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22:48h. Jueves, 21 de Junio de 2018

The Rolling Stones, Exile on Main St.

Javier Morales i García

Exile on Main Street
Exile on Main Street

Me acuerdo de que mi padre me llevó al circo una vez, y uno de los números que me dejo más impresionado fue uno que no vi. Un hombre alto y flaco, con el pelo largo y una capa roja se paseaba por delante del público y el jefe de pista o maestro de ceremonias iba explicando que este era un gran artista de reconocida fama mundial y que se iba a tirar a una piscina llena de cocodrilos desde una altura de cincuenta metros. Con palabras rimbombantes explicó que el número se haría fuera de la carpa por falta de espacio y que el público sería informado en todo momento de aquella increíble proeza y, al acabar, el artista volvería a desfilar para obtener los aplausos del respetable. Fueron cinco minutos de tensa espera hasta que un grito espeluznante me heló la sangre. Apareció el jefe de pista y con gestos compungidos nos contó que el artista había fallecido en el intento y que era una noticia horrible... ¡pero que el show debía continuar! Así que salieron unos cuantos payasos y las risas y carcajadas sustituyeron a la tensión.

Solo unos pocos años antes me entere que números así eran típicos de los llamados "Side Shows" de principios del siglo pasado en los Estados Unidos... Ya sabes, mujeres barbudas, hombres elefante, gemelos siameses, enanos y gigantes, luces y sombras, personajes típicos de la serie B, secundarios del Cine Negro, vampiresas, proxenetas encubiertos, yonquis…

El Caos y el Ruido, la suciedad y el peligro, los callejones oscuros y los ambientes enrarecidos, los finales inesperados y terribles. El Exilio en la Calle Principal no solo trata de estas cosas, sino de muchas más.

Este fue un disco que les robé a mis hermanos en 1982 y fue como quien roba por el simple gusto de robar. Era el número 83 de la colección de discos que había en casa y, en esos momentos, yo me sentí uno más de esos personajes. No entendía cómo se podía tener un disco así y arrinconarlo, no escucharlo nunca. Un doble LP para personajes malvados que andan buscando la redención de alguna manera. Una huida. Aquellas fotos fascinantes de Robert Frank eran como mi garganta profunda particular, mi pornografía de cada día y, a la vez, eran mi Biblia, mi Corán. Toda aquella colección de canciones me hizo adorar el Rock, el Blues, el Soul y el R&B... Intenté también aficionarme al Jack Daniels, pero nunca me gustó el "Moonshine".

Una tarde, secretamente, salí de casa con el disco escondido y me lo llevé a la casa de mi amigo Tito "El Goma", donde había un cuarto con un equipo de música y una lavadora. Tarde tras tarde y madrugada tras madrugada, escuchamos esa Biblia de arriba a abajo a todo volumen, esnifábamos pegamento y fumábamos, fumábamos como carreteros. Nosotros también huíamos de todo, de todos. La ciudad era el monstruo al que había que dominar y aquel disco era el infierno y el cielo hecho de canciones... ¡y que canciones! Chutes de Heroína, diría yo. Insomnios, pesadillas y oraciones.

1971, un verano en Francia, la Costa Azul, Nell Cote a principios de julio; los chicos y Bobby Keys, Jim Price, Nicky Hopkins, junto a un estudio móvil. Llegan a la mansión ya llena de amigos. La llamaron Keith’s Coffee House y cuando se hacía de noche empezaba la música que duraba hasta altas horas de la madrugada, a pesar de las quejas de los vecinos. Necesitaron más electricidad y la tomaron de una estación de trenes cercana; necesitaron más droga y siempre había alguien dispuesto a traerla. Es el disco de Keith Richards, ya que Jagger estaba más preocupado por... otras cosas. Así que Keith trabajó a su ritmo y sin acabar del todo las canciones. Quién pudiera haber estado allí, mirando por el ojo de la cerradura...

¡Es como si las canciones hubieran brotado a borbotones y seguramente de ahí viene la mitificación! ¡Grábalo que suena bien, tío! El par de versos, un estribillo y poco más, un final abierto. En los días en que la mayoría quería escribir la canción más bonita del mundo, Keith ignoraba el formato canción y su forma establecida y se quedaba con el retrato de sentimientos, sin disfraces. El mundo real, la calle, con ojeras y sin maquillaje. Ni el genial Jimmy Miller ejerciendo de productor pudo con aquella bestia del pantano y dejó que todo fluyese y que Jagger pusiera voces aquí y allá, intercambió instrumentos; ahí está Vonetta en los coros junto a amigos como Dr. John, Jerry Kirkland, la maravillosa Tamy Lynn, el histórico Bill Plummer al bajo, Ian Stewart a los teclados, Billy Preston (D.E.P), un tal Spike que ejerce de personaje oscuro de esta trama y una tal Amyl Nitrate tocando las marimbas. Lo dicho:  Caos y Locura. Intentaré poner algo de orden, ahora estoy sobrio:

LADO UNO: “Rocks Off” me sigue poniendo enfermo aun hoy en día; rock grasiento y psicodelia para viaje interior... “Rip This Joint” (¡...enciéndelo...!) era la canción favorita de los Ramones... “Hip Shake” es una versión de la que Slim Harpo estaría orgulloso y Mr. Boojangles la bailaría. “Casino Boogie” tiene algo que me recuerda al Jazz más primitivo y a beber whisky en tazas de café, como una contraseña para entrar en un club... “Tumbling Dice” fue uno de los éxitos del disco en las listas pero también una imagen típica del Cine Negro. ¿Quién no ha probado los dados de la suerte? Guau... ¡que guitarras!

LADO DOS: Mi Querida “Sweet Virginia”, quítate la mierda de los zapatos, ¡y sigue adelante! ¡Adiós, Nashville! ¡Hola, Memphis! Una de las canciones de mi vida, suelo tocar la armónica con Mick en esta... “Torn and Frayed” son más vaqueros cósmicos, solía odiar esta canción no sé muy bien por qué, pero ha terminado ganado el duelo. Al Perkins en la steel guitar... “Black Angel” es una canción que le gustó a Angela, y de eso se trataba, ¿no? De verdad, ¿nunca has cantado esta canción en la playa? Es fácil... “Loving Cup” es la fotografía perfecta de cómo eran los Stones en 1971: Country, Blues, Soul, Rock... Deberían haberse ido a la Luna, y nosotros verlo en Cinemascope...

LADO TRES: “Happy” o Keith y Anita necesitan un amor que les mantenga felices... pero no es lo que te imaginas. ¿Te has dado cuenta de que los discos de Keith pasan totalmente desaparecidos y los de Mick son como una mosca cojonera?... “Turd on The Run” es sexo en habitaciones de motel barato, diamantes y enfermedades, duchas frías y Mick en la armónica... Parece divertido, ¿eh? Pero sabes que va a acabar muy mal... “Ventilator Blues” es cuando me viene a la cabeza el "Wang Dang Doodle" de Howlin' Wolf (de rodillas) y, para qué engañarnos, suena a que algo malo había pasado o iba a pasar. Sangre y mal olor, dolor. Blues para contar historias de locos asesinos... “Just Wanna See His Face” es un sermón: hermanos y hermanas, unos momentos de reflexión: Dios no Existe o por lo menos está muy lejos. La canción favorita de Tom Waits y él sí que sabe lo que dice... “Let It Loose” es más Góspel de los Pantanos, redención y nocturnidad… ¡Que grandes teclados! ¡Que coros! ¡Que vientos!

LADO CUATRO: “All Down the Line” es rock and roll de carretera en donde las guitarras y los vientos se mezclan perfectamente... ¿Bailas? “Stop Breaking Down” es toda la banda arreglando lo tradicional y haciéndolo nuevo... Hay canciones que pueden durar siglos... “Shine a Light” es mi favorita de toda la vida, Soul con Billy Preston y un momento de gracia que puedes llamar esperanza si quieres... Siempre hay uno, aunque sea pequeño... “Soul Survivor” es la última, querido público, aunque de aquel tiempo en Francia estoy seguro de que pudieron salir muchas más... Por lo menos hasta 20 jam sessions más... Es el alma lo que sobrevive, el cuerpo se lo comen los gusanos… Así que el cielo es de color gris y habrá tormenta... Cuidado con las enfermedades tropicales y ya sabes que lo que queda es lo que haces...

El 1 de octubre a Keith le robaron todas sus guitarras... El 23 de noviembre acaba el verano francés y una semana después, Keith y Mick vuelan a Los Ángeles para hacer las mezclas a las que Jimmy Miller había echado un vistazo. Keith se compra nuevas guitarras en Nashville y el doble LP es editado el 26 de mayo de 1972. Por fin, el 3 de junio, los Stones empiezan una gira norteamericana en la que se rodara Cocksucker Blues.

Dijo Keith Richards: "Cuando yo era un yonqui, grabé el Exile on Main Street, aprendí a esquiar y gané a Mick jugando al Tenis en Francia”.

En 1982, el disco también estaba en mis venas y había bailarinas exóticas, tragafuegos, videntes y trapecistas, monstruos, faquires, indios, serpientes y sillas eléctricas, hombres de goma, vagabundos y carreteras perdidas, jukeboxes, chicos y chicas.

Y vi a Mick Taylor tocando con John Mayall, a Bill Wyman sacando fotos y más fotos y a Charlie Watts sonriendo preocupado por su mujer, vi a Houdini haciendo uno de sus trucos y a una taquillera de cine sonriéndome mientras en la gran pantalla se veía A Woman’s Face de George Cukor con Joan Crawford, programa doble con Mickey Rooney como el Chico Atómico... Todos los exiliados y desertores unidos. Tal vez, el mejor disco doble de la historia. No lo sé. Todo impregnado de heroína y realidad. Seguro que sí, y aunque suene a tópico: Sexo, Drogas y Rock and Roll...

Hace unos veranos escribí varios textos para el fanzine Otoño Cheyene. Este es uno de ellos.

Dedicado a: El Grillo de la Carretera...

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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