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14:48h. Sábado, 26 de Mayo de 2018

Vivir a secas

Andrés Baldíos

La cotidianidad, como a todos, le hurgó las tripas hasta el tedio de la costumbre; porque uno también se enferma de todos los días.

El rugido del porvenir mundano le sacudió la cabeza a un ritmo indeseable: era el taxi que había pedido hacía varios minutos, aguardando afuera de su casa. No tuvo tiempo para tomar el autobús; se había quedado dormido diez valiosos minutos después de la alarma.

Sube al vehículo y le dice al taxista a dónde hay que ir. El taxista, al ver que su pasajero mira directo a la calle, se percata de que no es de esas personas que hablan mucho. Ambos guardan un respetuoso silencio.

El pasajero va pensando detenidamente sobre qué será del día de hoy. Tiene que llegar a dar clase. Sabe perfectamente que todo esto es un circo-maroma-y-teatro y que los jóvenes ya no quieren saber nada más allá de celulares y vídeos y cosas virales para perder el tiempo mientras les analizan complejidades improvisadas…

Cuando llega a la escuela, sabe que no hay vuelta atrás. Es él y su salario, y los terceros por quienes vela. Es él o la calle. Es él o la indolencia del sistema que lo puede largar cuando se le pegue la gana…

Cuando entra al salón de clases es como si saliera de una rutina espiritual para entrar a la rutina física, y es cuando se da cuenta de que su profesión ya no le es posible. Esto porque a nadie le interesa escucharle.

Cuando da la clase es como si se deslizara más por la costumbre del curso que por su vieja convicción.

Cuando sale de su clase, sale sudando frío sin importarle más que el café que tomará en unos instantes. Le sudan partes del cuerpo específicas. Todo esto forma parte del remordimiento que deberá guardar para el maldito resto de sus días… y bebe café… porque uno también puede enfermarse del tener que vivir todos los días.

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Andrés Baldíos
es escritor. Los primeros peldaños son peligrosos, su hasta ahora primer libro de cuentos, fue editado en 2012 por San Roque.

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