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12:36h. Martes, 17 de Julio de 2018

De dónde &%#!$ salieron tantas $%&#@! Moscas

Chema Rosas

Chema Rosas - De dónde &%#!$ salieron tantas $%&#@! moscas
Chema Rosas - De dónde &%#!$ salieron tantas $%&#@! moscas

Los humanos primitivos tenían una vida mucho más difícil e incómoda que ahora, pero compensaba al ser mucho más simple. La vida entera de una persona podía resumirse más o menos así:

1. Naces,

2. Sobrevives,

3. Con suerte creces mientras luchas por mantenerte vivo,

4. Sobrevives y cazas mamuts,

5. Golpeas a alguien con un garrote, la llevas (o lo llevas) arrastrando a la cueva,

6. Te reproduces (para asegurar la sobrevivencia de la especie),

7. Sobrevives,

8. Mueres.

Como se puede observar no había mucho tiempo para pensar en otra cosa que no fuera la supervivencia, así que actividades como protegerse de los depredadores, cazar animales menos afortunados, hacer armas y tener suerte con el garrote ocupaban la mayor parte del tiempo. Hoy, los humanos modernos hemos sabido aprovechar todo ese tiempo libre con otro tipo de actividades igual de importantes… como correr en círculos y cargar cosas pesadas por gusto, cazar pokemones con teléfonos celulares y tomar fotografías de comida en restaurantes, pero no siempre fue así.

Hubo un tiempo entre entonces y ahora en que los primeros humanos tuvieron quince minutos para sentarse y observar el mundo que les rodeaba sin la preocupación de que ese mundo los asesinara y comenzaron a preguntarse de dónde es que había salido todo eso. ¿Cuál es el origen de la naturaleza? ¿Hay un dios? ¿Cuáles son las leyes que rigen al universo? ¿La carne de mamut sabe a pollo o es que el pollo sabe a carne de mamut? ¿Qué fue primero, el pterodáctilo o el huevo?  Son algunas de las preguntas que se hicieron aquellos antiguos pensadores… pero la más importante de todas fue hecha por un cavernícola anónimo de amplio sentido común y cortísima paciencia. Una tarde que intentaba tomar una siesta, de pronto, y con un gesto maniaco, comenzó a abofetear el aire y luego a sí mismo; se puso de pie y preguntó a todo pulmón:

¿DE DÓNDE &%#!$ SALIERON TANTAS $%&#@! MOSCAS?

Los demás prehistóricos trataron de responderle, pero no lo lograron. Se encogieron de hombros y continuaron haciendo pinturas rupestres y vasijas. Ahí hubiera quedado la cosa, pero lo bueno de las preguntas trascendentales es que hacen eco mucho tiempo después de que alguien las haya gritado a todo pulmón en una caverna. Así, llegó a los oídos de los filósofos de la antigua Grecia y como tenían mucho más de quince minutos para sentarse a pensar en esas cosas, se les ocurrió la teoría de la generación espontánea, también conocida como arquebiosis. Esta creencia, descrita por el mismísimo Aristóteles, sostiene que diversas formas de vida se pueden originar “como por arte de magia” a partir de materia orgánica e inorgánica o de la combinación de diferentes materiales inertes. Así, aseguran que para crear moscas sólo hay que dejar un pedazo de carne varios días a la intemperie, o darle un plato de sopa a la suegra, para encontrarla flotando patas arriba entre las verduras -a la mosca, no la suegra-.

El principio fundamental de la teoría de la generación espontánea es la idea de que la materia no viviente puede generar vida por sí misma. Para ello es necesario que esa porción de materia tenga una especie de energía que, bajo ciertas condiciones es capaz de crear nueva vida o materia. Durante varios siglos se creyó que, por ejemplo, un inerte huevo de gallina -o pterodáctilo- tenía el principio activo de un pollo –o pterodactipollo– y, por eso, después de ser empollado se generaba un nuevo ser vivo. Y aunque la ciencia ha avanzado lo suficiente para descartar la teoría de la generación espontánea (ahora sabemos que los pollos son producto del ADN de pterodáctilos y manipulación transgénica inventada por el Coronel Sanders), aún creo que la arquebiosis explica muchos misterios. Así es como:

  • Ropa sucia mezclada con Cheerios en un sótano es la receta para crear ratones,
  • Charcos de llanta en el campo generan renacuajos,
  • Una calle pavimentada en tiempo electoral consigue votantes,
  • Una bolsa de papas en el patio de recreo genera amigos instantáneos,
  • Las herencias intestadas crean parientes lejanos,
  • El reggaetón y las luces de neón generan de personas llamadas Brayan y Britany,
  • Si se mezcla wifi y café con sobreprecio en vasos con diseño se obtiene gente con gafas de pasta y perros,
  • No hace falta que haya mermelada cerca, si dejas a un niño cerca de cosas que se manchan, aparecerá,
  • Cualquier lote baldío sin supervisión se convierte en OXXO,
  • Un letrero que diga “no estacionarse, cochera en servicio” hace que aparezcan coches estacionados en la puerta de una cochera,
  • El anillo de compromiso crea pretendientes,
  • Los puestos de tacos, perros flacos (aunque a veces también los desaparece),
  • Ropa blanca, caca de pájaro,
  • Sillones, monedas y clips,
  • Recién nacidos, ojeras,
  • Algo gratis, filas,
  • Radio de diadema, poder sobre todas las cosas,
  • Comida en el piso, hormigas,
  • Partido de fut en pantalla de centro comercial, señores inmóviles con gorra y chanclas,

Aún con todo lo útil que resulta la teoría de la generación espontánea para, por ejemplo, no lavar el coche a menos que queramos generar nubes de lluvia, no me explico cómo es que si fumigué hace poco, he tenido puertas y ventanas cerradas, no tengo suegra ni sopa y mi casa está tan limpia como el interior del refrigerador en fin de quincena… ¿DE DÓNDE &%#!$ SALIERON TANTAS $%&#@! MOSCAS?

notengomeil@gmail.com

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Chema Rosas
 (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico. Hace poco incursionó también en la comedia.

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