Buscar
07:17h. Domingo, 18 de Noviembre de 2018

La chica de Mel

Esteban Cisneros

 

La chica de Mel - Esteban Cisneros
La chica de Mel - Esteban Cisneros

1.

Mel Ramos, pintor tremendo de Sacramento, California, hijo de inmigrantes, fue un artista genial. Genial. Su técnica, heredada del dibujo publicitario, le sirvió para crear un universo propio totalmente pop (¡hazte a un lado, Warhol, un ratito al menos!) de seducción y deseo. Mel Ramos, pintor tremendo de Sacramento, California, fue un artista muy del siglo XX en dos sentidos, al menos: jugó –fiel al mundo post-Freud– a expresar su mundo interior y sus anhelos ulteriores y alimentó su mundo interior de estímulos pop (anuncios, sodas, discos, películas, libros, cómics, hamburguesas). Su arte suena a California de mitad de siglo (guitarras estridentes, baterías 4/4 sudorosas), sabe a refresco de cereza y papas fritas, huele a jabón barato y a cigarrillos y tiene tacto de terciopelo subterráneo.

 

2.

Una nota de la periodista Victoria Dalkey sobre una retrospectiva de Ramos en 2012, en su natal Sacramento (su familia venía de Portugal), dice para describirlo: “Best known for his paintings of superheroes and voluptuous female nudes emerging from cornstalks or Chiquita bananas, popping up from candy wrappers or lounging in martini glases”. Para ti es una pieza de periodismo. Para mí, es un poema de Dalkey.

 

3.

Una vez Josh “Shag” Agle, otro gran pintor pop californiano, explicaba por qué le encantaban los Estados Unidos de la posguerra hasta, tal vez, los 90: stuff. Las cosas. Las gorras de béisbol y los hot-dogs y los juguetes y los cómics y los discos de 7” y las sombrillas y las sillas Eames y los vasos de cóctel y los coches y las motocicletas y los vestidos cortos y las gafas de sol y los letreros de neón y las luces en las calles y las barajas de póker con personajillos y los botines y podría seguir, pero ya saben a qué me refiero. Llámale como quieras (de capitalismo voraz a cultura, todas esas etiquetas se valen), pero tiene razón. Por eso Warhol. Por eso Rauschenberg. Y, en esta permanente retroalimentación UK-USA del siglo, Peter Blake y Pauline Boty y los Beatles hicieron posible una nueva imaginería. Nuevas pequeñas leyendas que, si el mundo sobrevive, se contarán en doscientos años como nuevo folclor, tal vez. ¿Es bueno? ¿Es malo? Es lo que vivimos. El tiempo erosionará lo que tenga que pulir, pero lo de Mel Ramos, pop-art explosivo con colores chillantes e imágenes chocantes (sobre todo hoy, de nuevo, ciclos) queda como un testimonio de los tiempos.

 

4.

La publicidad es evil. Así me lo parece. No daré muchas explicaciones aquí, pero creo que es nocivo porque se aprovecha de huecos que detecta en la sociedad. Y los llena sin llenarlos, da de comer sin nutrir, promete placer y apenas da gusto. Desconfía de ella, me dice la tripa todo el tiempo y desde hace mucho. Y, entonces, ¿por qué Ramos sí, con esas pobres chicas desnudas recargadas en botellas de cátsup Del Monte o cigarros Cohiba, nada sutiles superposiciones, manifiestos falocéntricos primitivos? Se me ocurre una cosa: porque allí detrás hay un tipo que no quiere venderte Del Monte o Cohiba, sino que lo usa como pretexto, como un lenguaje vehículo, para hablar de cosquillas vitales, de lujuria que no sabe dónde poner (y que la publicidad le ha confundido más en cuanto al lugar donde debe descargarla o no), de asombro total ante las posibilidades de la representación gráfica y todas las sensaciones –primero– y pensamientos –después, casi todos irracionales– que puede detonar una superposición. Lo que decían los surrealistas (el poder de lo disímbolo, del contraste) para construir un nuevo enunciado. La publicidad se pierde en sus tropos, los repite, se cansa de sus propias figuras retóricas, pero simula que no porque le generan ingresos. Ramos crea algunas nuevas a las que hay que ponerle nombre o nos hace devolvernos al libro de texto. Sin dejar de ver, aunque sea de reojo, esa línea curva de la espalda o esa sonrisa que quién sabe qué quiere decir. Por eso, oye, Mel Ramos es puro arte.

 

5.

Mel Ramos dibujaba muchas chicas. ¿Dónde están los chicos y por qué ellos siempre están vestidos? No sabría decirlo. Él alegaba que era lo que le interesaba. Bueno, no quiero caer en la incorrección, pero ojalá que todos nos centráramos en lo que nos interesa, que no nos diera miedo explorarlo. Si no dañas a nadie, clávate. Clávate, por favor. ¿O hay otro modo de vivir, lo que se dice vivir?

 

6.

He podido ver, qué suertudo, varios cuadros de gente que admiro en vivo y en todo su esplendor. Con todo, son pocos; casi siempre recurro a los libros, porque la pantalla y los pixeles no suelen convencerme. Nunca he visto un Mel Ramos frente a frente, nunca he respirado el mismo aire que sus lienzos. Pero sospecho que me encantaría. Eso sí, en mis estantes de libros, que son mi Gran Museo particular que atesoro y del que me enorgullezco (no porque sean tan extensos, aunque lo son, ni tan nutridos, que lo son, sino porque son míos) hay Ramos por aquí y por allá, y de cuando en cuando es un gran placer vespertino poner un disco a girar y echarle ojo a las reproducciones en papel de sus pinturas. Y, discúlpame, pero yo vivo para esas pequeñas experiencias.

 

7.

El arte de Mel Ramos es sexista. Te lo concedo porque es cierto. Lo es. No hay más argumento. Haz con este punto lo que te plazca. ¿Puedo yo hacerlo también?

 

8.

La cultura pin-up es tan del siglo XX como las pulgas a los perros. O algo así. Las guerras popularizaron el fenómeno, una necesidad del campo de batalla, una pequeñísima evasión en medio de la hecatombe. Así de importante. Mel Ramos toma ese aspecto del tease que ya en los 60 se había perdido por Playboy y las revistas más sleazy. Y le crea un peldaño más a esta forma de expresión, si podemos llamarla así, que se mantiene saludable hasta nuestros días en el underground. Mira, si fuese por puro entendimiento de la historia reciente, hay que conocer a Mel Ramos. De saber leerlo, dice un montón. Un montón.

 

9. “La chica de Mel” de Los Flechazos. Obra maestra. Referencias pop, cruzadas, telarañas de información, hipertexto versión 1.0. Muchos conocimos a Mel por la canción, acerca de un tipo que se obsesiona con una chica pintada por el artista. Una historia recurrente en la segunda mitad del XX: el enamoramiento de una chica de anuncio, una pintura, un personaje de cómic, un maniquí. Y los detalles: la marca de su bañador. Alex Díez en modo onanista (otra canción jefaza sobre el tema: “Chicas, chicas, chicas”). Y ese riff, tan sixties, tan furiosamente moderno aún.

 

 

10.

Yo –aquí confieso– conocí a Mel Ramos por la canción. Antes, ni idea. En la escuela, jamás. La academia es muy bonita, pero a veces requiere de emocionarse un poquito más.

 

11.

Mi chica de Mel favorita es la que se estira sobre una caja de Velveeta de Kraft. Ya tú juzgarás qué dice eso de mí. O de ti.

Mel Ramos falleció en Oakland, California, a los 83 años, el 14 de octubre de 2018.

C/S.

.

.

.

***
Esteban Cisneros
(León, Guanajuato) es panza verde, músico de tres acordes, lector, escritor, dandi entre basura. Cuanto sabe lo aprendió entre surcos de vinilo y vermú y los Beatles. Está convencido de que la felicidad son los 37 minutos que dura el primer disco de Dexys Midnight Runners. Procura llevar una toalla a todos lados por si hay que hacer autoestop intergaláctico.

[Ir a la portada de Tachas 280]