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11:09h. Miércoles, 21 de Noviembre de 2018

Guía de lectura

Mujeres y poder, de Mary Beard

Jaime Panqueva

 

Mary Beard
Mary Beard

Para quienes no conocen a Mary Beard, comenzaría diciendo que es una extraordinaria divulgadora de la cultura clásica latina. Catedrática en la universidad de Cambridge, ha escrito libros y realizado para la BBC documentales brillantes sobre la cotidianidad en la Roma antigua y su relación con nuestra época actual. Miembro de la Academia Británica y de la Academia Americana de Artes y Ciencias, su participación en diferentes programas de opinión británicos la han puesto en el blanco de ciberacosadores, en parte por el desenfado de su imagen física y también por sus declaraciones antixenófobas y feministas. 

Hace unos años, a instancias de la London Review of Books, presentó dos conferencias: La voz pública de la mujeres y Mujeres en ejercicio del poder, que fueron traducidas y editadas en Mujeres y poder. Un manifiesto (Crítica, 2018) y distribuidas en el mundo hispanoparlante por Grupo Planeta. Con la sencillez y precisión que caracterizan su estilo, Beard se remonta a los orígenes de la cultura occidental, inicia en la Odisea de Homero, para mostrar cómo primero la voz (mythos) ha sido monopolizada por parte del género masculino debido a que, “el discurso público y la oratoria... eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género.”

Desde este punto de partida y a lo largo de milenios, nuestra noción de poder se ha construido a partir de la exclusión y contraposición de lo masculino y lo femenino. La fuerza y el vigor en antagonismo con la sumisión y obediencia. Los cambios experimentados en el último siglo en particular, según Beard, no se reflejan en lo más íntimo de sus bases: las mujeres siguen adoptando posturas masculinas para ser aceptadas en los entornos de poder. Éste a su vez se emparenta con la celebridad y se ejerce desde una postura posesiva y masculina, como un arma.

“En estos términos, las mujeres como género, no como individuos, quedan excluidas del poder por definición. No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura.”

Es interesante leer a Beard porque nos muestra que los clásicos siguen estando presentes entre nosotros en formas irreconocibles a primera vista, además de servirnos de guía para encontrar respuestas. Cierro con una larga cita:

“[...] resulta provechoso recurrir a los griegos y a los romanos, porque, pese a que la cultura clásica es en parte responsable de nuestras arraigadas convicciones de género en lo relativo al discurso público [...] también es cierto que algunos antiguos eran mucho más analíticos que nosotros en cuanto a estas convicciones: eran subversivamente conscientes de lo que estaba en juego, les preocupaba su simplicidad y apuntaban a la resistencia  [...] Ovidio  [...] también sugería que la comunicación podía trascender la voz humana, y que no era tan fácil acallar a las mujeres.”

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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