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Escuela de clics (¿puede la educación online reemplazar a la tradicional?)

Amalia Jiménez Velázquez

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Amalia Jiménez Velázquez, foto: El Profe, Cantnflas
Escuela de clics (¿puede la educación online reemplazar a la tradicional?)

Vivimos en la era de la información. Nos caracterizamos por el cambio radical de la industria tradicional a la digitalización. La revolución digital, también conocida como la tercera revolución industrial, comenzó en los últimos años 50 y su impacto no ha pasado desapercibido; facilitó la difusión de noticias, la comunicación y el filtrado de información privada.

Gracias a la revolución digital, la propagación de información, sea verdadera o falsa, es inevitable. Gracias a la revolución digital, no importa si está a tu lado, al otro lado de la ciudad o al otro lado del mundo, si tienes un teléfono u ordenador (lo cual es muy probable, ya que la oferta y demanda de estos servicios provoca la rápida caída de costos), todo es “localizable”. Gracias a la revolución digital, tu información privada es vendida por compañías para saber mejor cómo venderte productos. Como Facebook, claro, que recolecta en una carpeta los anuncios y páginas que has visitado, las aplicaciones que usas, los posts a los que le has dado “me gusta”, los mensajes de Facebook Messenger, tus estados, tus fotos y tus eventos, para algo que llaman ad-targeting.

La carrera contra la máquina y la inteligencia artificial son parte de esta era; una rama de este creciente debate es la educación en línea. Su nombre varía, ya sea escuela virtual o escuela electrónica o ciberescuela, y es definida como “la educación que utiliza una o más tecnologías para brindar instrucción a los estudiantes que están separados del instructor y para apoyar la interacción regular y sustancial entre los estudiantes y el instructor de forma síncrona o asíncrona”. La educación en línea es cada vez más utilizada. En 2015, más de 6 millones de estudiantes tomaron al menos un curso en línea, un aumento de 3.9% respecto al año anterior. Muchas de las escuelas electrónicas de hoy son descendientes de escuelas por correspondencia. Las primeras escuelas completamente virtuales llegaron a mediados de la década de los 1990, y las primeras escuelas en línea comenzaron generalmente en áreas donde la baja densidad de población hacía que la educación por medios convencionales fuera difícil y costosa de proporcionar.

Este tipo de educación podría ser beneficiosa en las áreas rurales, porque los cursos son menos costosos, la distancia entre maestros y estudiantes se cierra, te salvas de viajes costosos y agotadores y el clima no afecta, al igual que las enfermedades comunes. Los alumnos independientes, con habilidades y ambiciones especializadas, pueden desarrollarse a su propio ritmo, los horarios son flexibles, y un estudiante puede estudiar, aprender o hacer su tarea cuando tenga tiempo libre.

Por otro lado, el argumento más popular contra la ciberescuela es la falta de socialización. Los estudiantes no interactúan con sus maestros o compañeros cara a cara, seguido de que no todos tienen acceso a tecnologías digitales. Otro desafío es que existe un adicional de mantenerse enfocado en el entorno familiar, al igual que hacer consultas con maestros.

Entonces, ¿perderemos la carrera?

El término “la carrera contra la máquina” empezó siendo un libro por Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, en el que examinan ideas como qué es el trabajo, cómo se crea el valor y cómo la economía distribuye ese valor estando en medio de una revolución tecnológica. Brynjolfsson y McAfee abogan por una colaboración entre las computadoras y los seres humanos como el camino hacia la creación de empleos en el futuro. “En medicina, derecho, finanzas, comercio minorista, fabricación e incluso descubrimiento científico, la clave para ganar la carrera no es competir contra las máquinas,” escriben, “sino competir con las máquinas”. Sitios como Khan Academy, prácticamente una escuela virtual gratuita financiada por gigantes de la tecnología como Bill Gates, hoy sirven como complemento dentro o fuera del aula, en el que los estudiantes pueden estudiar a su propio paso. En una época en que el autodidactismo es una realidad, se requiere de una alta dosis de responsabilidad por parte de formadores, estudiantes y padres. Ir por la libre puede ser muy benéfico, pues se pueden generar conocimientos propios y especializados, pero la carretera de la información es un lugar en el que hay que circular con cuidado y con herramientas que orienten.

Estudios sugieren que en casi todos los niveles de rendimiento de los cursos “combinados”, en los que los estudiantes hacen trabajo en línea y pasan tiempo en el aula con un profesor, se desempeñan tan bien en este modelo como en las aulas tradicionales. En 2014, un programa de matemáticas en Sudáfrica encontró una mejora promedio del 14% en los resultados cuando Khan Academy se usó durante aproximadamente dos horas por semana durante diez semanas. En Oakland Unity, una escuela autónoma que atiende a estudiantes de bajos ingresos, aumentó los puntajes de 76 a 94 por ciento después de usar Khan Academy durante dos años.

La educación es internalización, por eso funciona la educación en línea. Pero también es socialización y aprendizaje entre pares, puesta en práctica del lenguaje. Por eso, la escuela de clics complementa, no reemplaza la educación tradicional.




 

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Amalia Jiménez Velázquez
(León, Guanajuato, 2004) es estudiante, aspirante a escritora y fanática de la literatura, las fanfictions y las series de televisión.

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