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10:04h. Jueves, 18 de Octubre de 2018

Fumadores [xx]

Niños soldado

José Luis Justes Amador

Niños soldado
Niños soldado

Es 1967 y el ejército del Vietcong ha comenzado a reclutar a niños para suplir las cada vez mayores bajas sufridas en una guerra que pinta larga.

Los dos niños, probablemente de un pelotón formado por soldados de edad semejante, aprovechan una tregua, un momento de relax, una pausa en el fuego continuado del ejército usamericano. En circunstancias normales, el ocio de los infantes estaría ocupado por el juego o por la imitación de los mayores. Las circunstancias son diferentes, pero no esa imitación.

Los dos niños están, como si jugando, disfrazados de soldados aunque en pantalón corto. Uno de ellos cumple con las normas de seguridad de la guerra con el obligatorio casco sobre su cabeza. El otro, no. Ambos sostienen de forma casi reglamentaria el fusil en posición de descanso. Y ambos comparten un cigarro en ese descanso.

Como en casi todas las fotografías de cigarros, de personas fumando el tabaco ocupa una posición central. El fotógrafo como cualquiera que vea la foto se sorprendió, suponemos, no por lo guerra (a la que había sido enviado a cubrir), no por los niños soldado (en casi todos los conflictos bélicos el ejército perdedor acaba tirando de niños y ancianos al final) sino por su fumar.

Fumar el primer cigarrillo, prenderlo, es siempre un rito de paso. Un gesto o de integración a un grupo o de rebeldía contra otro. Normalmente por asunto de edades. Pero estos dos niños, convertidos en jóvenes o en adultos por la guarra, no necesitan integrarse a nada (salvo al contingente al que están obligados), no necesitan rebelarse contra nada (salvo contra el enemigo y para eso ya están las armas que descansan en su piernas apenas sostenidas). Los dos niños están simplemente disfrutando del cigarro de la tregua.

Mirara está fotografía y escandalizarse (en estos tiempos en que fumar en público parece ser más grave que malgastar impuestos) sería hipócrita. Mirara esta fotografía (en estos tiempos en que al final de los créditos en las películas de Hollywood hay una leyenda casi pidiendo perdón por los personajes que fuman) sería cuanto menos doble moralista. Escandalizarse de verlos fumar sería no haber entendido nada ni de los ritos de paso ni de la guerra.

Los dos niños están fumando para conjurar el miedo, para aprovechar su descanso. Están fumando porque eso es lo que hacen sus mayores que, en estas circunstancias excepcionales de la guerra, son sus iguales. Están fumando porque ya han aceptado, con esa asunción desesperanza que da saber las cosas, que el arte de la guerra no son tácticas o mapas sobre los que mover fichas sino un intercambio de muertos. Lo que no matas, te mata. Fuman porque saben que mañana pueden estar muertos y la nicotina logra calmar ese miedo. Conjurarlo.

Los dos niños fuman y esperan que mañana sea otro día mejor. Mientras ya saben que ya no son niños.

Un soldado fumando un cigarro siempre son buenas noticias. Al menos, hay un instante, unos minutos, de paz. Mientras fue un soldado nadie muere ni mata.