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El ciclo de la vida

Chema Rosas

ciclo
Javier Bellido Valdivia
El ciclo de la vida

Una de las lecciones que más recuerdo de mis clases de biología en la primaria es esa que tiene que ver con las características principales de los seres vivos. Desde entonces sé que “los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren”.

Tal vez la recuerdo porque es simple y tiene ritmo; es posible que la repitiera montón de veces porque la maestra advirtió que la preguntaría tal cual en el examen y así, al hacerla un mantra, se quedó grabada en mi cerebro de la misma manera que mis neuronas retuvieron el jingle de Triciclos Apache.

El problema es que al determinar que algo está vivo o no de acuerdo a tales características, se hace inevitable observar algunas inconsistencias, pues el ser vivo:

Nace. Pero no recuerda que nace. Hay casos documentados de personas que aseguran recordar el momento de su nacimiento, pero son pocos, y los que no están internados en algún hospital psiquiátrico prefieren no hablar de ello. Hay otros que dicen que tienen presente ese momento mágico, pero lo hacen para dar conferencias que terminan vendiendo talismanes cosmomagnéticos de siete metales vírgenes y cajeta orgánica de Celaya.

Crece, pero tampoco es como que pueda evitarlo o decidir hasta dónde. Es algo que ocurre independientemente de lo que hagamos y, en algunos casos, como el mío, ocurre de forma humilde. Hay otros tipos de crecimiento, como el espiritual e intelectual; en esos las personas tenemos cierta incidencia y poder de decisión… pero si no crecemos en el segundo, es probable que nos convenzan de comprar un talismán cosmomagnético para aumentar el primero. Además, los humanos no somos los únicos seres vivos, y dudo que un jitomate saladet sea consciente de su propia madurez.

Se reproduce. En efecto, prácticamente todos los seres vivos estamos diseñados para buscar la reproducción y ese es uno de los principios de la conservación de las especies… pero también es un esquema diseñado para justificar las infidelidades de parte de hombres con instinto de “esparcir su semilla” y que las mujeres se queden en casa cuidando a la prole con todo su “instinto maternal”. También es posible que sea un complot de aquellos a los que les falló el método anticonceptivo, para tratar de hacer sentir mal a aquellos que tenemos tiempo libre con el clásico “si no has tenido hijos no has vivido”

Muere. ¿Se vale que una de las características del estar vivo consista precisamente en la certeza de que se dejará de estarlo eventualmente? ¿Hay algo más deprimente que un niño de primaria recitando un mantra que le anuncia la inevitabilidad de la muerte? Creo que si hubiera sido un poco más inteligente en primaria, me habría dado cuenta de ello y hubiera mandado al carajo el examen. ¿Qué importa reprobar un examen de biología si de todos modos todo lo que está vivo muere? O peor aún, hubiera llegado a la conclusión de que si Dios es inmortal, entonces no cumple con las características antes citadas y, por lo tanto, no es un ser vivo. Eso no me hubiera hecho muy popular entre mis maestras de religión, pero capaz que los jesuitas de la escuela me reclutaban en ese instante.

En resumen, si hacemos caso a esas características reduccionistas de la vida, podríamos llegar a la conclusión errónea de que los seres están vivos pero no tienen idea de cómo llegaron ahí, les ocurren cambios que están fuera de su control, se reproducen a veces y mueren siempre… Ok, dicho así tiene mucho sentido, pero me gusta pensar que la vida es mucho más que eso, así que hice lo que cualquiera habría hecho en mi lugar y busqué en Google las verdaderas características de los seres vivos. Encontré que además de las antes mencionadas, los seres vivos deben tener otras cosas como estructura, metabolismo, homeostasis, adaptación, nutrición e irritabilidad.

Y es que a pesar de que todo eso sea biológicamente más acertado, tampoco da muchas respuestas ya que cualquier cosa, por más malhecha que esté, tiene estructura, y no sé mucho del metabolismo, más allá de eso que dicen de que si lo tienes lento eres gordo. La homeostasis es la capacidad mantener en sentido óptimo las condiciones internas –y eso no tiene importancia si eres una piedra- y en mi experiencia la nutrición y la irritabilidad están siempre relacionadas, pero no sé si eso también aplique para los seres vivos que se las arreglan con fotosíntesis.

Claro que no soy biólogo, y sólo puedo interpretar y retorcer aquello que sé de los seres vivos desde que estaba en primaria, para establecer los siguientes puntos:

  • La vida de cualquier organismo es algo impresionante, pero también un grano de arena visto de cerca, y a ellos nadie les hace fiesta.
  • Todos los seres vivos merecen respeto, y si no, por lo menos empatía y un abrazo, pues son como nosotros y tampoco tienen idea de lo que están haciendo.
  • Eso que llamamos vida biológica es un estado involuntario y no tiene mérito por sí mismo.
  • Si además de vida tenemos la capacidad de preguntarnos qué hacer con ella, debemos por lo menos intentar hacer algo asombroso con ella.

No importa si lo logramos o se queda en el intento, pues al igual que en la reproducción, es el proceso de hacer esas cosas asombrosas lo que nos hace sentir que, en efecto, estamos vivos.

notengomeil@gmail.com

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Chema Rosas
 (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico. Hace poco incursionó también en la comedia.

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