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05:56h. Domingo, 24 de Marzo de 2019

Disfrutes Cotidianos

Mis respetos, Aretha

Fernando Cuevas

Aretha Franklin
Aretha Franklin

Atrapa los metales, pone orden y se apoya en los coros para detonar vocalizaciones seguras y a la vez anhelantes. Rítmica marcada desde las inflexiones y combinaciones de timbre, manejando el poder para la transmisión de sensaciones que van del gozo al dolor, de la confirmación al atrevimiento. Su influencia se extiende más allá de los contornos del soul, el góspel y el R&B para abarcar al pop en su conjunto. Por si hiciera falta, además de cantar como diosa tanto versiones como piezas originales, era una gran pianista bien reconocida como tal por diversos músicos, explícitamente Elton John.

Fue una de las abanderadas del movimiento por los derechos civiles durante los años sesenta y ondeó su condición femenina como ejemplo de igualdad. Renunció a un matrimonio abusivo y dignificó a su género. Por supuesto, acompañó el desarrollo de nuestras infancias y adolescencias (cada quien según su cálculo), nos recuerda irremediablemente al hogar de origen y nos ayudó en los momentos difíciles para atravesar esos puentes sobre aguas turbulentas, a través de su brillante reinvención del clásico de Simon & Garfunkel: le entraba a cantar obras que uno imaginaría intocables. Pero ahí estaba esta gran diva para demostrarnos lo contrario.

Hija de un reverendo, Aretha Franklin nació en Memphis el 25 de marzo de 1942 y tras mudarse a Detroit, empezó a cantar junto con sus hermanas en la iglesia donde su padre predicaba; de ahí surgió su sorprendente, profundo y temprano debut cuando apenas tenía 14 años, titulado enfáticamente The Gospel Soul of Aretha Franklin (1956): pronto llamó la atención de varias disqueras que se percataron del enorme talento y fuerza vocal de la adolescente. Volvería al ruedo de las grabaciones algunos años después con The Electrifying Aretha Franklin (1962) y debutaría en la poderosa Columbia con Laughing on the Outside (1963) y con Sony a través del emotivo Unforgettable: A Tribute to Dinah Washington (1964), en honor a una de sus colegas de referencia.

Nace una reina

El transicional Runnin’ Out of Fools (1964), el espiritual Songs of Faith (1964), el anunciante Yeah!!! In Person with Her Quartet (1965) y el representativo Soul Sister (1966), fueron discos que si bien no alcanzaron el total reconocimiento, abonaron el terreno para la explosión artística y comercial que vendría hacia finales de esta década y durante la primera mitad de los setentas. Tras firmar con Atlantic, empezó a funcionar la incansable maquinaria de hits con discos como Take It Like You Give It (1967), ya explotando las cuerdas vocales; I Never Loved a Man the Way I Love You (1967), una de sus obras cumbre; el indicativo Aretha Arrives (1967) y Take a Look (1967), para cerrar el primer año del resto de su vida como una cantante de fama planetaria.

El año siguiente no fue sino la confirmación del tamaño de estrella que había aparecido en el firmamento pop: el clásico Lady Soul (1968), ya estableciendo sobrenombres claros, y el consistente Aretha Now (1968), la catapultaron en definitiva como la reina del soul, estatus refrendado con el resolutivo Soul '69 (1969), integrado por un sólido set de piezas bien armonizadas, y el sensual Soft and Beautiful (1969). En la década posterior no bajó la guardia como se advierte en el romántico This Girl's in Love with You (1970) y en el combinatorio Spirit in the Dark (1970), insertando grandes versiones con creaciones propias.

Continuó con el reflejante Young, Gifted and Black (1972), otra de sus mejores obras, y el brillante álbum doble Amazing Grace (1972), elevando el espíritu hacia la divinidad y deconstruyendo el góspel en tiempos de distracción, al que le seguirían Hey Now Hey (The Other Side of the Sky) (1973), explorando los terrenos desconocidos de los afectos; el eminentemente soulero Let Me in Your Life (1974); el descafeinado With Everything I Feel in Me (1974) y el emocionalmente dirigido You (1975), transitando entre la nota amorosa y la plegaria enviada al cielo; cerró esta etapa con el chispeante Sparkle (1976), interpretando canciones de Curtis Mayfield.

Manteniendo presencia

Hacia finales de los setenta, continuó con diversas presentaciones en vivo y grabó Sweet Passion (1977), Almighty Fire (1978) y La Diva (1979). Entre sus múltiples álbumes en directo, destaca el clásico Live at Fillmore West (1971), testimonio de la forma en la que transmitía poder y sensibilidad desde el escenario. Vendrían discos de continuidad durante los ochenta, sin alcanzar el nivel de años atrás: el homónimo Aretha (1980); los solo agradables Love All the Hurt Away (1981) y Jump to It (1982); Get It Right (1983), integrando canciones de Luther Vandross y Marcus Miller; Who's Zoomin' Who? (1985), con una marcada orientación R&B y soltando algunas piezas que alcanzaron cierta resonancia en compañía de intérpretes conocidos, de pronto regresando a sus raíces góspel; el otro ídem Aretha (1986) y, para atravesar tiempos difíciles, Through the Storm (1989).

Grabó de manera esporádica durante los noventa, si bien manteniendo presencia política y musical a través de duetos diversos: los discos What You See Is What You Sweat (1991) y A Rose Is Still a Rose (1998), fueron los resultados de sus grabaciones en estos años; se presentó en el nuevo milenio, celebrando con todo la llegada de Obama a la presidencia, con el renovado So Damn Happy (2003), mostrándose en envidiable forma y con el ánimo hasta arriba. Cerró su trayectoria con This Christmas (2008), cual debe a cualquier trayectoria que se preste; Aretha: A Woman Falling Out of Love (2011), en tono confesional; el reconocimiento explícito en el Aretha Franklin Sings the Great Diva Classics (2014) y el testamentario y orquestal A Brand New Me (2017).

De la pequeña oración al amor incomparable, ganando respeto y rompiendo cadenas, siempre acompañada por grandes músicos de soporte, Aretha Franklin se convirtió en luminaria  e influencia permanente para las cantantes por venir, pero también en símbolo de causas que conectan el arte con los contextos sociales y políticos en los que se inserta. Su canto es el de la fragilidad que se transforma en fortaleza contagiante. El 16 de agosto del 2018 se fue seguramente al lugar o estado del alma al que tantas canciones dedicó, siempre con el corazón en la mano y esperando la reunión definitiva con su creador. No es solo la reina del soul, sino la de nuestras almas, ha dicho Paul McCartney. Respeto.

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