boogie Woogie sino sobre todo el estilo llamado Stride Piano, también llamado Harlem Stride, y que era como otra evolución del ragtime. Dice Langston Hughes:

Las rent parties en las que tomé parte, y que se realizaban los sábados por la noche, eran a menudo más divertidas que meterte en cualquier local nocturno. Tenían lugar en apartamentos en donde lo de menos era saber quien vivía allí, aunque me da que rara vez era uno de los asistentes. Allí en una esquina estaba el pianista y había veces que también había alguna trompeta y un guitarrista sentado en otra parte de la habitación. Puede que alguien pusiese algo de percusión utilizando algún tambor o lo primero que viese por allí. Allí dentro se podía comprar por pocos centavos unos vasos de aguardiente de contrabando que te quemaba por dentro, un muy buen pescado frito y otras cosas fritas que mejor no saber lo que eran. Allí dentro había baile, canciones alegres y mucha improvisación que continuaba hasta que se hacía de día. Aquellas fiestas a menudo se definían como recepciones o bailes íntimos y se solían anunciar con cartelitos de colores vivos, colgados en las puertas de los ascensores de los pisos. Casi cada sábado por la noche, cuando vivía en Harlem, iba a ellas. A propósito de estas fiestas escribí decenas de poesías y devoré kilos de pescado frito y patas de cerdo, con litros de cerveza o de refresco y mucho hielo. Allí conocí a todo tipo de gente: camareros, camioneros, obreros y limpiabotas, modistas y porteros. Todavía en mis sueños me parece oír sus carcajadas, la música, a veces lenta y suave, a veces frenética y disparatada; aún en sueños siento el temblor del suelo mientras bailaban las parejas.

C O N T I N U A R Á

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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