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16:40h. Viernes, 19 de julio de 2019

The Man

Ulises Guzmán

Stan Lee
Stan Lee

Trato de ser una buena persona. De verdad, es una misión que me planteo en mi día a día. Respeto, honestidad y responsabilidad; son ideales que procuro sean parte de mi persona y que, considero, deberían ser valores universales. Es algo que mis padres trataron de enseñarme cuando era un niño, se esforzaron para ello y me dieron mis primeras bases morales, pero la verdad es que si hoy día soy una buena persona, una gran parte de eso se lo debo a Peter Parker.

Cuando Stan Lee creó al Hombre Araña su visión era clara: detrás de la máscara debía haber una persona común y corriente. Esa persona es Peter Parker. El Hombre Araña detiene atracos, realiza proezas sobrehumanas y se enfrenta a villanos tan poderosos como él con su fuerza y agilidad. Salvar al mundo es cosa de rutina para él. Pero al llegar a casa y quitarse su traje azulgrana, tiene que pagar la renta, preocuparse porque dejó plantada a su novia y ayudar con los quehaceres a su tía May. Peter Parker siempre ha sido uno de nosotros.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la visión de la humanidad cambió. Se construyó un nuevo orden global, una nueva cultura; en ella, los valores y aspiraciones de la sociedad se transformaron. Las ideas de bienestar y juventud se resignificaron. El final de la gran guerra fue un momento que llenó a la humanidad de esperanza, pero también la despojó de los últimos vestigios de inocencia que le quedaban. Eran tiempos para comenzar a contar la historia de la humanidad de forma distinta. Stanley Lieber pudo ver eso.

Peter Parker es un personaje lleno de defectos y problemas para un mundo cambiante y lleno de matices. La ciencia, la tecnología, el capitalismo moderno, su propia adolescencia y las múltiples revoluciones de pensamiento que detonaron en los años 60 son sólo algunos de los elementos que inspiraron las situaciones de peligro y los villanos a los que se ha enfrentado el Hombre Araña desde entonces. A pesar de ello, en el centro del personaje yace el camino del héroe de Joseph Campbell, la clásica estructura progresiva de las narrativas arquetípicas.

Más allá de toda su imaginación y habilidad para crear conceptos locos y novedosos, Lieber supo unir los viejos mitos con el mundo que le rodeaba. Sus historias y personajes tienen como origen problemáticas como el racismo y la lucha por los derechos civiles (Hombres X, Pantera Negra); la transformación del concepto “familia” (Cuatro Fantásticos); la segregación urbana y la corrupción de instituciones (Daredevil); la carrera armamentista y el avance tecnológico (Iron Man); entre muchas otras. No obstante, los arquetipos de sus personajes tienen orígenes en las mitologías griega y nórdica, en literatura victoriana, en pasajes bíblicos y muchas otras vertientes. Además del enorme bagaje cultural que requirió para crear sus personajes e historias, Lieber poseía un enorme carisma y proyección personal que junto a su desarrollado talento como editor le permitieron crear a su personaje más grande: el propio Stan Lee.

Stanley Lieber se convirtió en Stan Lee. Más allá de un nom de plume, Lee se convirtió en el portavoz de Marvel Comics y, conforme su legado creció y triunfó, eventualmente llegó a ser el embajador de todo el medio de la historieta. Su nombre es sinónimo de superhéroes, cómics y, actualmente, películas espectaculares. Como líder creativo dentro de Marvel, Lee logró establecer un universo narrativo. Los distintos personajes de la editorial coexisten hasta nuestros días en una misma “realidad narrativa” y se encuentran de manera recurrente; esta continuidad persistente logró que la escala y posibilidades de la narrativa en las historietas se expandiera de manera gigantesca. Ni Stan Lee, ni los demás creativos de Marvel inventaron esa mecánica, pero fueron ellos quienes la perfeccionaron.

Sin embargo, el mayor logro de Lee no fueron sus conceptos, su nutrida mitología o la gran escala del universo que creó. Su mayor aportación fue un cambio de paradigma en la naturaleza de los superhéroes. Superman, Mujer Maravilla, Flash, es decir, los personajes de DC Comics, la competencia de Marvel y los originadores del concepto “superhéroe”, padecieron siempre de demasiada perfección. Sus arquetipos eran dioses y con el paso del tiempo sus alcances divinales resultaban inaccesibles y aburridos para el público lector. Stan Lee entendió que los jóvenes de la posguerra tenían una visión de mundo más matizada que sus predecesores y que difícilmente podían identificarse con personajes tan ideales, tan infalibles. Lee humanizó al superhéroe, le dio defectos, problemas, dificultades, cotidianidad y una moralidad en la que caben muchas gamas de gris, no sólo blanco y negro.

Ese cambio, que puede parecer simple, es lo que ha permitido a Marvel permanecer en el gusto del público hasta nuestros días. Y no sólo eso: esa aproximación es uno de los importantes eventos que consolidaron a la historieta como un medio narrativo y de comunicación con un potencial que va mucho más allá de los relatos infantiles sobre capas y máscaras. La revolución narrativa de Stan Lee puso las bases para el crecimiento de la historieta hacia terrenos más serios como la novela gráfica, las adaptaciones cinematográficas, la penetración de las historietas asiáticas en occidente y la construcción de otras industrias culturales que están vinculadas o que se mueven paralelamente al cómic. Bajo el liderazgo de Stan Lee, Marvel reinventó los mitos, los hizo parte de la cultura popular y creó un nuevo folclor para la posmodernidad y las generaciones que nacieron bajo la cultura del consumo.

Es así como Peter Parker llegó a enseñarnos a ser buenas personas. Es uno de nosotros, pero también es quien aspiramos a ser. “Con un gran poder, viene una gran responsabilidad” es un precepto poderoso y vigente que es parte del imaginario colectivo y no llegó allí por la vía bíblica, salió de una historieta. Seguramente la misma idea fue expresada antes, pero en el Siglo XX era necesario que fuese articulada por una figura como el Hombre Araña con todas las ideas que engloba como personaje.

Desde luego, Stan Lee ha desatado controversias. Se han puesto en entredicho sus capacidades creativas, se le ha acusado de atribuirse trabajo ajeno, de robar conceptos, de ser sólo una figurilla simbólica, y la verdad es que nunca sabremos si todo eso es cierto, porque en este punto de la historia ya no hablamos de Stanley Martin Lieber, sino de Stan Lee, el personaje, el creador de mundos. ¿Disminuye eso su impacto cultural? Ni un poco. Es un hecho que él fue pieza clave en la evolución creativa de su medio, ya sea como creativo, escritor o editor. ¿Lo hizo todo solo? Para nada. Es por ello que ahora, tras su fallecimiento, al recordar a Stan Lee, debemos ser responsables y recordarlo siempre junto a los demás creadores de mundos, junto a Jack Kirby, Steve Ditko, Bill Everett, Larry Lieber, Ernie Hart, John Romita y muchos más. Siempre junto a ellos, los otros arquitectos del folclor contemporáneo.

A pesar de que para muchos Stan Lee es sólo una figura de la maquinaria corporativa que sólo busca hacer dinero, tomarlo así sería limitar bastante el alcance de las industrias culturales. Si bien el mercantilismo es el común denominador de la cultura pop, la compenetración que tiene la misma en nuestras vidas es contundente. Para muchos como yo los héroes de Stan Lee son una brújula moral, son parte de nuestros valores. Son nuestros mitos, son los relatos que dan estructura y sentido al mundo, porque lo que constituye a un héroe no son sus superpoderes, sino sus ideales.

“Sabes, creo que una persona puede hacer la diferencia”. Son las palabras que Stan Lee dice a Peter Parker en una de sus apariciones especiales en el cine. Al contemplar su legado esparcido por todos los rincones de la cultura popular, me queda claro que es muy cierto. Y al pensar en las muchas cosas que he aprendido de las historias firmadas por Stan Lee me queda claro que para hacer esa diferencia no siempre es necesario ser un gran creador, sino lograr desarrollar una visión que pueda ser una fuente de inspiración, un faro y un catalizador para la creatividad y las nuevas ideas que vivirán en las historias que en un futuro contaremos. Las historias que seremos.




 

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Ulises Guzmán Herrera
(Morelia, 1982) es dandi de la cultura pop, coleccionista, escritor y una enciclopedia de trivia de cine, música, videojuegos y libros. Tiene su sitio web (lleno de rants, opiniones sibaritas y recomendaciones pop) en worstadultever.com.

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