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03:44h. Sábado, 18 de Agosto de 2018

Ralf, el demoledor

Rafael Cisneros

Blue Demon
Blue Demon

Así como Orson Welles es grande de tamaño e historias, teníamos dentro del cálido círculo leonés de rebeldes y guerrilleros contra la vacuidad cotidiana a un hombre de similar tamaño: no quiero ocultar ni descartar que era un gordito simpático, con aspecto infantil, de tirantes, moño colorido bajo el cuello (entre su papada de tiempo y un pecho que amaba cada suspiro que daba en familia y amigos), porque el tamaño físico no hacía más que complementar el tamaño de un corazón que recientemente dejó de palpitar.

 

Como la partida del cuentacuentos Orson Welles fue inesperada, también lo fue la del demoledor cuentacuentos, Rafael Ortiz Aguirre, un hombre que siempre cargaba con algún relato, consejo, frase, recordatorio, anécdota o chiste. Era un stand-up comedian perpetuamente sentado y cada que criticaba a alguien que merecía la crítica lo convertía en un blanco fácil del desprestigio, pues desmenuzaba entre broma y broma (verdad asoma) todas las particularidades negativas de aquella personita tóxica. Era capaz de identificar a los emisarios del sistema y alejarse de ellos hasta donde podía, juntándose siempre con los héroes locales cuyas historias han importado un comino a los institucionalizados desde siempre.

 

Pero no todo era crítica y defensa personal, pues todo trataba de lo que Ralf más amaba defender: las historias y, sobre todo, historias musicales. Escribía cuentos cortos y escribía sobre música. Escribía con la sustancia que pocos nostálgicos tienen, donde dejan de añorar un pasado perdido y, por el contrario, recuerdan con todo el gusto del mundo, donde se ama hablar sobre lo que se ha vivido. Era “doctor en cool” certificadísimo por la vida misma, por lo tanto, no hay lugar para tristezas de vida, sólo las importantes, como cuando se termina un disco predilecto. En nuestro caso, como cuando el primer doctor en cool certificado termina su camino.

 

Pero así, sin velorios ni llantos, como él hubiera querido, por muchísimo que nos pese, le encendemos (eso sí), la misma vela que se le enciende a un vinilo cuando gira en el tocadiscos. Pues este punk añejo era un disco de varios lados por escuchar y apreciar, y era groseramente entretenido.

 

Alguna vez tuvimos una conversación de horas en la afamada excárcel de la ciudad, que ahora museo busca desesperadamente por identidades auténticas (identidades como él). Nos explicó a mi (en ese entonces) futura esposa y a mí una reinvención de los orígenes de ese lugar, sacándose de la manga pares fundadores, líneas narrativas, conflictos, personajes y, finalmente, los simbolismos y fantasmagorías del lugar. En ningún momento cerramos la boca o parpadeamos, a menos que fuera para reír, donde sí estrujábamos la cara.

 

Hizo un memorable paréntesis: si Los Padrinos! tocaran aquí, frente a las instituciones leonesas, sería como Johnny Cash frente a todo ese montón criminal, solo que estos criminales no estarían felices. Estaría con todo.

 

“Mis héroes llevaban máscaras”, dijo Ralf alguna vez, refiriéndose al Santo y Blue Demon. Los héroes reales no la requieren. Al menos no en su caso. Tan solo tirantes y un moñito de colores, así todo punk y así.

 

*Rafael Cisneros (León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

 

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