Martes. 15.10.2019
El Tiempo
Es lo Cotidiano

DISFRUTES COTIDIANOS

Libros centenarios y cincuentones (1918-1968) [I]

Fernando Cuevas

Libros centenarios y cincuentones (1918-1968) [I]
Libros centenarios y cincuentones (1918-1968) [I]
Libros centenarios y cincuentones (1918-1968) [I]

Un brevísimo recuento de algunos libros que cumplen cincuenta y cien años, con la fuerza aún presente en la actualidad.

 

El fin de la guerra

Mi Ántonia, primigenia novela feminista de la estadounidense Willa Cather en la que las mujeres tenían un papel preponderante, narra la vida en Nebraska ambientada en el viejo oeste, cual si de un western se tratara. También de orientación feminista, la londinense Cecily Isabel Fairfield (a. k. a. Rebecca West) publicó El regreso del soldado, abordando la temática muy revisada de la dificultad para los combatientes que vuelven, en este caso de la I Guerra Mundial, a la vida cotidiana; la temática bélica también fue retomada por Edith Wharton en The Marne, que ya anunciaba a la gran escritora en la que se convirtió.

En La decadencia de Occidente, el alemán Oswald Spengler presentó un análisis acerca de la historia universal y, utilizando la analogía de un ser vivo, trataba de explicar el desarrollo de ciertas culturas bajo esta lógica; como refiere el título, anunciaba que el declive estaba cerca y que su método resultaba útil para predecir escenarios. Del romano Guillaume Apollinaire, fallecido aquél año, se publicó su afamado Caligramas, conjunto de poemas de carácter experimental que navegaba entre la escritura impulsiva y el dibujo de objetos con palabras, en el contexto de la guerra.

Henry Adams, en lógica autobiográfica, escribió una especie de declaración de principios en La educación de Henry Adams, una reflexión sobre la propia vida en relación con las condiciones imperantes en el ámbito político y social. Lytton Strachey, interpretado por Jonathan Pryce en el filme Carrington (Hampton, 1995). integró con cierto desparpajo apuntes sobre la vida de cuatro personajes (el cardenal Manning, la enfermera, Nightingale, el pedagogo Thomas Arnold y el general Gordon) en Victorianos eminentes.

El premio Pulitzer fue ganado por la saga familiar The Magnificient Ambersons de Booth Tarkington, en tanto el austriaco Leo Perutz escribió con aliento dostoievskiano, Mientras dan las nueve, elaborando un triángulo amoroso estudiantil con tintes de thriller sicológico. El chileno Eduardo Barrios entregó su segunda novela, Un perdido, retratando la vida en caída irrecuperable y paulatina de Luis Bernales y sus circunstancias, desde una perspectiva costumbrista. Por su parte, Frank L. Baum siguió recreando su paralelo mundo particular con El hombre de hojalata de Oz, uno de sus personajes centrales.

Revueltas pacíficas

Aleksandr Solzhenitsyn continuó denunciando al régimen soviético en El primer círculo, donde narra su vida al conseguir irse a una prisión menos atroz tras hacerse pasar por físico: científicos eran encerrados ahí para desarrollar proyectos y tenían un poco de mayor libertad que en los campos de trabajo del archipiélago gulag; el gran educador Paulo Freire concibió Pedagogía del oprimido, libro esencial en su pensamiento sobre las relaciones sociales y los procesos de liberación. Por su parte, el biólogo James D. Watson publicó en tono autobiográfico y de divulgación de la ciencia La doble hélice, en donde cuenta el descubrimiento de la estructura molecular del ADN junto con tres colegas en los años cincuenta.

Tom Wolfe, quien se despidió en mayo de este año, nos regaló Ponche de ácido lisérgico, enclavada en el movimiento hippie. El todoterreno Gore Vidal entregó su novela Myra Breckinridge, satirizando diversas ideas prevalecientes en torno a la sexualidad, también abordada por John Updike nuevamente en Parejas: ambas novelas causaron fuertes reacciones de grupos conservadores. Cormac McCarthy, en tanto, narra la búsqueda que un hombre emprende para encontrar a su hijo, producto de una relación incestuosa con su hermana, quien lo trató de engañar diciéndole que había muerto; mientras que él es acusado por todo, ella es ayudada siempre: simbolismos que se despliegan con la fuerza narrativa acostumbrada en La oscuridad exterior.

Manuel Puig debutó con Rita Hayworth, sobre diversos personajes de un pueblo ficticio, y 62 Modelo para armar de Julio Cortázar surgió a partir del capítulo del mismo número de Rayuela, profundizando en el terreno de la experimentación y rompiendo la linealidad narrativa, misma que encuentra un prolongado cauce, incluyendo también pasajes de ruptura de las formas, en la magna Bella del señor, obra de sátira política y crítica social con romance de por medio del suizo Albert Cohen y cuya escritura llevó muchos años: pronto se volvería obra de referencia para las letras francesas. A través del ficticio alquimista Zenón, la belga Marguerite Yourcenar revisa una buena parte de las transformaciones del siglo XVI en Flandes.

2001: Una odisea espacial de Arthur C. Clarke y ¿Sueñan los robots con ovejas eléctricas de Philip K. Dick potenciaron su alcance por las sendas versiones fílmicas llevadas a cabo con brillantez por Kubrick y Scott, respectivamente, y convirtiéndose en clásicos del territorio fílmico. Por su parte, Stanislaw Lem entregó La voz de su amo, novela narrada por el protagonista, en la que unos científicos tratan de comprender una señal extraterrestre, pretexto para reflexionar sobre la propia condición humana. Nada mal estaría volver a revisar Todos sobre Zanzíbar, novela distópica de John Brunner que transcurre en el siglo XXI con una sobrepoblación humana a merced de los poderes mediáticos, empresariales y gubernamentales.

En el terreno de la imaginación desbordada, la fallecida a principios de este año Ursula K. Le Guin publicó Un mago de Terramar, fantástica en todos sentidos, dando inicio a una serie de libros que se ubicaron en este mundo ficticio: los estudios Ghibli hicieron una adaptación al cine con elementos de varios de ellos. En esta vertiente, Anne McCaffrey inició su aventura con la saga de Los jinetes de dragones de Pern, con claras referencias a la Edad Media, y Peter S. Beagle publicó su afamada El último unicornio, relato en el que esta criatura mitológica sale en busca de la verdad para entenderse a sí mismo.

[Ir a la portada de Tachas 289]

Comentarios